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domingo, 9 de septiembre de 2012

La dificultad de clasificar el pensamiento

Nuestras necesidades cognitivas en ocasiones, pero en otras la simple necesidad de orden, nos lleva con frecuencia asignar etiquetas a cosas y fenómenos y a clasificarlos en categorías más o menos cerradas.

Esa práctica ayuda a poner orden, ayuda a entender y ayuda a recuperar posteriormente la información... pero no es más que una metodología, un intento, a medias exitoso, a medias fallido, de poner un orden donde, en ocasiones, ese orden realmente no existe.

Y traigo todo esto a colación a raíz de algo bastante banal. En mi página personal consigno breves reseñas de todos los libros que leo. Y, como el resto de las temáticas de la página están agrupadas en grandes temas...pues los libros también.

En ocasiones, la mayoría de las ocasiones realmente, esa labor de clasificación es muy sencilla, casi trivial. Pero existen casos, y hoy ha sido uno de ellos, en que realmente me ha costado mucho encontrar la clasificación adecuada. Tenía el susodicho volumen a clasificar un bastante de sociología, otro tanto de psicología, un poco de tecnología e, incluso, si se quiere, ligeros toques de política y economía.

¿Cómo clasificar algo así? 

En el caso al que me refiero he optado por conceder el máximo peso a la parte sociológica...pero no deja de ser, lo reconozco, una aproximación burda.

El pensamiento, el conocimiento, se resisten a ser clasificados. Es práctico y razonable el intentarlo, pero sabiendo que no estamos consiguiendo más que meras aproximaciones.

En realidad, debo confesar que, además, me atren particularmente los libros y temáticas multidisciplinares, de fronteras difusas. Probablemente ahí encuentre las visiones más ricas, más abarcadoras, más satisfactorias, más inspiradoras.

Así que, probablemente, no deba extrañarme, y no tenga derecho a quejarme, si luego me resulta complejo clasificarlo.

domingo, 11 de septiembre de 2011

¿Induce la lectura a la pereza mental?

Leo, no sin una cierta dosis de sorpresa, la siguiente cita de Albert Einstein:

"Leer, después de cierta edad, distrae demasiado a la mente de su actividad creativa. Cualquiera que lea demasiado y utilice poco su propio cerebro cae en hábitos de pereza mental."

Para ser justos, o al menos precavidos, hay que señalar que desconozco completamente el contexto en que el eminente científico realizó dicha afirmación y es más que probable que no se refiriese a la lectura de ficción o literaria, sino a una literatura científica.

Sin embargo, y prescindiendo del auténtico contexto e intención de Einstein, podemos preguntarnos si la afirmación es cierta, si la lectura conduce a la pereza mental.

Es cierto que la lectura tiene un cierto componente de pasividad, que supone el recibir el material que el escritor desea brindarnos sin una verdadera actuación sobre el mismo. En ese sentido, en especial si la obra literaria carece de profundidad, de matices, de ideas, y si el lector busca únicamente entretenimiento en la actividad lectora, ésta se puede convertir en una tarea meramente reactiva, sin apenas esfuerzo por parte del lector y, de este modo, podría acercarse a esa situación de pereza mental que estaría denunciando Albert Einstein.

Sin embargo, y mi propia experiencia de lectura apunta en esa dirección, un libro cuidado, con profundidad psicológica o filosófica, y ya no digamos un ensayo con valor intelectual, con ideas innovadoras o interesantes, sí inducen al pensamiento, a la reflexión, a la deliberación con uno mismo y su lectura puede ser una de las actividades más enriquecedoras desde un punto de vista intelectual.

Es posible, y ni siquiera estoy seguro de ello, que ese tipo de lectura profunda no sea una actividad creativa propiamente dicha, dado que sigue actuando sobre un material recibido...pero en absoluto se encuadraría en el ámbito de la pereza mental sino todo lo contrario, se trataría de una gran actividad intelectual e incluso sentimental.

A veces, incluso, la propia reflexión sobre el material leído, ha hecho surgir en mi mente ideas y voliciones nuevas, ideas y voliciones que posteriormente han encontrado su propio campo de acción...aunque no sea en el mismo momento de la lectura sino en una ocasión posterior. ¿No podría considerarse eso una actividad creativa? ¿No estaríamos superando, en esos casos maravillosos, la reactividad para entrar de lleno en la proactividad, en la creación, en la acción?

