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domingo, 3 de enero de 2016

Convertido en personaje

A todos los que amamos la literatura nos gusta leer, nos gusta perdernos en los mundos posibles concebidos por otros, por los escritores, vivir o contemplar vidas que otros han imaginado y que nos regalan como experiencias virtuales, como aprendizajes en cabezas ajenas, como espectáculos imaginarios...

Muchos de los que amamamos la literatura soñamos con crear literatura, soñamos con escribir y publicar. Escribir no es difícil, publicar es harina de otro costal, aunque en el nuevo mundo de Internet, se han eliminado muchas barreras.

Pero a pocos, probablemente a muy pocos de los que amamos la literatura, se nos ha pasado por la cabeza el ser personajes de una novela u obra de teatro, habitantes de uno de esos mundos posibles por otros concebidos y por otros visitados.

He pasado por las tres fases.

Por supuesto leo, mucho más que la media, mucho menos de lo que quisiera.

Y sueño con escribir. En realidad ya he escrito y lo que sueño es con publicar.

Pero lo que recientemente he conseguido, sin que al decir que he conseguido me atribuya la menor sombra de mérito en el hecho, es convertirme en personaje. Si, personaje de una ficción, personaje de una novela, habitante de un mundo posible.

En realidad, sabía que iba a suceder, lo que no sabía era cuándo ni bajo qué forma.

Hace ya mucho tiempo, no recuerdo cuánto, pero sí estoy seguro de que se cuentifica en años, un joven novelista, Rafael Martín Masot, con quien tenía el privilegio de compartir charlas, debates e, incluso, naderías, en el portal literario 'El recreo', me ofreció, al tiempo que me pedía autorización, utilizar mi nombre para convertirme en personaje de la novela que estaba escribiendo. 

No fui el único. Lo mismo hizo con otras personas del mismo foro como Miriam Cendra o Verónica Guijarro.

Pasó mucho tiempo desde entonces y ya me preguntaba si aquel proyecto literario había descarrilado, ocupada la mente y el tiempo del escritor por sus exigentes estudios de Medicina, porque Rafael era, es, como he dicho, muy joven, y un tiempo después de aquel ofrecimiento, y un tiempo después de haber escrito ya nada menos que tres novelas, iniciaba sus estudios universitarios... y no en el campo de la literatura o la filosofía, sino en el de la medicina. Probablemente, los talentos más profundos e inquietos sean multidisciplinares.

Marta y Rafael Martín Masot con la novela
Hace unos meses, el propio Rafael me avisó por correo electrónico de que la novela iba a ser publicada en Septiembre.

Ha pasado un tiempo, he comprado el libro... y lo he leído.

Y,  al final, ha sucedido, me ha sucedido, la más insospechada e improbable aspiración de un amante de la literatura: me he visto convertido en personaje.

Mi nombre consta en la novela, largo, completo, rotundo, inconfundible: Ignacio González de los Reyes-Gavilán.

¿Mi personalidad?

Un general del ejército nacional, pagado de sí mismo, orgulloso de haber acabado con muchos anarquistas,   y muy afecto al régimen franquista.

¿Qué tiene de mí ese personaje?

Creo que sólo el nombre, aunque supongo que algún paralelismo habrá avistado la imaginación de Rafael.

Pero eso da igual. El personaje ayuda al desarrollo de la trama de la novela, ayuda a construir y hacer más creíble ese mundo posible que Rafael, y su hermana Marta, han concebido, escrito y publicado. Y eso es por sí mismo un orgullo. 

A lo mejor he bailado con la más fea...pero he bailado... y el baile ha sido hermoso.

¿La novela? Si, perdón, no la había mencionado.

Detalle de la portada de 'Las horas del silencio'
Se trata de 'Las horas del silencio'... y es más que aconsejable su lectura, no porque yo sea un personaje, sino por la novela en sí misma.

Os aconsejo de corazón leerla y, por cierto, la próxima semana, en este mismo blog, haré una reseña de la misma.


sábado, 20 de diciembre de 2014

Aunque sólo sea por seguir volando.

Tenía intención de no hacerlo, pero creo que es necesario.

Tenía intención de que este blog fuera más un contenedor de reflexiones, ideas y teorías sobre literatura y humanidades que un conjunto de reseñas, que es lo que contienen una buena parte de los blogs dedicados a la literatura.

Y durante mucho tiempo he conseguido mantener esa intención inicial. Y, sinceramente, me gustaban los contenidos que creaba y lo que estaba consiguiendo con el blog.

Y sinceramente también, creo que las reseñas que escribo típicamente en mi página personal, no son lo brillantes que yo desearía para 'El cielo del gavilán'.

Pero tras un año de sequía, de falta, en ocasiones de ideas, y las más de las veces de tiempo que me ha impedido mantener vivo este blog, he reconsiderado la postura inicial.

He pensado que mejor seguir volando bajo, que permanecer en un nido vacío esperando, expectante, a elevarme a lo más alto.

He pensado que, mejor, cuando la inspiración y el tiempo vuelvan, me encuentren 'blogueando'.

