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domingo, 11 de agosto de 2019

Arte y ciencia según Aristóteles

Hace muy poco, he acabado de leerme la nivela 'Intento de escapada' (que reseñaré en este blog) que utiliza en su argumento una forma bastante extrema de arte. Cuando acabé de leerlo, y quizá por lo transgresor del arte que en sus páginas se escenificaba, me quedé intentando definir qué es realmente arte... y la verdad es que no me parece una tarea fácil.

Casualmente, uno o dos días después, y leyendo la 'Ètica a Nicómaco' de Aristóteles, me he encontrado con sus definiciones de arte y de ciencia. Y esa comparativa con la ciencia también me resulta oportuna, puesto que tras asistir como alumno al programa 'Humanismo y Revolución Digital' de la Escuela de Organización Industrial, también me he quedado dándole vueltas al papel de la filosofía y su relación con la ciencia y con el arte.

Bueno, tras estos preámbulos, ¿Qué nos dice Aristóteles sobre la ciencia y el arte?

Esta es su definición de ciencia.

Si hablamos con exactitud y no nos dejamos llevar por semejanzas o metáforas, todos sabemos que las cosas de las que tenemos ciencia no pueden ser de otra manera y de las cosas que no observamos no podemos decir si existen o no. Por tanto, lo que es objeto de la ciencia es necesario y, por eso, perpetuo e imperecedero. Además, toda ciencia puede ser enseñada y aprendida.

Entresaco de esa definición que la ciencia se refiere a cosas ciertas y permanentes....y que, quizá por eso, se puede enseñar y aprender.

¿Y el arte?

Todo arte trata de hacer de nuevo una cosa y practicar un arte es idear cómo puede producirse algo susceptible tanto de ser como de no ser, y cuyo principio está en el que lo produce y no en la cosa producida.

En este caso, no se refiere a cosas ciertas sino en cierto sentido a interpretaciones (pueden ser y no ser) y el foco se traslada hacia quien produce ese arte, y no al objeto del mismo (entiendo que porque ese objeto puede ser cierto o no).

Con todos mis evidentes respetos al pensador griego, no creo que estas definiciones, aunque las considero brillantes, agoten ni mucho menos el tema, pero sí me resulta muy interesante como característica diferenciadora entre ciencia y arte, ese objetivo de lo cierto y permanente en el caso de la ciencia y que, sin embargo, en el caso del arte, no parece ser relevante, pudiendo centrarse en objetos no ciertos y no permanentes.


domingo, 28 de agosto de 2016

Los que permanecen...

"Los recuerdos son como los libros. Sólo importan los que permanecen."

Fernando Marías
'La isla del padre'



Unos nos emocionan y otros no. Unos entran en resonancia con nuestro espíritu y otros no. Unos le hablan a nuestro corazón y otros no. 

Los que nos dicen algo permanecen en la memoria... Son los que realmente importan.

domingo, 14 de agosto de 2016

La profundidad de la palabra escrita

"sólo ahora, cuando las palabras han tomado forma en el papel, se da cuenta del mensaje que implican. La palabra escrita puede ser más profunda que la hablada, como si el papel liberase mundos desconocidos de sus cadenas."

Jón Kalman Stefánsson
'La tristeza de los ángeles'


No soy capaz de explicar claramente por qué, pero mi experiencia, quizá la de toda persona que se pone delante de un papel o de un ordenador, lo confirma: el acto de escribir libera unas potencialidades que no se alcanzan a la palabra hablada.

Cuando se trata de ensayos o trabajos técnicos o científicos, favorece la reflexión, la ordenación de las ideas, la clarificación de estructuras y líneas argumentales. Promueve oportunidades para la revisión y autocrítica, para el destilado y la mejora.

Y cuando se trata de ficción... permite limar, cuidar, exaltar la expresión, la belleza, la claridad o el misterio pero, sobre todo, libera nuevas historias, nuevos mundos, mundos posibles gracias a nuestra mente y al benefactor y multiplicador efecto de la palabra escrita.

