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domingo, 28 de agosto de 2016

Los que permanecen...

"Los recuerdos son como los libros. Sólo importan los que permanecen."

Fernando Marías
'La isla del padre'



Unos nos emocionan y otros no. Unos entran en resonancia con nuestro espíritu y otros no. Unos le hablan a nuestro corazón y otros no. 

Los que nos dicen algo permanecen en la memoria... Son los que realmente importan.

domingo, 15 de septiembre de 2013

300... libros

Ayer Sábado 14 de Septiembre publicaba en Mundo Azul (www.ignaciogavilan.com), mi página personal, la reseña de 'Sobre los ángeles' de Rafael Alberti.

No se trata de un libro realmente especial para mi, no se trata de un libro que haya disfrutado especialmente o que recomendaría, sino más bien todo lo contrario,...pero se trata del libro que hace el número 300 en la sección de literatura de dicha página, que viene a querer decir el número 300 de los libros de ficción leídos desde que, en Diciembre de 2005, lancé mi página personal en Internet, y momento en que comencé a publicar reseñas de todos, absolutamente todos, los libros que he leído desde ese momento.

Estos 300 libros de ficción (narrativa, poesía, teatro) se suman a los 31 libros sobre temas de tecnología, 82 sobre temas variados de empresa (estrategia, marketing, operaciones, liderazgo, etc) y 40 en el área de humanidades (psicología, sociología, teoría literaria, etc).

300 libros de ficción, 453 libros en total, leídos en poco menos de 8 años, en 93 meses, en unas 380 semanas (este último dato es sólo aproximado, no lo he comprobado).

Teniendo en cuenta que el periodo transcurrido desde el lanzamiento, esto supone que, desde entonces, he leído a ritmo de algo más de tres (3,23) libros de ficción al mes, poco menos de un libro a la semana, pero casi cinco (4,87) libros leídos al mes si incluyo todos aquellos de no ficción lo que completa la cifra, ahora sí, de algo más de un libro semanal.

¿Es mucho? ¿Es poco?

¡Quien sabe!

Seguro que se trata de una cifra muy, muy por encima de la media nacional...pero probablemente apreciablemente por debajo de las marcas que pueden conseguir los 'auténticos' devoradores de libros.

Lo que no me cabe duda es del enriquecimiento que esta experiencia de lectura supone, de las perspectivas que me abren tantas y tan variadas obras, del aprendizaje implícito o explícito que supone, de las muchas horas de disfrute y desarrollo personales.

300 libros que, como los míticos 300, protegen una Esparta de intelectualidad y reflexión, de conocimiento y sensibilidad.  300 que, a a diferencia de los heroicos espartanos, no terminan en estas Termópilas sino que tendrán continuidad, espero, durante muchos años y muchas nuevas horas de ocio, estudio y disfrute.

domingo, 30 de septiembre de 2012

Mis experiencias con e-books

Tenía tanto libro en papel esperando ser leído, y la inercia de seguir comprando por impulso en las librerías tradicionales aquellos libros que me llamaban la atención era tan fuerte que, a pesar de disponer ya desde hace tiempo de un e-reader (un modesto pero apañado Kindle, en la parte más baja de su gama), y a pesar de que, por otros motivos, tenía un gran interés en experimentar de primera mano cómo es eso del libro electrónico, la lectura de e-books ha sido una experiencia que se había ido retrasando.

Ahora que ya he leído algunos libros en este nuevo medio, ahora que, incluso, ya empiezo a tener una lista de libros electrónicos esperando a ser leídos, quisiera hacer una anotación de sensaciones, una suerte de comparativa, personal y nada científica, acerca de las diferencias, los pros y los contras, que encuentro en una y otra experiencia lectora.

Conviene anotar que, todavía, los libros electrónicos que he leído caerían dentro de la categoría de no ficción (libros sobre management, habilidades y gestión de la tecnología), pero aún no me he lanzado a leer novelas, y mucho menos poesía, por este medio. Calculo que la lectura propiamente literaria en libro electrónico me podría ofrecer facetas nuevas a valorar.