Y por eso, y como una forma más sencilla de mantener vivo el blog, comenzaré, en breve, a publicar reseñas de mis lecturas.

No era mi intención inicial, pero creo que es necesario.

Aunque sólo sea por mantener vivo este blog.

Aunque sólo sea por retomar el contacto con los seguidores que tuve.

Aunque sólo sea por seguir volando.

domingo, 15 de septiembre de 2013

300... libros

Ayer Sábado 14 de Septiembre publicaba en Mundo Azul (www.ignaciogavilan.com), mi página personal, la reseña de 'Sobre los ángeles' de Rafael Alberti.

No se trata de un libro realmente especial para mi, no se trata de un libro que haya disfrutado especialmente o que recomendaría, sino más bien todo lo contrario,...pero se trata del libro que hace el número 300 en la sección de literatura de dicha página, que viene a querer decir el número 300 de los libros de ficción leídos desde que, en Diciembre de 2005, lancé mi página personal en Internet, y momento en que comencé a publicar reseñas de todos, absolutamente todos, los libros que he leído desde ese momento.

Estos 300 libros de ficción (narrativa, poesía, teatro) se suman a los 31 libros sobre temas de tecnología, 82 sobre temas variados de empresa (estrategia, marketing, operaciones, liderazgo, etc) y 40 en el área de humanidades (psicología, sociología, teoría literaria, etc).

300 libros de ficción, 453 libros en total, leídos en poco menos de 8 años, en 93 meses, en unas 380 semanas (este último dato es sólo aproximado, no lo he comprobado).

Teniendo en cuenta que el periodo transcurrido desde el lanzamiento, esto supone que, desde entonces, he leído a ritmo de algo más de tres (3,23) libros de ficción al mes, poco menos de un libro a la semana, pero casi cinco (4,87) libros leídos al mes si incluyo todos aquellos de no ficción lo que completa la cifra, ahora sí, de algo más de un libro semanal.

¿Es mucho? ¿Es poco?

¡Quien sabe!

Seguro que se trata de una cifra muy, muy por encima de la media nacional...pero probablemente apreciablemente por debajo de las marcas que pueden conseguir los 'auténticos' devoradores de libros.

Lo que no me cabe duda es del enriquecimiento que esta experiencia de lectura supone, de las perspectivas que me abren tantas y tan variadas obras, del aprendizaje implícito o explícito que supone, de las muchas horas de disfrute y desarrollo personales.

300 libros que, como los míticos 300, protegen una Esparta de intelectualidad y reflexión, de conocimiento y sensibilidad.  300 que, a a diferencia de los heroicos espartanos, no terminan en estas Termópilas sino que tendrán continuidad, espero, durante muchos años y muchas nuevas horas de ocio, estudio y disfrute.

domingo, 30 de septiembre de 2012

Mis experiencias con e-books

Tenía tanto libro en papel esperando ser leído, y la inercia de seguir comprando por impulso en las librerías tradicionales aquellos libros que me llamaban la atención era tan fuerte que, a pesar de disponer ya desde hace tiempo de un e-reader (un modesto pero apañado Kindle, en la parte más baja de su gama), y a pesar de que, por otros motivos, tenía un gran interés en experimentar de primera mano cómo es eso del libro electrónico, la lectura de e-books ha sido una experiencia que se había ido retrasando.

Ahora que ya he leído algunos libros en este nuevo medio, ahora que, incluso, ya empiezo a tener una lista de libros electrónicos esperando a ser leídos, quisiera hacer una anotación de sensaciones, una suerte de comparativa, personal y nada científica, acerca de las diferencias, los pros y los contras, que encuentro en una y otra experiencia lectora.

Conviene anotar que, todavía, los libros electrónicos que he leído caerían dentro de la categoría de no ficción (libros sobre management, habilidades y gestión de la tecnología), pero aún no me he lanzado a leer novelas, y mucho menos poesía, por este medio. Calculo que la lectura propiamente literaria en libro electrónico me podría ofrecer facetas nuevas a valorar.

Advertido esto ¿qué diferencias observo?

LO BUENO

Una característica muy propia del libro electrónico, y que he valorado muy positivamente, es su carácter de hipertexto, de libro extendido, la posibilidad de acceder desde el propio libro a otras informaciones. En el caso de mi modesto Kindle, y a pesar de que ni siquiera le funciona adecuadamente la conectividad WiFi, lo que más me ha ayudado, y dado que he leído libros en Inglés, es la integración con un diccionario de forma que, con sólo situar el cursor al lado de una palabra, me proporciona inmediatamente su entrada en el diccionario.

Bastante ligado a lo anterior está la posibilidad de interacción, compartición y colaboración con otros. Así, y aunque yo no he podido utilizarlo por los problemas de conectividad ya mencionados, podría eventualmente compartir de forma inmediata citas en Twitter. Yo no le he utilizado, insisto, pero si he detectado a personas que sigo en Twitter que sí han utilizado esta capacidad.... y creo que tiene su gracia y su interés.

