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domingo, 19 de diciembre de 2010

La marca personal del escritor

Estoy finalizando la lectura de un libro dedicado a lo que se denomina marca personal, un libro que no es, por supuesto, de tipo literario sino que se situaría, más bien, a caballo entre el marketing, las habilidades directivas y el desarrollo personal.

El concepto de marca personal se refiere al uso de técnicas propias de la gestión empresarial en el desarrollo y promoción de una persona, en la venta de alguna forma de su imagen y valor. Así, se hacen autoanálisis del tipo DAFO, se definen una visión y una misión, se busca un poosicionamiento, se establecen objetivos y se sigue la consecución de esos objetivos mediante un cuadro de mando.

Al parecer, el concepto de marca personal surgió inicialmente en el contexto de la búsqueda de empleo, pero ha ido ganando en amplitud y extensión para convertirse también en una herramienta de desarrollo personal en los entornos tanto profesional como privado.

Y, aunque no está del todo claro si esta idea es aplicable a cualquier persona, se me ha ocurrido pensar que el ámbito de la literatura y de las artes es terreno natural para este concepto. De hecho, de alguna forma, escritores y artistas, probablemente inconscientemente, han constituído desde siempre marcas personales.

El nombre de un escritor forma parte de esa marca, pero también la percepción que de él tenemos (su posicionamiento) como escritor ligero o profundo, comprometido o superficial, clásico o innovador, engreído o humilde, poeta o narrador, etc, etc, etc.

El ver el nombre de un escritor concreto del cual tenemos buena imagen en la portada o lomo de un libro puede constituir motivo suficiente para determinar la compra de ese libro, con independencia de lo que de esa obra conozcamos, lo que pueda contar la solapa o la contraportada, o el que tengamos una referencia o no.

En la marca del escritor influyen, por supuesto, su obra anterior y las críticas o reseñas que pueda haber recibido, pero también la promoción que de él hagan las editoriales, la impronta que pueda dejar en entrevistas o actos públicos, su imagen externa, su comportamiento en el entorno literario e, incluso, fuera de él.

Según enseña el personal branding (nombre inglés de marca personal), el primer interesado en la definición, desarrollo y promoción de esa marca es la persona, en este caso el escritor.

Si eso es así, y si el escritor desea tener un posicionamiento concreto y un éxito a nivel de imagen y comercial, debería ser consciente, en primer lugar, de que él mismo constituye una marca y, en segundo término, que esa marca influye en su éxito. Por tanto, debería permanecer atento a este tipo de técnicas, trabajarlas y desarrollarse, y en esta labor, en esta gestión de la marca que es él mismo, no debería delegar completamente en editoriales, quizá ni siquiera en un eventual agente literario.

Difícil intento, supongo, para los escritores que seguramente valoren más y sean más conscientes de las cualidades artísticas de su obra que los aspectos comerciales de la misma. Pero el tiempo en que el buen paño, y la buena literatura, se vendían en el arca, parecen haber desaparecido para siempre y más vale ser conscientes de ello.

sábado, 30 de enero de 2010

Taleb y la literatura (III): una explicación alternativa a clásicos y bestsellers

"El éxito...depende mucho del contagio. Tal contagio...parece que afecta a una amplia variedad de productos culturales. Nos es difícil aceptar que las personas no se enamoran de las obras de arte por ellas mismas, sino también para sentir que pertenecen a la comunidad. Mediante la imitación, nos aproximamos a los demás, es decir, a otros imitadores. Así se combate la soledad."

Nassim Nicholas Taleb
'El cisne negro'

Otra cita de Nassim Nicholas Taleb que, aunque inicialmente no orientada a la literatura, sí que puede resultar aplicable y que nos ofrece una forma diferente de entender el mótivo del éxito de una obra, el porqué se convierte en un bestseller. No se trata, o no sólo, de su calidad; tampoco se trata, o no sólo, de su atractivo intrínseco. Hay un efecto contagio, la obtención de un cierto sentido de pertenencia y de comunidad. Leer los grandes éxitos, lo que los demás tambien leen, lo que se comenta, lo que se menciona, lo que está en el ambiente, nos proporciona una forma de integración en nuestro entorno, un distintivo de pertenencia, un sentido de comunidad. Nada tiene que ver con lo literario, sino con lo psicológico, con las necesidades de afiliación tal y como lo explicaría Abraham Maslow.

Puede que esta misma explicación tambien sea parcialmente válida para explicar el porqué una obra se convierte en clásico. Por este mismo efecto contagio, la obra reconocida como buena, como clásica, es aceptada como tal, leída como tal, comentada como tal. Atribuir méritos a una obra considerada clásica, rendirle homenaje, es tambien otra forma de integración, de incrementar el sentido de pertenencia y comunidad.

¿ Queda entonces espacio para la calidad, para el auténtico mérito, para la "verdadera" literatura? Pues poco...pero queda.

Ese contagio, ese sentido de comunidad, significa que nos unimos a un movimiento iniciado, nos subimos a un autobús en marcha. Pero ¿qué enciende la mecha? ¿Cómo se inicia el proceso?

Hay dos alternativas básicas.

Por un lado, el marketing, la promoción de ventas, el esfuerzo mediático de las editoriales en crear conocimiento y expectación por el futuro bestseller.

Por otro, los valores intrínsecos del libro que desencadenan un proceso de transmisión viral persona a persona, boca a boca, blog a blog y que, una vez conseguida una cierta masa crítica, ya entran en el mecanismo general del contagio. Valores intrínsecos que no necesariamente son literarios. Pueden consistir en originalidad, en polémica, en la generación de emociones...pero que tambien, por qué no, pueden tener que ver con la auténtica valía de la obra, con su mérito literario, con el esquivo concepto de calidad.

No es mucho, pero este mecanismo del contagio aún nos deja un pequeño reducto para la gran literatura.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

El éxito efímero

Otro apunte, otro toque de realidad, en el libro "Marketing para escritores" de Neus Arqués que he mencionado en el post anterior.

En este caso nos habla de la escasa durabilidad del éxito, especialmente para escritores noveles. Nos cuenta que el tiempo de promoción de un libro por una editorial, el tiempo de la gloria del escritor, suele ser del orden de, únicamente, una semana.

Pero la cosa es aún más dura. Parece que la conocida frase, muy utilizada en el entorno deportivo, que reza "Lo difícil no es llegar, sino mantenerse" aplica igualmente, quizá incluso de una forma aún más despiadada, en el mundo de la literatura.

Así de contundente lo expresa Neus Arqués:

"Un autor vale lo que vende su última obra"

Por supuesto, esa valía no se refiere a la valía artística o literaria, sino al valor de mercado. No importa mucho (salvo, quizá, digo yo, para autores consagrados) el haber publicado un libro de mediano éxito si la última novela o poemario son un fracaso en ventas.

Dos puntos, pues, a tener muy en cuenta: primero, el éxito en el mercado se mide en ventas y, segundo, es efímero, muy efímero.

No es muy bonito, no es muy artístico, no es muy literario... pero es muy real.