Quizá por eso la literatura sigue siendo tan importante. Quizá por eso la palabra sigue siendo tan poderosa...

Escribamos...

domingo, 14 de junio de 2015

Una forma de conocimiento

"La condición humana siempre está en el origen y en el fin de toda literatura."

Jorge Wagensberg
'El pensador intruso'






Motivo y fin, según esta cita de Jorge Wagensberg.

La literatura giraría en torno a la condición humana tanto como fuente inspiración cuanto como objeto de la actividad reflexiva y creativa que le es propia.

Más allá de eso, en la obra de donde se extrae la cita,  el autor propone el arte, donde se encontraría la literatura, como una de las tres formas de conocimiento junto con el científico y el revelado.

La literatura, es, como conclusión, una forma de conocimiento centrada en la condición humana.

No es poco, desde luego...

domingo, 12 de abril de 2015

Dickinson y la introversión (II): la personalidad que se esconde tras el silencio

¿Hay tesoros escondidos en aquellos que callan? ¿Hay pensamientos y personalidades que no salen a la luz? ¿Hay una grandeza por descubrir?

Seguramente si, no tanto porque el introvertido pueda ser más brillante o más grande que el extrovertido, sino porque al extrovertido se le percibe; su eventual personalidad y grandeza es claramente visible y ese no es fácilmente el caso en los introvertidos.

En esa línea, Emily Dickinson, sospecha grandes personalidades en aquellos que callan...quizá porque ella misma era un ejemplo.

Nos deja al respeto el siguiente poema:

Temo a la persona de pocas palabras.
Temo a la persona silenciosa.
Al sermoneador, lo puedo aguantar;
al charlatán, lo puedo entretener.

Pero con quien cavila
mientras el resto no deja de parlotear,
con esta persona soy cautelosa.
Temo que sea una gran persona.

Si el silencio es síntoma de prudencia, y no sólo de introversión, seguramente sí sea un aviso de una personalidad relevante. Pero no es quizá cautela lo que cabría aplicar, sino expectativa...

domingo, 5 de abril de 2015

Dickinson y la introversión (I): vivir en voz baja

Emily Dickinson, una poeta sin duda reservada e introvertida, probablemente muy tímida, nos deja esta joya como definición de un carácter introvertido:




Nunca hablaba, a no ser que me preguntaran,
y entonces, escuetamente y bajo.
No podía soportar vivir en voz alta;

Emily Dickinson
'El viento comenzó a mecer la hierba''

Clarísimo. 

Seguramente lo experimentaba en primera persona. Lo conocía bien.

Y quizá de ese conocimiento surja una metáfora tan lúcida: 'vivir en voz alta' para describir la extroversión y lo que sería su contrapartida 'vivir en voz baja' como caracterización de la introversión y la reserva.

Precioso.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Lanier y los libros (II) - El libro como culminación y síntesis

La lectura de un libro consume en general un puñado de horas que se suelen distribuir a lo largo de varios días. Un puñado de horas y varios días constituyen una dedicación no despreciable pero, en cualquier caso, ligera, desproporcionadamente ligera con respecto al trabajo y dedicación del escritor. quien puede haber empleado probablemente meses, quizá años, en preparar y escribir ese libro.

Además, un libro recoge y expresa una intención, un pensamiento, una posición intelectual o vital que ha precisado de una maduración previa, la cual, a su vez, también ha necesitado un tiempo de reflexión y decantamiento.

Ese concepto de culminación de un pensamiento es por el que aboga Jaron Lanier al final de su libro 'Who owns the future?'

A book is not just a read, it is also a summit, a codification of a point of view.

Más aún, si el escritor ha puesto realmente su pensamiento y su corazón en lo que ha escrito, si realmente se ha volcado a sí mismo en su obra, el libro va mucho más allá de la concreción de una idea para pasar a convertirse en la síntesis de la personalidad del escritor, su misma esencia, su alma.