Advertido esto ¿qué diferencias observo?

LO BUENO

Una característica muy propia del libro electrónico, y que he valorado muy positivamente, es su carácter de hipertexto, de libro extendido, la posibilidad de acceder desde el propio libro a otras informaciones. En el caso de mi modesto Kindle, y a pesar de que ni siquiera le funciona adecuadamente la conectividad WiFi, lo que más me ha ayudado, y dado que he leído libros en Inglés, es la integración con un diccionario de forma que, con sólo situar el cursor al lado de una palabra, me proporciona inmediatamente su entrada en el diccionario.

Bastante ligado a lo anterior está la posibilidad de interacción, compartición y colaboración con otros. Así, y aunque yo no he podido utilizarlo por los problemas de conectividad ya mencionados, podría eventualmente compartir de forma inmediata citas en Twitter. Yo no le he utilizado, insisto, pero si he detectado a personas que sigo en Twitter que sí han utilizado esta capacidad.... y creo que tiene su gracia y su interés.

Otras capacidades típicamente electrónicas, como buscar una palabra o una frase dentro todo un libro, son algunas de las grandes ventajas del libro electrónico.

... y el espacio... o la no necesidad de espacio. Ahora que tengo mi hogar repleto de libros, que cada nuevo libro físico que adquiero constituye un problema a la hora de encontrarle acomodo en alguna estantería, el comenzar la andadura por los libros electrónicos es un evidente alivio y una promesa de 'escalabilidad'.

LO NO TAN BUENO

Pero existen algunos aspectos en los que creo que, sinceramente, el papel gana a lo electrónico.

Algo muy personal que siento he perdido con el libro electrónico (o no he sabido traducirlo al nuevo medio) es lo que yo llamaría la exploración. Me refiero a esa visualización rápida de un libro (la portada, la contraportada, las solapas, el índice, la propia longitud del libro, y, sobre todo, la exploración mediante ojeo rápido del contenido). Una exploración que utilizo antes de adquirir un libro pero también a veces, al inicio de su lectura o, incluso, en algún momento intermedio.

Otra pérdida, que enlaza con la de la exploración a mitad de la lectura, es el contexto. Me explico. Especialmente cuando se trata no de ficción, sino de tratados más o menos complejos, me suele resultar conveniente de vez en cuando echar la vista atrás, recordar la estructura del discurso (que me suele proporcionar un vistazo al índice) y el repaso un poco de lo tratado hasta el momento (que recupero mediante un ojeo más o menos rápido). Ese repaso de contexto lo considero muy importante para cierto tipo de lecturas y sé como hacerlo de forma rápida y cómoda en un libro en papel...pero no he encontrado cómo hacerlo en mi Kindle.

De nuevo, muy relacionado con el ojeo rápido, he echado en falta la búsqueda de recuerdos a medias. Me explico de nuevo. A veces recuerdo vagamente una frase o una explicación y quiero volver a localizarla. En el libro en papel la memoria fotográfica me ayuda. Más o menos recuerdo por dónde estaba, si lo vi en página par o impar y si estaba hacia la parte superior o inferior de la página. Con eso, suelo encontrar con relativa facilidad esa frase, explicación o cita que solo recuerdo vagamente. Pero no sé cómo traducir eso a un libro electrónico. Las capacidades de búsqueda concreta, de una palabra o una frase concretas, son mucho mayores en el libro electrónico que en el papel...pero en lo que a la búsqueda vaga se refiere... es diferente. Ahí no veo que el libro electrónico tenga mucho que ofrecerme, al menos en lo que yo conozco y he experimentado.

SENSUALIDAD Y EXPERIENCIA DE LECTURA

Creo que alrededor de la experiencia de lectura, en torno a lo que es la centralidad de la actividad lectora, la captación del mensaje, información, historia o sentimiento y, eventualmente, la belleza, calidad o eficacia de la expresión, existen elementos anejos, no estrictamente literarios, que conforman la experiencia del amante de la lectura.

