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lunes, 11 de mayo de 2009

La comprensión como empatía inversa

Unamuno citando a Nicola Abbagnano:

"Comprender no quiere decir penetrar en la intimidad del pensamiento ajeno, sino tan sólo traducir en el propio pensamiento, en la propia verdad, la soterraña experiencia en que se funde la vida propia y la ajena"

Miguel de Unamuno
'Cómo se hace una novela'

¿ No es esta una concepción un tanto limitada, casi egoísta, de la comprensión, de nuestra capacidad para entender a otros seres humanos ? Y, sin embargo, ¿ no parece plausible, tremendamente cercana, desoladoramente creíble ?

A lo mejor es ésta la fuente de tantos y tantos malosentendidos, de tantos conflictos, de tantas desavenencias...

La comprensión, no como una suerte de empatía intelectual, no como una capacidad de ponernos en el lugar de otros, sino de poner a los otros en el lugar de uno. Algo más limitado y egocéntrico, menos abierto, menos generoso...algo así como una empatía inversa...

domingo, 3 de mayo de 2009

El papel en blanco como porvenir

"Héteme aquí ante estas blancas páginas - blancas como el negro porvenir: ¡ terrible blancura!- buscando retener el tiempo que pasa, fijar el huidero hoy, eternizarme o inmortalizarme en fin, bien que eternidad e inmortalidad no sean una sola y misma cosa. Héteme aquí ante estas páginas blancas, mi porvenir, tratando de derramar mi vida a fin de continuar viviendo, de darme la vida, de arrancarme a la muerte de cada instante."

Miguel de Unamuno
'Cómo se hace una novela'

Más de una reflexión se ha hecho sobre ese vértigo o ese miedo que puede producir el papel en blanco: un desafío, una incógnita...pero quizá también un mundo de oportunidades ofrecidas...

Para Unamuno el papel en blanco es el porvenir, porque para él la novela es vida y la vida es novela y, en esa identificación, un papel en blanco, una novela por escribir, no es más que un futuro abierto, un porvenir para ser vivido y escrito.

sábado, 11 de abril de 2009

Ovíparos versus vivíparos o la visión de Unamuno del plan frente a la inspiración

Como la mayoría, supongo, de los aficionados a la literatura, me he preguntado con frecuencia acerca de la forma en que trabajan los escritores, sobre el peso que tiene la inspiración en su quehacer o si, más bien, se trata de un trabajo concienzudo y metódico de planificación, estructuración y planificación; si se implican personalmente o simplemente actúan como profesionales; si, como reza el popular dicho, hay más de inspiración o de transpiración.

Y el debate debe de ser antiguo porque leyendo hoy la introducción a la obra de Unamuno titulada "Cómo se hace una novela", descubro que Don Miguel distinguía dos tipos de escritores, a los que denominaba ovíparos y vivíparos.

Esto decía de los ovíparos:

"Cuando se propone publicar una obra de alguna importancia o un ensayo de doctrina, toma notas, apuntuaciones y citas, y va asentando en cuartillas cuanto se le va ocurriendo a su propósito, para irlo ordenando de cuando en cuando. Hace un esquema, plano o minuta de su obra, y trabaja luego sobre él; es decir, pone un huevo y lo empolla".

Y esto de los vivíparos:

"No se sirven de notas ni de apuntes sino que lo llevan todo en la cabeza. Cuando conciben el propósito de escribir una novela, pongo por caso, empiezan a darle vueltas en la cabeza al argumento, lo piensan y repiensan, dormidos, y despiertos, esto es, gestan. Y cuando sienten verdaderos dolores de parto, la necesidad apremiante de echar fuera lo que durante tanto tiempo les ha venido obsesionando, se sientan, toman la pluma y paren. Es decir, que empiezan por la primera línea, y, sin volver atrás ni rehacer lo ya hecho, lo escriben todo en definitiva hasta la última línea.".

Y, aparentemente, Unamuno sentía preferencia por los vivíparos dado que "la escritura vivípara es la que ofrece una mayor posibilidad para que el yo íntimo del autor se desnude y dé a conocer en el texto". Y parece lógica la preferencia porque esa lucha del yo íntimo por entenderse y manifestarse es muy propia del escritor bilbaíno y, por tanto, todo apunta a que la escritura vivípara es la que mejor encaja con su propósito literario y vital.

Sin embargo, y aunque el "viviparismo" sea indudablemente más atractivo y romántico, parece que, como en tantas cosas, la solución se encuentra en el equilibrio entre los extremos, en dosificar adecuadamente cada ingrediente y, en este caso, diría que hasta puede estar condicionado no sólo por el propósito del escritor en un momento dado sino, incluso, por su propia capacidad para crear algo valioso sin una trabajo de planificación previa, sin un periodo de empollamiento de la obra literaria.

La naturaleza es sabia, y por algo hay dos formas de crear nueva vida...literaria.