Citando de nuevo a Lanier:

A book isn't an artifact, but a sinthesis of a fully realizad individual personhood with human continuity.

Quizá este proceso maduración intelectual y emocional que un buen libro requiere, y esta entrega del alma en la obra es lo que hace a los grandes libros tan atractivos para los lectores... pero también tan exigentes para sus autores.

domingo, 1 de septiembre de 2013

Lanier y los libros (I) -El lector como héroe

No es Jaron Lanier un escritor en el sentido literario del término... aunque escribe libros. Pero su foco es la tecnología y la influencia en la sociedad, no la ficción, no la novela, el teatro o la poesía..

No obstante, tanto en la apertura como en el cierre de su última obra, 'Who owns the future?' hace dos comentarios que creo son aplicables al ámbito de la literatura.

El concepto que me llamo la atención en la apertura de su libro, y que ocupa este primer post de una serie de dos, es el de considerar al lector como un héroe. Ésta es la frase en concreto:

The very action of reading makes you the hero of the story I am telling.

Debo advertir que el sentido que probablemente le da Lanier es algo distinto al que un aficionado a la literatura, sin contexto, pueda interpretar. El libro de Lanier en que esta frase se enmarca analiza en muchos sentidos el impacto de lo digital en la sociedad, y uno de esos impactos es que las personas se acostumbran a obtener lo digital, muy especialmente los bienes culturales como pueden ser la música o los libros, de forma gratuita, en algunos casos mediante descargas o copias ilegales. Lanier propondrá un esquema de micropagos para los autores que no vaya en contra de un bajo precio para los consumidores finales. En ese sentido, el hecho de que un lector haya pagado, lo convierte en protagonista, en héroe, del modelo que Lanier propone.

No obstante, creo que se puede ir más allá y extender más allá lo heroico del lector, abarcar otros aspectos, quizá ser algo más romántico. 

¿No debe el escritor agradecer al lector que dedique su tiempo a leer la historia que el escritor ha producido? ¿No es un reconocimiento al escritor y su valía o, al menos, una oportunidad que el lector concede al escritor? ¿No es una suerte de regalo? Y, si además, el lector ha pagado, quizá no poco, por la obra que tiene en las manos... ¡Cuánto debe entonces el escritor al lector!

Tampoco nos confundamos. Existe un intercambio. El escritor ofrece su talento, sus ideas, su esfuerzo, su tiempo...

Pero a los escritores ya los admiramos.

¿Deben los escritores admirar a los lectores?

domingo, 18 de agosto de 2013

Multiplicando los mundos posibles

"En el mundo real las cosas suceden solo de una manera. En la ficción hay más margen: está lo que ocurre, lo que pudo ocurrir, lo que sospechamos que ocurrirá, incluso lo que deseamos que ocurra aunque parezca improbable."

Marian Izaguirre
'La vida cuando era nuestra'

Así se expresa uno de los personajes principales de la novela 'La vida cuando la vida era nuestra' de Marian Izaguirre. Se trata de Rose, una mujer madura y culta, amante de los libros y que también se ha atrevido con la escritura de unas memorias.

La afirmación de Rose recoge una cualidad maravillosa de la literatura de ficción, la apertura de posibilidades, las que explicita o insinúa el escritor...y las que puede añadir de su cosecha, y ya en su mente o en su corazón, el lector... o los miles o millones de lectores.

El escritor crea y propone un mundo posible... y los lectores los enriquecen con base en sus experiencias, su imaginación o sus sentimientos.

Es como una ramificación eterna de ecos y posibilidades, un multiplicar de ondas en las aguas de la ficción y la imaginación a partir de una piedra lanzada por el escritor.

¿No es potente?

¿No es maravilloso?

domingo, 23 de septiembre de 2012

La intimidad del escritor

Julio Cortázar en su despacho
¿Hasta qué punto reflejan los libros los más profundos sentimientos de sus autores? ¿Existe alguna línea roja que la intimidad del escritor no traspasa, que provoca que su obra permanezca en secreto, fuera del alcance del público?