Parece que, al menos en esos casos, la presunta pereza mental causada por la lectura sería una acusación manifiestamente injusta.

Me resulta difícil creer que Einstein no haya vivido esos momentos de reflexión y creación encendidos por la lectura, que no haya experimentando el placer y estímulo intelectual a través de un libro. Quiero creer que en realidad estaba denunciando las actitudes pasivas, las que se refugian en la lectura de terceros sin producir ninguna idea propia. Quiero creer que en realidad Einstein lo que deseaba era el pensamiento, la reflexión, la creación... y quería evitar cualquier coartada para no aplicarla, fuese ésta la lectura o cualquier otra excusa.

domingo, 21 de agosto de 2011

Pensar y escribir (III): una ratificación

"No hay mejor forma de aprender sobre cualquier cosa que escribir un libro sobre ello."

Martin Gardner

Una cita, en este caso a cargo de un filósofo de la ciencia, el estadounidense Martin Gardner, viene a ratificar lo que ya he recogido en dos artículos anteriores (I y II): la estrecha conexión entre la escritura y el pensamiento.

Una afirmación sencilla y contundente que anima a escribir como forma de profundizar en el conocimiento sobre cualquier asunto.

Sin ninguna duda si hablamos de ciencia o de filosofía. Pero ¿y si hablamos de la vida, de la naturaleza humana, de los sentimientos, de los conflictos?

Tal vez ese sea, precisamente, el campo natural de la literatura.

domingo, 17 de julio de 2011

Pensar y escribir (II): el papel de las servilletas

Hace tres meses publicaba en este blog una reflexión titulada 'Pensar y escribir' en que, inspirado por un texto de Murakami en su 'De qué hablo cuando hablo de correr' recogía mi propia necesidad de escribir para pensar, algo que el autor japonés también decía sentir.

Y concluía que, en mi opinión, esa conexión entre escritura y pensamiento estaba relacionada con la necesidad de volcar en un soporte externo, mediante la escritura, nuestras ideas para, de esa forma, liberar recursos cognitivos que dedicar a seguir generando ideas y elaborar las anteriores.

En una fuente no literaria, sino en un tratado de productividad personal, el famoso 'Organízate con eficacia' de David Allen, encuentro una similar explicación:

"Muy pocas personas son capaces de centrar la atención en un tema durante más de un par de minutos sin la ayuda de alguna estructura objetiva o alguna herramienta o incentivo. Piense en un proyecto que tenga en marcha en estos momentos y trate de centrarse sólo en él durante más de sesenta segundos. Es una tarea bastante dífícil a menos que tenga bolígrafo y papel y utilice estos 'artefactos cognitivos' para retener sus ideas. Si dispone de ellos podrá pensar en lo mismo durante horas. Esto explica por qué las mejores ideas pueden surgir mientras se está ante el ordenador, elaborando un documento sobre el proyecto, o trazando un mapa mental en una libreta o en una servilleta de papel en un restaurante..."

Parece, pues, algo así como una ley general, aplicable también al campo de la literatura y la ficción. Difícilmente podremos retener una historia en nuestra cabeza, o perfilar en detalle unos personajes, si no trasladamos a papel lo que bulle en nuestros cerebros.

Probablemente esa sea la explicación cognitiva a la frase de Picasso "que la inspiración te encuentre trabajando"... o, al menos, digo yo, con una servilleta de papel cerca...

domingo, 8 de mayo de 2011

Cuantificando excedentes de capacidad cognitiva. La oportunidad latente

En su libro, 'Cognitive surplus', Clay Shirky introduce el concepto que da título a la obra, el 'cognitive surplus' y que traduciré como 'excedente cognitivo'. Afirma Shirky que a medida que ha ido aumentando nuestro nivel de vida, a medida que hemos ido disponiendo de tiempo libre, ese tiempo libre, que en los países desarrollados se emplea mayoritariamente para, simplemente, ver la televisión, constituye un excedente de capacidad cognitiva, de capacidad de pensamiento que, adecuadamente reconducido, puede dar unos resultados extraordinarios.

Se trata de una idea sugestiva e interesante y algunos de cuyos detalles desarrollaré, probablemente, en otro de mis blogs, 'Blue chip', más centrado en los aspectos tecnológicos, económicas y sociales del nuevo mundo digital.