Se inicia en la propia búsqueda y compra. Puede resultar muy agradable el perderse en librerías, el curiosear entre los volúmenes, el sorprenderse con hallazgos, el explorar libros o el recibir el consejo de los cada vez menos frecuentes libreros eruditos, amantes y conocedores de la literatura...experiencias todas ellas muy ligadas al libro impreso. Frente a esta experiencia, tenemos la eficacia, la rapidez, la sencillez de la adquisición de un libro electrónico. Sin que se entienda como propaganda, debo decir que la sencillez de comprar un libro electrónico para Kindle en Amazon es sencillamente espectacular. Probablemente está pendiente aún de fuerte evolución y redefinición el papel de las librerías frente al libro electrónico, evolución que puede ir desde su total desaparición hasta su conversión en sitios 'de experiencia', lugares donde más que adquirir el libro electrónico (que evidentemente será posible) se puedan recibir consejos de lectores expertos, charlas con otros lectores, tomar un café o tener acceso a otras experiencias multimedia (vídeo, música, noticias...)

Existe otra experiencia más ligada a la propia lectura que tiene un algo de sensual: el tacto del libro en las manos, su peso, las diferentes texturas que ofrecen las hojas... Debo confesar que al menos en mi caso hay un placer en el propio hecho de tener un libro en las manos, especialmente en libros con edición cuidada y acertada. El libro electrónico pierde este tipo de sensualidad...pero tiene la suya propia. Los e-readers, en mi caso un Kindle, son aparatos atractivos, muy cuidados en cuanto a interfaz, en cuanto a peso, en cuanto a aspecto. Debo confesar que, al igual que hace años cuando tuve mi primer PC estaba cautivado hasta casi el enamoramiento de su aspecto y del tacto y repiquetear de su teclado, ahora con mi Kindle siento de nuevo el placer sensual de tener tan mimado y bien diseñado equipo en mis manos, sentir su volumen y su peso, notar la suavidad con que se pasan las páginas pulsando sus teclitas laterales...

No puedo decir si una experiencia es mejor que la otra...pero son diferentes. Y aunque no constituyen el foco de la actividad lectora, contribuyen a la experiencia lectora como un todo.

Epílogo

El tiempo pasa y la sociedad y las tecnologías evolucionan. Creo que al final el libro electrónico, probablemente un libro electrónico diferente al que hoy conocemos, acabará desplazando al libro en papel, aunque también creo que eso sucederá lentamente y habrá un largo periodo de convivencia entre el papel y lo electrónico, periodo que ya estamos en realidad iniciando.

En esa evolución, inevitablemente, perderemos algo, algo que para aquellas generaciones que amaron el libro en papel constituirá una pérdida dolorosa e irreparable, pero una pérdida que las nuevas generaciones, nativos digitales que apenas hayan conocido la lectura de libros impresos, ni siquiera advertirán. A cambio, habrá nuevas posibilidades, nuevas capacidades y experiencias que enriquecerán la experiencia lectora de las nuevas generaciones.

Al final, siempre nos quedarán las palabras, su mensaje y su belleza, y también, y con ellas como vehículo, el conocimiento, la conciencia y el espíritu de quien las escribió.

Y eso es lo que verdaderamente importa ¿no?

domingo, 11 de septiembre de 2011

¿Induce la lectura a la pereza mental?

Leo, no sin una cierta dosis de sorpresa, la siguiente cita de Albert Einstein:

"Leer, después de cierta edad, distrae demasiado a la mente de su actividad creativa. Cualquiera que lea demasiado y utilice poco su propio cerebro cae en hábitos de pereza mental."

Para ser justos, o al menos precavidos, hay que señalar que desconozco completamente el contexto en que el eminente científico realizó dicha afirmación y es más que probable que no se refiriese a la lectura de ficción o literaria, sino a una literatura científica.

Sin embargo, y prescindiendo del auténtico contexto e intención de Einstein, podemos preguntarnos si la afirmación es cierta, si la lectura conduce a la pereza mental.