Con independencia de la satisfacción que el escritor pueda sentir al volcar sus ideas y sentimientos en el papel, con independencia de que la elección de sus contenidos pueda (seguro que no siempre sucede) estar guiada únicamente por su proyecto artístico, sentimental o editorial, parece que siempre hay un público al final del camino, que el producto de los desvelos del escritor será leído, consumido, analizado, disfrutado o despreciado por el público.

Y si el escritor está volcando en las palabras acontecimientos o sentimientos muy propios, muy íntimos, está arriesgando esa intimidad desde el momento mismo en que decide escribirla o, más bien, desde el momento en que decide publicarla.

Es su apuesta y es su decisión.

Lo que ocurre es que pensamos en la escritura como un acto público, como una acción que, si bien teñida del calificativo de arte, forma parte también de un mercado editorial, de una publicación más o menos masiva.

Pero no siempre es así.

Existen los escritores aficionados, las escrituras íntimas, los círculos reducidos.

Anna Frank, autora del, quizá, diario más famoso
¿Qué decir de los en vías de desaparición diarios personales? ¿Y de las habitualmente torpes pero apasionadas poesías de amor adolescente? ¿Y los ensayos abandonados, los intentos rotos, aquello que fue escrito en la intimidad y nunca fue publicado?

En esos casos el escritor, eventualmente aficionado, puede decidir, y seguramente decide, qué publicidad da a sus intimidades. Y el previsible pudor que sigue a un escrito muy íntimo puede resultar en la condena al ostracismo del texto.

Así le ocurre a Ora, el personaje de la novela 'La vida entera' de David Grossman, quien decide escribir sus recuerdos e impresiones, en un principio sin grandes pretensiones y sin que le resulte problemático pensar que sus seres más cercanos lean lo que ha escrito. Pero a medida que avanza, a medida que vuelca en el papel más y más confesiones, más y más sentimientos ocultos en su interior, no puede por menos que arrepentirse de esa publicidad y sentir lo siguiente:

"Cada vez tiene más claro que con cada frase que añade está renunciando a otro lector potencial."

Tal vez sea ésta una reacción propia de un escritor aficionado. Tal vez los grandes escritores, 'los de verdad', no sientan esos pudores, o los hayan superado.

O puede que no sean tan sinceros y tan íntimos en sus novelas y poesías como los escritores aficionados. O puede, también, que incluso los más grandes escritores, se guarden para sí mismos, o para sus seres más cercanos, sus obras más íntimas, más delicadas.

¿Cómo podemos saberlo?

Al fin y al cabo, lo no publicado forma parte de la intimidad del escritor.

domingo, 29 de abril de 2012

El posible arte de las traducciones literarias

¿Cuánto hay de original en una obra literaria traducida? ¿Qué parte de lo que leemos es aportación de su autor y qué parte del valor y el arte lo aporta, tal vez, el traductor?

En una obra literaria el arte, lo valioso, se reparte entre el contenido y la expresión. 

El contenido, la historia, las ideas, el análisis psicológico, las reflexiones, los pensamientos, parecen pertenecer por completo al autor original.

¿Pero y la forma? ¿Y las palabras elegidas, y los matices que éstas aportan, y las aliteraciones, y los juegos de palabras? ¿Y no es verdad que las palabras pueden condicionar la forma en que percibimos una historia o un pensamiento?

Es cierto que el traductor debe ser fiel no sólo al contenido sino también a la forma de expresarse del escritor original. Es cierto que debe adherirse lo máximo posible al mensaje y la forma de expresarlo que empleó su autor.

Pero es evidente que no existe un paralelismo absoluto entre idiomas. Es evidente que el traductor tiene grados de libertad, un margen para la elección, para la aportación personal. Y al hacer esas elecciones, el traductor genera una obra que, tal vez mínimamente, parece aportar algo original, algo propio.