Sin embargo, y por lo que de pensamiento supone, sí quisiera dejar en este blog siquiera un rastro apuntando unas cifras que, más allá de la curiosidad, nos dan una idea de la capacidad cognitiva de nuestra sociedad...y del desperdicio que estamos cometiendo si no la aprovechamos adecuadamente.

Afirma Shirky, basándose en una estimación de Martin Wattenberg, un investigador de IBM autorizado en la materia, que el trabajo para construir la Wikipedia equivale a cien millones de horas de pensamiento humano. Desde luego, parece mucho, muchísimo. Sin embargo, el valor que aporta Wikipedia a la recolección y difusión del conocimiento, parece que bien justifica esa inversión de tiempo y esfuerzo. Y el mecanismo cooperativo, voluntario y social  por el que la Wikipedia ha sido creada, convierten a este medio en algo admirable, casi único.

Pero ¿es realmente tanto el esfuerzo dedicado a la Wikipedia?. Aunque es una enorme cantidad de pensamiento condensado, las cifras de Wikipedia palidecen si las comparamos con el tiempo que dedicamos a ver la televisión.

Concentrándonos sólo en EEUU, y en un único año, las horas dedicadas a ver la televisión son, nada más y nada menos, que cien billones de horas, lo que equivale a decir que, si la población norteamericana dedicase su tiempo a construir Wikipedias, en lugar de a ver la televisión, cada año podría crear ¡¡¡ dos mil wikipedias !!!

Solo en EEUU... ¡cien billones de horas de pensamiento sin utilizar! ¡la posibilidad de crear dos mil proyectos equivalentes a Wikipedia!

Se pude ver como un desperdicio o como una oportunidad, una enorme oportunidad.

Realmente, si la humanidad es capaz de utilizar ese pensamiento de manera productiva e innovadora todo ese excedente cognitivo, toda esa capacidad intelectual desperdiciada, ¿de qué no seremos capaces?

domingo, 10 de abril de 2011

Pensar y escribir

Con cierta frecuencia afirmo, ya sea para mi mismo ya sea para terceros, que 'pienso mientras escribo'. No sé, no recuerdo si, incluso, ya he comentado ese hecho en este blog o en alguno otro de los que mantengo.

Y no me refiero exclusivamente, ni siquiera especialmente, a la escritura en entendida en su vertiente literaria, sino a escritura en sentido amplio, sobre cualquier tema, muchos de ellos del ámbito profesional, y en cualquier formato: texto propiamente dicho, pero también esquemas, dibujos, hojas excel o presentaciones Powerpoint.

Creo que la esencia de esa escritura-pensamiento es descargar en un soporte externo las ideas que cruzan nuestra mente. Es como si el cerebro no tuviese suficiente capacidad como para retener ideas no suficientemente elaboradas y precisase el volcado en ese medio externo para, liberando recursos cognitivos, ser capaz de ir más allá, de construir nuevas ideas o enlazar las existentes. O quizá sea que la escritura fuerza a fijar la atención, a dedicar recursos cognitivos en la tarea realizada consiguiendo, mediante el incremento de atención, una mayor profundización en los conceptos.

Sea como fuere, es para mi un hecho indudable la enorme aportación que para el pensamiento supone el fijar las transcribir las ideas, a un papel o a cualquier otro medio físico o electrónico que sirva para plasmar y potenciar de alguna manera ese curso del pensamiento.

No debe ser, además, una particularidad mía, sino algo inherente al funcionamiento de nuestro cerebro.Por si sirve como corroboración, y para cerrar los comentarios que el libro 'De qué hablo cuando hablo de correr' de Haruki Murakami me ha sugerido, traigo aquí la colación a siguiente afirmación del autor:

"yo, como debe ocurrirle a la mayoría de los que se dedican a escribir, pienso cosas mientras escribo. No es que ponga por escrito lo que pienso, sino que pienso mientras elaboro textos. Doy forma a mis pensamientos mediante la labor de escritura. Y, al revisar textos, profundizo en mis reflexiones."

Es casi una transcripción literal de la idea que yo tenía al respecto.Sólo añadiría el matiz de que no creo que sea algo que afecte sólo a los que se dedican a escribir. Creo que es algo inherente a nuestro cerebro y configuración neurológica. Casi podríamos afirmar, parafraseando a Descartes:

"Escribo luego pienso"

domingo, 26 de diciembre de 2010

50.000 pensamientos

50.000 pensamientos diarios.