Es cierto que la lectura tiene un cierto componente de pasividad, que supone el recibir el material que el escritor desea brindarnos sin una verdadera actuación sobre el mismo. En ese sentido, en especial si la obra literaria carece de profundidad, de matices, de ideas, y si el lector busca únicamente entretenimiento en la actividad lectora, ésta se puede convertir en una tarea meramente reactiva, sin apenas esfuerzo por parte del lector y, de este modo, podría acercarse a esa situación de pereza mental que estaría denunciando Albert Einstein.

Sin embargo, y mi propia experiencia de lectura apunta en esa dirección, un libro cuidado, con profundidad psicológica o filosófica, y ya no digamos un ensayo con valor intelectual, con ideas innovadoras o interesantes, sí inducen al pensamiento, a la reflexión, a la deliberación con uno mismo y su lectura puede ser una de las actividades más enriquecedoras desde un punto de vista intelectual.

Es posible, y ni siquiera estoy seguro de ello, que ese tipo de lectura profunda no sea una actividad creativa propiamente dicha, dado que sigue actuando sobre un material recibido...pero en absoluto se encuadraría en el ámbito de la pereza mental sino todo lo contrario, se trataría de una gran actividad intelectual e incluso sentimental.

A veces, incluso, la propia reflexión sobre el material leído, ha hecho surgir en mi mente ideas y voliciones nuevas, ideas y voliciones que posteriormente han encontrado su propio campo de acción...aunque no sea en el mismo momento de la lectura sino en una ocasión posterior. ¿No podría considerarse eso una actividad creativa? ¿No estaríamos superando, en esos casos maravillosos, la reactividad para entrar de lleno en la proactividad, en la creación, en la acción?

Parece que, al menos en esos casos, la presunta pereza mental causada por la lectura sería una acusación manifiestamente injusta.

Me resulta difícil creer que Einstein no haya vivido esos momentos de reflexión y creación encendidos por la lectura, que no haya experimentando el placer y estímulo intelectual a través de un libro. Quiero creer que en realidad estaba denunciando las actitudes pasivas, las que se refugian en la lectura de terceros sin producir ninguna idea propia. Quiero creer que en realidad Einstein lo que deseaba era el pensamiento, la reflexión, la creación... y quería evitar cualquier coartada para no aplicarla, fuese ésta la lectura o cualquier otra excusa.

domingo, 14 de agosto de 2011

Sabor antiguo


Camilo José Cela caminante 
 Hace unos días finalicé la lectura de 'Viaje a la Alcarria' de Camilo José Cela, una obra que me trae vagos recuerdos de lectura infantil, de retazos de literatura que, a modo de ejercicio y cebo cultural, nos ofrecían los libros de lectura de la educación básica.

Familiar me resultaba, debido a la bebida en esa fuente educativa, y a pesar de no haber nunca completado la lectura de esta obra, la repetida pregunta 'al viajero' acerca de su eventual destino a Zaragoza. Se trata esta lectura de una deuda que con ese pasado mantenía, uno de aquellos libros cuya lectura repetidamente uno se promete pero que, sin un motivo concreto, también repetidamente se posterga.

Tampoco falto a mi cita veraniega de los últimos años con Pío Baroja y, en esta ocasión, me encuentro finalizando su 'Zalacaín el aventurero', una nueva muestra de la prosa ágil y rica en tipos literarios del autor vasco.

Y no finalizará aquí, Dios mediante, mi recorrido por algunos de esos clásicos españoles puesto que tengo en mi zurrón de lectura veraniega a Miguel Delibes con su 'La sombra del ciprés es alargada',

Me resulta especialmente atractiva la lectura de autores españoles de ese pasado en cierto modo cercano, en cierto modo remoto. Singularmente me atre el periodo de posguerra, los años cuarenta y cincuenta aunque sin despreciar el principio del siglo XX o final del XIX.

Encuentro en esos autores y lecturas algo así como un recuerdo ancestral de nuestro pasado cercano, una herencia que conecta, bien que algo 'in extremis', con borrosos recuerdos de la España de mi infancia, aún heredera de ese pasado del cual, poco a poco, empezaba a distanciarse pero que aún era plenamente reconocible.