Me ha gustado mucho la forma poética en que Anne Michaels lo expresa en su novela 'Piezas en fuga', poniéndolo en la boca, en la mente más bien, de su protagonista Jakob Beer:

"La traducción es una especie de transustanciación; un poema se convierte en otro."

Y si el traductor hace una aportación propia, original, que matiza algo la obra que ha recibido ¿No debemos a esta labor considerarla un arte?

Un oficio, desde luego. Un arte... me inclino a pensar que un poquito también.

domingo, 22 de abril de 2012

Sobre el poder del lenguaje ...de nuevo

Hace años que reflexiono y alguna vez he escrito sobre el poder del lenguaje, su capacidad de influencia para el bien y para el mal, para destruir y para curar, y las implicaciones éticas que ello conlleva para todo aquel que domine el lenguaje, ya sea vía la oratoria o la escritura, literaria o periodística.

Sobre la responsabilidad que este poder implica, escribí en 2007 un breve ensayo titulado 'Palabra: poder y responsabilidad' y que guardo en mi página personal. Y sobre la capacidad terapéutica de la literatura publiqué una serie de artículos en este mismo blog, comenzando por el titulado 'Bisturí', siguiendo por 'Renuncia' y cerrando con 'Más terapia literaria'.

En cierto sentido, y a pesar de su relevancia e interés personal, lo consideraba casi un tema agotado, un asunto sobre el que ya no sabía qué más añadir.

Sin embargo, leyendo 'Piezas en fuga' de la canadiense Anne Michaels, me encuentro este bello fragmento:

"Yo ya conocía el poder que tiene el lenguaje para destruir, para omitir, para borrar. Pero la poesía, el poder que el lenguaje tiene para restaurar: esto era lo que tanto Athos como Kostas estaban intentando enseñarme."

No es tanto que el texto aporte una idea nueva. Es sólo la satisfacción y el placer que produce ver las propias ideas plasmadas en palabras de un tercero, perpetuadas en papel impreso, conformadas por una tan bella expresión.

Y es la renovación de una idea ya casi olvidada.

El lenguajes es poderoso. Poderoso para dañar y destruir. Poderoso para consolar y curar. Y poderoso para estimular y para recordar.

domingo, 21 de agosto de 2011

Pensar y escribir (III): una ratificación

"No hay mejor forma de aprender sobre cualquier cosa que escribir un libro sobre ello."

Martin Gardner

Una cita, en este caso a cargo de un filósofo de la ciencia, el estadounidense Martin Gardner, viene a ratificar lo que ya he recogido en dos artículos anteriores (I y II): la estrecha conexión entre la escritura y el pensamiento.

Una afirmación sencilla y contundente que anima a escribir como forma de profundizar en el conocimiento sobre cualquier asunto.

Sin ninguna duda si hablamos de ciencia o de filosofía. Pero ¿y si hablamos de la vida, de la naturaleza humana, de los sentimientos, de los conflictos?

Tal vez ese sea, precisamente, el campo natural de la literatura.

domingo, 6 de marzo de 2011

Una metáfora cromática

"Y sólo tengo fuerzas para regalarte mi más profundo deseo de esa madurez azul que otorga la calma."

Luis Mateo Díez
'Azul serenidad o la muerte de los seres queridos'

Ya el título del libro al que pertenece este fragmento 'Azul serenidad' del leonés Luis Mateo Díez me traía un regalo de connotaciones y afinidades y una promesa de placentera lectura, pero es que además, el capítulo once, aquel en que se desvela el sentido del título, la carta que la rememorada Sonia escribe a su tío Anton, es no sólo una delicia poética y vital, sino también una amable y feliz coincidencia de sentidos, una unidad en la metáfora cromática donde el azul adquiere sentidos y connotaciones afines entre la niña de la mirada ensoñada y misteriosa, el tío y escritor que la inmortaliza y un humilde universo azul del que este blog forma parte.

domingo, 20 de febrero de 2011

Metaliteratura con Vila-Matas (II): El lector con talento

A veces nos olvidamos de que la literatura es una calle de doble dirección.

