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domingo, 11 de agosto de 2019

Arte y ciencia según Aristóteles

Hace muy poco, he acabado de leerme la nivela 'Intento de escapada' (que reseñaré en este blog) que utiliza en su argumento una forma bastante extrema de arte. Cuando acabé de leerlo, y quizá por lo transgresor del arte que en sus páginas se escenificaba, me quedé intentando definir qué es realmente arte... y la verdad es que no me parece una tarea fácil.

Casualmente, uno o dos días después, y leyendo la 'Ètica a Nicómaco' de Aristóteles, me he encontrado con sus definiciones de arte y de ciencia. Y esa comparativa con la ciencia también me resulta oportuna, puesto que tras asistir como alumno al programa 'Humanismo y Revolución Digital' de la Escuela de Organización Industrial, también me he quedado dándole vueltas al papel de la filosofía y su relación con la ciencia y con el arte.

Bueno, tras estos preámbulos, ¿Qué nos dice Aristóteles sobre la ciencia y el arte?

Esta es su definición de ciencia.

Si hablamos con exactitud y no nos dejamos llevar por semejanzas o metáforas, todos sabemos que las cosas de las que tenemos ciencia no pueden ser de otra manera y de las cosas que no observamos no podemos decir si existen o no. Por tanto, lo que es objeto de la ciencia es necesario y, por eso, perpetuo e imperecedero. Además, toda ciencia puede ser enseñada y aprendida.

Entresaco de esa definición que la ciencia se refiere a cosas ciertas y permanentes....y que, quizá por eso, se puede enseñar y aprender.

¿Y el arte?

Todo arte trata de hacer de nuevo una cosa y practicar un arte es idear cómo puede producirse algo susceptible tanto de ser como de no ser, y cuyo principio está en el que lo produce y no en la cosa producida.

En este caso, no se refiere a cosas ciertas sino en cierto sentido a interpretaciones (pueden ser y no ser) y el foco se traslada hacia quien produce ese arte, y no al objeto del mismo (entiendo que porque ese objeto puede ser cierto o no).

Con todos mis evidentes respetos al pensador griego, no creo que estas definiciones, aunque las considero brillantes, agoten ni mucho menos el tema, pero sí me resulta muy interesante como característica diferenciadora entre ciencia y arte, ese objetivo de lo cierto y permanente en el caso de la ciencia y que, sin embargo, en el caso del arte, no parece ser relevante, pudiendo centrarse en objetos no ciertos y no permanentes.


domingo, 9 de octubre de 2011

Bases neurocientíficas del poder terapéutico del arte

Hace ya algo más de dos años publiqué en este blog algunos artículos que tenían como elemento común el papel terapéutico de la literatura.

El primero de ellos, 'El bisturí', nacía de una frase de Juan José Millás mientras que otro, titulado explícitamente 'Más terapia literaria', se recreaba en un poema de Carlos Marzal. Y no fueron los únicos artículos que atacaban ese tema. Otros, como los titulados 'Renuncia' o  'Lo sombrío' rozaban la misma problemática.

En todos ellos, el factor común, el hilo conductor, era esa capacidad de sanación, de abrir y cerrar heridas, de cauterizarlas, que posee la literatura.

Ese papel terapéutico de la literatura, que perciben escritor y lector, pudiera tener una base científica y, en concreto, neurológica.

En la fase final del libro 'Y el cerebro creó al hombre', Antonio Damasio explora la forma en que pudo nacer la conciencia en el ser humano y, en su parte final, el autor llega al momento del nacimiento de las artes y su motivación.

Al igual que con otros elementos de la conciencia, Damasio percibe una función homeostática, es decir, de regulación y conservación de la propia vida. Dado que para el científico portugués la conciencia está íntimamente ligada al cuerpo que habita y que le da soporte físico, dado que las emociones tienen su origen y correlato en lo físico, y dado que la recreación de emociones se transmite a esa sensación física, una actividad como son las artes, productoras de placer, podrían tener un efecto beneficioso para la propia vida y, en palabras del propio Damasio "ayudaron a la comunicación y a compensar los desequilibrios emocionales que el miedo, la ira, el deseo y el pesar podían causar".

Damasio resume así ese carácter terapéutico:

"No es que las artes fuesen una compensación completa o adecuada para el sufrimiento humano, para la felicidad inalcanzada, para la inocencia perdida; pero aún así fueron y son una cierta compensación, un contrapeso para las calamidades humanas. Las artes son uno de los extraordinarios dones que la conciencia ha concedido a los seres humanos."

Quizá, el identificar una posible báse científica y neurológica al poder terapéutico de las artes y la literatura pueda parecer que le reste al fenómeno algo de encanto y misterio... aunque cierto es que nada de su poder.