La España que estos autores nos reflejan es un España pobre, rural, atrasada, ignorante y con una cierta amargura y tristeza soterradas aunque asumidas con frecuencia por los personajes con una serena resignación, a veces con humor e ironía, y en otras con una profunda sabiduría, no de aquella que se aprende en las escuelas, sino la que la vida esforzada y la tradición proporcionan.

Se trata, cierto es, de una época dura y gris, pero en esa grisura aparcen brillantes perlas literarias y unos personajes y ambientes produnda y trágicamente interesantes.

No sé si se trata de una receta para todos los paladares pero para mi particular apetito literario, ese sabor antiguo, constituye uno de los mayores manjares.

domingo, 29 de mayo de 2011

Literatura a sorbitos

No tiene nada que ver con la literatura en si, ni con una preferencia por mi parte, sino, creo, con las meras circunstancias, pero el hecho es que últimamente no suelo realizar largas sesiones de lectura.

Nunca he sido de aquellos que se pegan enormes atracones, de aquellos lectores compulsivos o absorbidos por una historia que se meten entre pecho y espalda una novela larga en un día o dos acumulando horas de lectura en un espacio temporal muy reducido.

Prefiero la lectura más reposada,  más tranquila, a un ritmo más constante. Mis temáticas de lectura favorita, aquellas que tienen que ver más con la introspección, con la reflexión, con el sentimiento o con la psicología, tampoco parecen las más aptas para una lectura vertiginosa, sin descanso, sin respiro.

Pero últimamente observo mi tiempo de lectura muy fragmentado, compuesto por sesiones que pocas veces superan la media hora. Tiempos robados a obligaciones u otros intereses, aprovechando intermedios, pausas, entreactos...

Puede ser algo accidental, transitorio, que cambie en las próximas semanas o meses, según evolucionen mis circunstancias y disponibilidades.

Sin embargo, me pregunto si no late en todo ello un cambio estructural de comportamiento lector. Y no sólo en lo que a mi se refiere sino que, incluso, pueda ser un comportamiento en progresiva extensión entre toda la población lectora.

No hace tanto comentábamos, en las entradas tituladas '¿Internet contra la lectura?' y 'La lectura profunda o cuando el lector se hace libro' cómo, según algunos autores, nuestra actividad intelectual moldea nuestro cerebro (fenómeno conocido como neuroplasticidad)  y cómo, por otra parte, y según por ejemplo Nicholas Carr, el mundo moderno, y muy especialmente Internet, con sus interrupciones constantes en forma de correos electrónicos, mensajes en twitter, llamadas telefónica fijas y móviles, mensajes instantáneos, etc atentan contra la concentración y la abstracción, unas capacidades propias de la lectura profunda y concentrada que se produce, por ejemplo, cuando uno se sumerge en una novela.

El gusto moderno por la novela corta, por los cuentos y por los microrrelatos, pudieran ser un señal de la mera falta de tiempo pero, también, de unas distintas actitudes y aptitudes cognitivas.

Espero que no sea así, espero que cuando simplemente disponga de más tiempo mi cerebro se siga comportando como antes y disfrute de largas horas de intensa lectura. Echo algo en falta, debo reconocer, esos tiempos prolongados de lectura profunda, en que la mente se aisla de su contorno, el tiempo parece detenerse y la conciencia se sumerge profundamente en la historia que se está leyendo.

Aún así, y por no ser excesivamente psesimista, por presentar también el lado positivo, entiendo esas sesiones breves de lectura como una forma de exprimir el tiempo, de extraer minutos de lectura de donde apenas los hay, de hacer que la lectura sobreviva incluso entre turbulencias. Un mecanismo de apego y resistencia. Y debo decir que, en ocasiones, ese tipo de lectura es también muy agradable y valiosa.

Tomarse un gran trago de lectura es muy sabroso y no quiero renunciar a ello, pero tampoco está del todo mal tomarse la literatura a sorbitos.