A veces cedemos a esquemas pasivos en que el escritor aporta sus ideas, sus creaciones y su talento y el lector actúa meramente como un receptor.

En una de sus frecuentes reflexiones metaliterarias, Samuel Riba, el editor jubilado protagonista de 'Dublinesca', la última novela de Enrique Vila-Matas, sueña con un paradigma diferente. Sueña con un lector activo, inteligente y con talento.

Estas son las reflexiones de Riba:

"Sueña con un día en que la caída del hechizo del best-seller dé paso a la reaparición del lector con talento y se replanteen los términos del contrato moral entre autor y público. Sueña con un día en el que puedan respirar de nuevo los editores literarios, aquellos que se desviven por un lector activo, por un lector lo suficientemente abierto como para comprar un libro y permitir en su mente el dibujo de una conciencia radicalmente diferente de la suya propia. Cree que si se exige talento a un editor literario o a un escritor, debe exigírsele también al lector. Porque no hay que engañarse: el viaje de la lectura pasa muchas veces por terrenos difíciles que exigen capacidad de emoción inteligente, deseos de comprender al otro y acercarse a un lenguaje distinto al de nuestras tiranías cotidianas."

Riba hace esa llamada, aunque sea como anhelo y como sueño, a ese talento del lector. Un talento que tiene mucho que ver con la apertura, y una apertura que es a la vez intelectual, a nuevas ideas y concepciones, y empática, capaz de conectar con otros sentimientos y conciencias.

Esa dualidad intelectual-emocional en la conexión escritor-lector es la que lleva a Riba a acuñar el interesantísimo concepto de emoción inteligente.

Una relación escritor-lector de esta naturaleza no cabe duda de que resulta enormemente enriquecedora. Sin embargo, tal es la importancia que el viejo editor concede a esa relación bidireccional, tal su relevancia, que no sólo la interpreta como una aspiración o un deseo sino que llega a hablar, incluso, de un contrato moral entre lector y escritor, una suerte de obligación contraída por el lector para con el escritor y el editor, por el hecho de leer un libro.

Elevados requerimientos, sin duda, y difícilmente exigibles en la práctica, pero parece que el talento, el esfuerzo, el trabajo y el compromiso que supone la escritura y edición de un libro, bien se merecen algo de esfuerzo y talento también por parte del lector.

domingo, 13 de febrero de 2011

Metaliteratura con Vila-Matas (I): El encanto de lo soñado

Es 'Dublinesca' una novela en la que, como creo que sucede con frecuencia con la obra de Enrique Vila-Matas, se entremezclan con la trama abundantes consideraciones y reflexiones sobre la propia literatura y el quehacer y personalidad del escritor.

Aún con la lectura en curso, entresaco en este artículo, y alguno que vendrá, alguna de las ideas más llamativas. Y comienzo por una cita que, en realidad, no es del propio Enrique Vila-Matas sino de otro maestro de la reflexión: Marcel Proust.

En la novela, el protagonista, el antiguo editor Manuel Riba, recuerda un paseo por Nueva York, una ciudad largamente soñada y anhelada y cómo estando en ella "Miró una y otra vez hacia la calle, probando sin éxito a sentirse feliz rodeado de rascacielos".

Y es en ese punto cuando el protagonista recuerda al genial escritor francés y su reflexión:

"lo mismo que esas personas que salen de viaje para ver con sus propios ojos una ciudad deseada imaginándose que en una cosa real se puede saborear el encanto de lo soñado.".

La decepción de Samuel Riba la explica por vía indirecta Proust.

Los sueños son, por su propia naturaleza, inasibles e inalcanzables, no al menos en su plenitud. Conllevan una idealización, una elevación de miras, una perfección, que la realidad nunca nos puede ofrecer o, al menos, no más allá de realizaciones puntuales.

No devalúa esto, sin embargo, el atractivo de los sueños. Es esa idealización un motivo para el disfrute, para el impulso a la acción y para la búsqueda de lo soñado. Es esa belleza de los sueños lo que los convierte en deseables, placenteros y motores.