Pero quizá, en cierto sentido, incluso puede resultar tranquilizador. Al fin y al cabo, si Damasio está en lo cierto, esa capacidad terapéutica de las artes y la literatura no es una ilusión, una fantasía, sino una realidad, una afortunada y fascinante realidad.

domingo, 6 de febrero de 2011

Seth Godin y el arte (III): los medios y los fines

Tendemos a identificar a un artista con el arte que desarrolla. Pensamos en Goya como pintor, en Shakespeare como autor de teatro, en Galdós como novelista, en Fidias como escultor, Beethoven como compositor o en Alfred Hitchkok como director de cine. Y es natural que así sea, puesto que es en esa faceta artística en la que les hemos conocido y donde han alcanzado la excelencia.

Sin embargo, ¿hasta qué punto está ligada la esencia artística a una disciplina concreta?

Cierto es que esa excelencia en la expresión artística precisa de un dominio técnico de disciplinas concretas: el tallado de la piedra, el uso de los colores, el dominio del pincel, el vocabulario y dominio de la escritura, etc. Pero casos como el del polifacético Leonardo da Vinci nos avisan de que es posible expresar el arte de muchas diferentes formas, incluso para una misma persona, que quizá el arte tiene una esencia, un fin, que para Seth Godin, y como vimos en un artículo anterior, tiene que ver con la transformación del receptor, pero que ese fin se puede alcanzar a través de diferentes medios, que serían las diferentes ramas, disciplinas y expresiones del arte.

Dice Godin:

"No creo que uno nazca para hacer un cierto tipo de arte, principalmente porque tus genes no tienen ni idea de qué tecnología habrá disponible"

y remacha:

"Las personas hacen arte en el medio en que lo encuentran y no al contrario"

Y no deja de ser cierto. Como el propio Godin nos sugiere, nuestros antepasados de las cavernas no podrían haberse expresado a través de la escritura pero lograron hacerlo a través de una pintura tosca que sí tenían a su alcance. Se pregunta el autor, en esa misma línea, si en el caso de vivir William Shakespeare en la actualidad no mantendría un blog. Es bastante probable que sí lo hiciese, creo yo.

Al final, el arte parece habitar en nuestro interior. El talento, la idea y el afán por transformar, anidan en nosotros, y la técnica que utilizamos es sólo el fin para comunicar y transformar a nuestros interlocutores.

Cada artista, cada uno de nosotros, deberá buscar qué técnica, qué medio, se adapta mejor a sus capacidades e intereses para el fin comunicar y transformar.

domingo, 30 de enero de 2011

Seth Godin y el arte (II): los atributos del arte

Vuelvo a Seth Godin y su concepción del arte para resumir ahora las características que este pensador le atribuye. Preciso es recordar que la visión de Godin con respecto al arte es de amplio espectro y que abarca mucho más allá del arte tradicional y, de hecho, no es el arte tradicional su foco sino, más bien, el marketing, la creatividad y la innovación.

Aún así, y como ya apuntaba en el artículo anterior, creo que algunas de sus ideas y concepciones, son valiosas y perfectamente aplicables al arte traidcional. Veamos cuáles son los atributos del arte para Godin.

En primer lugar, y como desarrollamos en el artículo anterior, el arte es transformación. El arte debe ser capaz de alcanzar a los otros, cambiarles, transformarles. Es ésta, probablemente, la característica a que Godin otorga mayor valor y, sin embargo, la que más difícilmente encaja en la definición que sobre el arte se nos podría ocurrir.

El arte es humano. Quizá, ésta sea, por el contrario,  la característica más evidente y fácil de admitir. Para Godin, la intención es fundamental... y una máquina carece de intención.

El arte es original. Tampoco nos cuesta mucho dar por buena esta característica. El arte se separa de la técnica que lo sustenta. Se pueden hacer exccelentes réplicas de cuadros de los grandes maestros. Técnicamente serían perfectos...pero ya no serían obras artísticas. La obra de arte sería el primer cuadro, el original. Me hace gracia cómo lo ejemplifica Godin, así que transcribo el ejemplo que aporta:

"Marcel Duchamp era artista cuando fue pionero del dadaísmo e instaló un urinario en un museo. La segunda persona que instaló un urinario ya no era un artista, era un fontanero."

Para Godin, además, el arte es el producto de un esfuerzo emocional. Godin es un apasionado del riesgo, de asumir responsabilidades, de tomar el mando, de atreverse. No es extraño, pues, que atribuya un esfuerzo emocional al arte. Diría que, pensando, por ejemplo, en la literatura, la inversión emocional tiene otra lectura aparte de la relativa al riesgo. El autor, normalmente, se implica en su historia, vuelca sus ideas, sus sentimientos, sus experiencias en la obra artística, se implica en ella. Hay algo del artista en su obra. En ese sentido, la implicación, exige un esfuerzo emocional por parte del artista. Riesgo e implicación. A lo mejor, no son lecturas tan diferentes...