Esa es la cifra que leo en un libro sobre gestión del tiempo y productividad personal y que refleja, de alguna forma, nuestro ritmo de actividad intelectual.

He echado unas cuentas rápidas y, si descontamos las supuestas ocho horas que pasamos durmiendo, eso significa, aproximadamente, un pensamiento cada segundo.

Ignoro la fiabilidad de la cifra, ignoro el método empleado para obtenerla e ignoro qué se considera pensamiento en el ámbito del estudio que haya concluido con este valor.

En cualquier caso, y a poco que le concedamos validez, es toda una esperanza, toda una demostración de potencialidad, todo un tesoro por explotar de creatividad y reflexión.

50.000 pensamientos diarios.

Está en nuestras manos, o en nuestros cerebros, aprovecharlos.

lunes, 25 de mayo de 2009

Escribo, luego pienso. La escritura y la amplificación del pensamiento

Más de una vez he dicho, en mi entorno cercano, especialmente en el profesional (y creo que en alguna entrada de éste u otro blog), que yo pienso cuando escribo. Necesito, de alguna forma, plasmar en palabras, en esquemas, en dibujos, las ideas que me rondan la cabeza.

Pero esa escritura es también pensamiento. No se trata de grabar en un papel, o en un documento electrónico, unas ideas ya construidas. No. La escritura y el pensamiento son procesos iterativos, interconectados, que se realimentan. El pensamiento lleva a la escritura, pero la escritura conlleva reflexión sobre lo que se escribe, análisis acerca de su sentido, revisión, reformulación...nuevo pensamiento.

El plasmar las ideas en un papel nos enfrenta a ellas, nos exige rigor, desambiguación, exactitud, corrección, claridad,...perfeccionar las imágenes borrosas, las frases inconclusas o desestrucuradas que surgen en nuestro cerebro. Y esa autoexigencia es fecunda, estimulante, realizadora...es nuevo pensamiento.

La escritura, además, proporciona distancia, tiempo. Ofrece la oportunidad para revisar y corregir, para que lo que finalmente dejemos escrito como resultado de nustro proceso intelectual, sea perfecto, ajustado a lo que realmente queríamos decir. Evita improvisaciones, equívocos, imprecisiones...

Quizá, por eso, lo escrito goza de ese prestigio superior, esa autoridad frente a la expresión oral, frente a las palabras que se lleva el viento.

La escritura no es una tarea mecánica. La escritura es perfeccionar y amplificar lo pensado. La escritura es pensamiento en sí misma...

domingo, 22 de marzo de 2009

El silencio tras la lectura

"Lo que leemos, lo callamos. Las más de las veces conservamos el placer del libro leído en el secreto de nuestra celosía. Bien porque no vemos en él nada que decir, bien porque antes de poder decir una palabra, tenemos que dejar que el tiempo efectúe su delicioso trabajo de destilación. Ese silencio es la garantía de nuestra intimidad. El libro ha sido leído, pero nosotros seguimos en él."

Daniel Pennac
'Como una novela'

... "el libro ha sido leído, pero nosotros seguimos en él"... ¿Habéis sentido alguna vez esta permanencia del libro en vosotros?. Pocos placeres son comparables a ese silencio tras la lectura, a ese despertar de la ensoñación profunda, a esa vuelta apacible de otro mundo y otras vidas, a esa reflexión íntima que promueven los grandes libros, las grandes historias, leídas en las circunstancias adecuadas.

Quien lo haya vivido creo que amará la lectura para siempre y buscará, una y otra vez, reencontrarse con ese silencio a la vez reflexivo y satisfecho que cierra las mejores sesiones de lectura.

sábado, 14 de marzo de 2009

... y la escritura como pensamiento

Continúa Imre Kertész:

"Descubrí que escribir sobre la vida equivale a pensar sobre ella, que pensar sobre la vida equivale a cuestionarla..."

Imre Kertész
'Kaddish por el hijo no nacido'

El lenguaje, no sólo como vehículo para expresar el pensamiento, sino para conformarlo, para crearlo. No hay manera más poderosa de pensar que intentar escribir esos pensamientos de alguna manera: un esquema, un dibujo, una poesía, una novela...quizá un post en un blog.