No nos extrañemos, pues, de que la realidad no se encuentre a la altura de los sueños y no nos decepcionemos por no poder alcanzar en su plenitud esos sueños que nos forjamos, o aquellos que nos brinda la literatura.

La inaccesibilidad es atributo constituyente de su naturaleza y función, y en ella reside parte de su encanto.

domingo, 21 de noviembre de 2010

El arte y el complejo de Peter Pan

Entrelazada entre sus memorias, entre los recuerdos sobre su padre pintor, y su propia experiencia como escritor, Marcos Giralt Torrente, en su libro 'Tiempo de vida', desliza esta observación:

"esta irresponsable prolongación de la infancia en que consisten los oficios artísticos"

Quizá haya un toque irónico en la afirmación, o quizá una creencia real en esa continuidad con la infancia que supone el arte y, en especial, la literatura.

Con frecuencia nos representamos el arte como todo lo contrario, como una expresión superior de nuestra humanidad, como una de nuestras máximas realizaciones y logros como especie.

Es posible, sin embargo, y aunque tampoco niegue lo anterior, que el arte suponga un cierto carácter soñador, una tendencia a escapar de la realidad inmediata para recrearse o refugiarse en otros mundos.

Y puede que esto, junto con la dinámica diaría en que se ven envueltos los artistas, una dinámica algo distanciada y algo más desordenada que la de la mayor parte de los adultos profesionales, lo que confiera esa sospecha, seguramente injusta, de irresponsabilidad, y esa sensación de prolongación de la infancia, esa especie de complejo de Peter Pan, quizá no tan injusto, con que el escritor madrileño, parece ver teñido el oficio de artista.

domingo, 14 de noviembre de 2010

Las artes y los vasos comunicantes

Marcos Giralt Torrente, en su libro 'Tiempo de vida' nos ofrece, aparte de un descarnado recorrido por la conflictiva relación con su padre, alguna interesante reflexión, algún apunte o insinuación de temas sobre los que interesa pensar.

Así, por ejemplo, al recordar la relación entre él, escritor, y su padre, pintor, Marcos compara también, de alguna manera, las vocaciones pictórica y la literaria. Apunta a que, quizá, si no hubiese sido por ese conflicto con el padre, la inclinación artística natural del propio Marcos Giralt Torrente podría haber sido la pintura, más que la literatura.

Y esto me lleva a preguntarme hasta qué punto existe un nexo común, una raíz compartida, entre las diferentes artes o vocaciones artísticas: literatura, pintura, escultura o, incluso, cine.

Desde luego, los medios y las técnicas se encuentran alejados y, por ello, son superficialmente distantes. Sin embargo, puede que lata en todas ellas un sustrato común que entronque tanto con la necesidad de comunicar, de transmitir ideas y emociones, como con la de intentar comprenderse a uno mismo y al mundo, y ante la imposibilidad de enfrentar este análisis mediante técnicas científicas o racionales, el recurso a mecanismos más intuitivos, más evanescentes e, incluso, más emocionales, como son los que ofrecen las diferentes artes.

En ese sentido, la vocación artística podría ser común y lo que cambiaría, el arte concreta elegida, podría tener que ver con el contexto, el aprendizaje, el dominio de una técnica o una preferencia de naturaleza relativamente superficial, más que con las motivaciones profundas.

Eso explicaría, además, el caso de los artistas que han desarrollado diferentes manifestaciones, pintura y escultura, por ejemplo.

Puede, por tanto, y lo apunto como una simple hipótesis, que las diferentes artes se interconecten entre sí, que sean una suerte de vasos comunicantes con conductos emocionales que unen la necesidad de expresión y el análisis de la realidad.

domingo, 7 de noviembre de 2010

La oportunidad de lo autobiográfico

En su libro 'Tiempo de vida', un libro muy íntimo, con mucho de autobiografía y casi, casi de confesión, el autor Marcos Giralt Torrente, recuerda un consejo recibido al inicio de su carrera como escritor, un consejo que en principio siguió:

"Había leído, o alguien me había advertido, un escritor, quizá mi propio abuelo materno, que no es recomendable en las primeras obras retratarse mediante la escritura, que obtura la imaginación y crea vicios difíciles de reparar".