Finalmente, un atributo quizá discutible, pero tal vez el más bello que nos propone Godin: el arte es un regalo. No es fácil hacer convivir esta idea con el hecho de que los artistas reciban una remuneración por su trabajo. Sin embargo, un ejemplo que nos propone Godin puede ayudar a entenderlo. Y el ejemplo nada tiene que ver con las artes tradicionales, sino con un más que actual diseño industrial. Dice así:

"Un iPhone feo costaría lo mismo que uno bonito. La belleza es el premio gratuito que esconde, la bonificación, el regalo del artista que lo diseñó."

Y, al final, hemos acabado, con este ejemplo, mencionando la belleza, probablemente el primer atributo que se nos viene a la mente al pensar en el arte. Belleza, si, o probablemente si, pero también transformación, humanidad, originalidad, emoción y regalo.

Hermosos atributos para definir el arte.

domingo, 23 de enero de 2011

Seth Godin y el arte (I): el arte como transformación

No es Seth Godin un crítico de literatura, ni un linguista, ni un semiólogo. No es tampoco escritor o crítico de arte. Aunque sus obras son de una clasificación en ocasiones algo dudosa, se le suele adscribir al terreno del Marketing.

Sin embargo, en una de sus últimas obras, '¿Eres imprescindible?' nos habla con frecuencia del arte.

Es cierto que el arte a que se refiere Seth Godin en ese libro va mas allá de lo que normalmente entendemos por tal. No incluye en el término sólo las artes tradicionales, la literatura, la pintura, la escultura... Godin es capaz de ver arte en una atención a cliente excelente o en un magnífico plan de negocios.

Aún así, sus observaciones sobre el arte son agudas, provocadoras, y pueden conducir a interesantes reflexiones acerca del arte en su acepción más tradicional.

Una de las frases que más me ha llamado la atención es la siguiente:

"El arte es un don personal que transforma al receptor"

En más de una ocasión he asistido a debates y razonamientos acerca de la naturaleza del arte.

Una de las más tradicionales es la que pone el arte en conexión con la belleza. Según esto, las artes serían disciplinas dedicadas a crear belleza. Con independencia de lo subjetivo que ese término belleza es en sí mismo, nos encontraríamos en situaciones difíciles de justificar o de encajar. ¿No hay muchas obras de arte que, a pesar de su mérito, difícilmente podríamos calificar como bellas? ¿Qué decir, por ejemplo, de muchas de las obras de Goya encuadradas en sus pinturas negras como ese estremecedor 'Saturno devorando a su hijo' o, ya en el campo de la literatura, de algunos de los poemas de Baudelaire?

Quizá, más amplia y abarcadora que la mera limitación a la creación de belleza, sea esa otra concepción que pone el arte en relación con una actitud de comunicación de ideas o emociones. En esa línea de encuentra la definición que podemos encontrar, sin ir más lejos, en la Wikipedia.

El entendimiento de lo que es el arte para Seth Godin va, creo, una paso más allá. No se trata sólo de transmitir ideas o emociones sino también, y sobre todo, de transformar de alguna forma al receptor. La inducción de emociones, la transmisión de ideas, son una cierta forma, es verdad, de transformación del receptor. Pero la transformación del receptor a la que alude Godin es más amplia. Podría abarcar también el cambio de la forma de pensar del interlocutor, el impulso a la acción en el mismo, la transformación tanto interna como externa del receptor.

Hay otra parte en la definición propuesta por Godin que parece pasar más inadvertida. Se trata de esa característica de don personal con que se inicia la definición.

Quiza a primera vista esta parte de la definición sea más fácil de admitir y hasta de sobreentender. Adjudicamos al artista una cierta característica personal y distintiva, una cierta peculiaridad, llamémosla genialidad, inspiración o de cualquier otra forma en esa línea. No es contraria la definición de Godin a esa forma de entender el don pero creo que, de nuevo, Godin nos habla de algo más. Es necesario situar la definición en el contexto del libro para entenderla en toda su amplitud pero, en cualquier caso, creo que para Godin ese 'don' no es algo estático y pasivo de que goza el artista a modo de regalo del cielo o la naturaleza. Este don artístico a que alude Godin tiene también mucho que ver con la voluntad, con el empuje, con la decisión.



El emisor transforma al receptor porque puede hacerlo, sí, pero sobre todo porque quiere hacerlo. Es un acto de voluntad, no una mera gracia recibida.

Eso es arte, para Godin: talento si, pero sobre todo transformación, acción, voluntad, decisión, valentía...

Entendido de esta forma, se comprende mejor que Godin ve arte en muchas otras manifestaciones humanas que poco tienen que ver con las artes tradicionales.

Allí donde hay un talento en acción, allí donde ese talento, ese don, mejora el mundo que le rodea, allí hay arte.