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lunes, 4 de enero de 2010

Etiquetando conceptos esquivos

Uno de los arreglos que he hecho en este nido ha sido el cambiar la política de etiquetas. Hasta ahora, y siguiendo la metáfora que da título al blog, "el cielo del gavilán", había utilizado un sistema sencillo de etiquetas, las que ahora he llamado 'trayectorias' (ver frame derecho). Eso, sin embargo, dificultaba la búsqeda con criterio de artículos antiguos y, peor, despistaba y dificultaba el encontrar, vía buscador, artículos del blog. Así que he repasado todos los artículos y les he asignado etiquetas más significativas (aunque ya alejadas de la metáfora).

Con el párrafo anterior os he contado un poquito uno de los últimos cambios en este blog pero, en realidad, eso es sólo el detonante de lo que es la auténtica reflexión de este artículo.

El caso es que, en esa labor de etiquetar los artículos antiguos, ha habido ocasiones, bastantes, en que me he encontrado con verdaderas dificultades para hacerlo de una forma razonable. Hay casos muy sencillos como cuando la etiqueta es el nombre de un escritor o el de un libro.

Pero en los casos de las etiquetas realmente importantes, las que deben caracterizar los artículos más representativos de este blog, han sido realmente difíciles de asignar. Os pongo algunos ejemplos: 'Inisinuación', 'Inteligibilidad', 'Empatía', 'Dudas', 'Dolor', 'Comprensión', 'Pensamiento', 'Realidad',...

¿ Véis lo que quiero decir ? Nombres abstractos, materiales complejos, cualidades discutibles, conceptos esquivos...

Y es que, siguiendo la distinción que nos hacía Abraham Maslow en un artículo anterior, al etiquetar, probablemente, me estoy comportando como científico, estoy "categorizando" según la nomenclatura del famoso psicólogo.

Y sin embargo, el obetivo de la literatura, al menos el de la literatura que más me interesa, y tambien un objetivo importante de los artículos de este blog, es alcanzar la esencia, la sustancia, las explicaciones últimas..., lo que Maslow denomina la idiosincrasia.

Esa disonancia creo que explica mis dificultades para asignar etiquetas en muchos casos.

Creo que como responsable de un blog, pensando en unas herramientas automatizadas como son los buscadores o en facilitar la búsqueda a personas que no sigan el blog de forma habitual, he hecho lo mejor. Pero la literatura no es así, la literatura es difusa, es ambigua, es en cierto modo evanescente. En el fondo, he estado intentando poner etiquetas a las montañas, simplificar lo complejo, nombrar lo inefable.

He hecho un duro esfuerzo por etiquetar conceptos esquivos, muy esquivos.

martes, 10 de noviembre de 2009

Translúcido

Corro con este post el riesgo de ser repetitivo. Seguramente lo soy. Pero cuando la idea que uno tiene en la cabeza encuentra su afortunada expresión en las palabras de una autoridad en la materia, es difícil evitar el traer la cita a colación y, de alguna manera, y no sin una cierta satisfacción, hacer constar una especie de "Ya te lo había dicho" en forma de reseña de lo que otro ha explicado.

Es un tema recurrente en este blog, porque es un tema recurrente en mis gustos literarios, el abogar por una literatura insinuante, que mantenga zonas en sombra, no del todo explicadas sino esbozadas, apuntadas.

Hace ya muchos años, el escritor chileno José Donoso decía, hablando de su novela "Casa de campo", lo siguiente:

"No me gustaría...que fuese leída como una colección de signos fácilmente reemplazables por los significados que señalan. Me gustaría pensar que funciona como un cuerpo translúcido, no transparente; que el objeto literario permanezca interponiéndose delante y cubriendo lo que indudablemente está detrás."

No puedo decir que esa sea la forma en que deba ser la literatura...pero sí que a mi me gusta así...Y siento repetirme...

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sábado, 2 de mayo de 2009

Sexo y literatura... o mejor hacer camino al andar

Terminaba estos días la novela 'El día antes de la felicidad' del escritor napolitano Erri de Luca, una novela sensible, llena de ideas interesantes, de brillantes intuiciones y excursos. Un personaje misterioso, del que uno espera alguna revelación definitiva al final del libro, es la niña que mira desde detrás de la ventana.

Y, en efecto, la niña, convertida en mujer, emerge al final de la historia y toma un papel relevante en ella. Pero, y no quiero desvelar mucho para no estropear la lectura a nadie, vuelve sin el halo de misterio que yo hubiera esperado...y que el relato hasta el momento parecía destinarle. Con pocos, muy pocos prolegómenos, se acerca al protagonista...y "pasa a la acción".

Debo decir que, en el caso concreto de esta novela, me decepcionó un tanto esta rápida transición de una misteriosa infancia a una explícita juventud, de la ventana a la cama.

No es que el autor haya sido demasiado explícito, no es que haya sido soez, no. Es una novela bastante elegante en ese sentido. Lo que ha ido es, creo, demasiado deprisa...

Y esto me hace pensar en la forma en que se trata el sexo en la literatura hoy día. Quizá como reacción a otras épocas en que estaba prohibido y apartado, parece que ahora existe mucho interés en hacerlo explícito, en evitar romanticismos o transiciones lentas, en sustituir velos por transparencias...

Ya en otro post, titulado "Historias veladas y protagonismo del lector" aposté por correr un velo de misterio e indeterminación sobre las historias narradas, como un vehículo para la estética, la creatividad y el pensamiento.

Y si esto me parece interesante en general para cualquier historia y, sobre todo, para cualquier sentimiento... ¡cómo no aplicarlo al sexo y al amor!

En esa precipitada transición del conocimiento al sexo que parece dominar la literatura actual, se pierde toda una inacabable riqueza de sentimientos y matices, de ansiedades y miedos, de esperanzas, de deseos, de confusiones, de hundimientos, de decepciones, de serenidades, de alegrías...

¿ Para qué queremos la literatura entonces ? Si se trata de sexo, hagamos periodismo, hagamos documentales o, incluso, estudios médicos o científicos. Pero si hablamos de literatura ¿ no debemos tomarlo con calma, explorar sentimientos, encontrar variantes en la historia ? ¿ No debemos ir más despacio, valorando no tanto el fin sino el camino ? ¿ No deberíamos, como diría el poeta, hacer camino al andar ?