Creo que es una tentación habitual, especialmente en autores noveles, el recurso a la autobiografía, a la propia experiencia. Tal vez se trate de expresar lo que se lleva dentro, o tal vez falta de imaginación para idear nuevos mundos e historias.

No tengo un juicio claro acerca de si esa tentación es un defecto o no. Sí que pienso que para expresar lo más íntimo, lo más profundo, lo más de uno mismo, para lo que, de alguna manera, debería ser la obra cumbre del escritor, quizá resultase conveniente una mayor madurez y experiencia, madurez que no parece pueda alcanzarse en una ópera prima. Este argumento podría desaconsejar recurrir a lo autobiográfico en una primer libro.

El consejo que dan a Giralt Torrente, por su parte, parece tener que ver más bien con evitar vicios y con no atrofiar la imaginación.

Sea como fuere, y aunque no los considero juicios firmes, ni argumentos del todo sólidos, ambas visiones parecen desaconsejar, por inoportuno, el uso de material de la propia experiencia en las primeras obras de ficción a la espera de mejores momentos.

¿Se tratará esto de un criterio generalizable para todo escritor?

domingo, 24 de octubre de 2010

Acerca de la autodidaxia

Encuentro entre las reflexiones de Renée, la portera que protagoniza 'La elegancia del erizo' de la francesa Muriel Barbery, un espejo de sensaciones tantas veces vividas tras innumerables y ambiciosas horas de lectura incesante.

Dice Renée:

"He leído tantos libros...

Sin embargo, como todos los autodidactas, nunca estoy segura de lo que he comprendido de mis lecturas. Un buen día me parece abarcar con una sola mirada la totalidad del saber, como si invisibles ramificaciones nacieran de pronto y unieran entre sí todas mis lecturas dispersas; y, de repente, el sentido no se deja aprehender, lo esencial se me escapa y, por mucho que lea y relea las mismas líneas, las comprendo cada vez un poco menos
"

La autodidaxia es placentera pero desestructurada: es el individuo quien elige las materias y los textos, de acuerdo tanto con sus intereses e inquietudes del momento, como con su posibilidad para conseguir los materiales de aprendizaje, una posibilidad que deriva no sólo de la capacidad física y económica para acceder a esos materiales didácticos sino también de la simple capacidad para identificar su existencia. La autodidaxia tiene, sin embargo, ese cariz de búsqueda, de aventura, de descubrimiento y realización que le confiere su carácter placentero.

El aprendizaje reglado, por contra, suele presentar mayores características de estructuración: guiados por un profesor, los contenidos se nos presentan de acuerdo a un orden y un plan plenamente establecido y los materiales que se precisan para el aprendizaje están fijados por alguien, ese profesor, que domina la materia y que nos puede descubrir textos, autores o cualquier otro tipo de material que, quizá, mediante la autodiaxia, hubiésemos tardado en descubrir o, incluso, nos hubiesen pasado inadvertidos. Por contra, el aprendizaje reglado suele adoceler de una cierta rigidez, de una tendencia al encorsetamiento, y el peligro de alejarse de las necesidades intelectuales del individuo conduciéndole por sendas que, quizá, no desea recorrer.

Renée disfruta de la lectura, encuentra placer en el consumo incesante de libros y en el descubrimiento de ideas y conocimientos, pero la falta de estructura que este método de aprendizaje supone, le hace enfrentarse también en ocasiones, con la perplejidad, con la sensación de no haber aprehendido lo que las palabras le dicen y de observar un trasunto de conceptos sin asirlos realmente.

Es, probablemente, un efecto colateral, casi inevitable, de la autodidaxia.

Es una sensacion que muchas veces he sentido, un sentimiento que comparto...