Otras capacidades típicamente electrónicas, como buscar una palabra o una frase dentro todo un libro, son algunas de las grandes ventajas del libro electrónico.

... y el espacio... o la no necesidad de espacio. Ahora que tengo mi hogar repleto de libros, que cada nuevo libro físico que adquiero constituye un problema a la hora de encontrarle acomodo en alguna estantería, el comenzar la andadura por los libros electrónicos es un evidente alivio y una promesa de 'escalabilidad'.

LO NO TAN BUENO

Pero existen algunos aspectos en los que creo que, sinceramente, el papel gana a lo electrónico.

Algo muy personal que siento he perdido con el libro electrónico (o no he sabido traducirlo al nuevo medio) es lo que yo llamaría la exploración. Me refiero a esa visualización rápida de un libro (la portada, la contraportada, las solapas, el índice, la propia longitud del libro, y, sobre todo, la exploración mediante ojeo rápido del contenido). Una exploración que utilizo antes de adquirir un libro pero también a veces, al inicio de su lectura o, incluso, en algún momento intermedio.

Otra pérdida, que enlaza con la de la exploración a mitad de la lectura, es el contexto. Me explico. Especialmente cuando se trata no de ficción, sino de tratados más o menos complejos, me suele resultar conveniente de vez en cuando echar la vista atrás, recordar la estructura del discurso (que me suele proporcionar un vistazo al índice) y el repaso un poco de lo tratado hasta el momento (que recupero mediante un ojeo más o menos rápido). Ese repaso de contexto lo considero muy importante para cierto tipo de lecturas y sé como hacerlo de forma rápida y cómoda en un libro en papel...pero no he encontrado cómo hacerlo en mi Kindle.

De nuevo, muy relacionado con el ojeo rápido, he echado en falta la búsqueda de recuerdos a medias. Me explico de nuevo. A veces recuerdo vagamente una frase o una explicación y quiero volver a localizarla. En el libro en papel la memoria fotográfica me ayuda. Más o menos recuerdo por dónde estaba, si lo vi en página par o impar y si estaba hacia la parte superior o inferior de la página. Con eso, suelo encontrar con relativa facilidad esa frase, explicación o cita que solo recuerdo vagamente. Pero no sé cómo traducir eso a un libro electrónico. Las capacidades de búsqueda concreta, de una palabra o una frase concretas, son mucho mayores en el libro electrónico que en el papel...pero en lo que a la búsqueda vaga se refiere... es diferente. Ahí no veo que el libro electrónico tenga mucho que ofrecerme, al menos en lo que yo conozco y he experimentado.

SENSUALIDAD Y EXPERIENCIA DE LECTURA

Creo que alrededor de la experiencia de lectura, en torno a lo que es la centralidad de la actividad lectora, la captación del mensaje, información, historia o sentimiento y, eventualmente, la belleza, calidad o eficacia de la expresión, existen elementos anejos, no estrictamente literarios, que conforman la experiencia del amante de la lectura.

Se inicia en la propia búsqueda y compra. Puede resultar muy agradable el perderse en librerías, el curiosear entre los volúmenes, el sorprenderse con hallazgos, el explorar libros o el recibir el consejo de los cada vez menos frecuentes libreros eruditos, amantes y conocedores de la literatura...experiencias todas ellas muy ligadas al libro impreso. Frente a esta experiencia, tenemos la eficacia, la rapidez, la sencillez de la adquisición de un libro electrónico. Sin que se entienda como propaganda, debo decir que la sencillez de comprar un libro electrónico para Kindle en Amazon es sencillamente espectacular. Probablemente está pendiente aún de fuerte evolución y redefinición el papel de las librerías frente al libro electrónico, evolución que puede ir desde su total desaparición hasta su conversión en sitios 'de experiencia', lugares donde más que adquirir el libro electrónico (que evidentemente será posible) se puedan recibir consejos de lectores expertos, charlas con otros lectores, tomar un café o tener acceso a otras experiencias multimedia (vídeo, música, noticias...)

Existe otra experiencia más ligada a la propia lectura que tiene un algo de sensual: el tacto del libro en las manos, su peso, las diferentes texturas que ofrecen las hojas... Debo confesar que al menos en mi caso hay un placer en el propio hecho de tener un libro en las manos, especialmente en libros con edición cuidada y acertada. El libro electrónico pierde este tipo de sensualidad...pero tiene la suya propia. Los e-readers, en mi caso un Kindle, son aparatos atractivos, muy cuidados en cuanto a interfaz, en cuanto a peso, en cuanto a aspecto. Debo confesar que, al igual que hace años cuando tuve mi primer PC estaba cautivado hasta casi el enamoramiento de su aspecto y del tacto y repiquetear de su teclado, ahora con mi Kindle siento de nuevo el placer sensual de tener tan mimado y bien diseñado equipo en mis manos, sentir su volumen y su peso, notar la suavidad con que se pasan las páginas pulsando sus teclitas laterales...

No puedo decir si una experiencia es mejor que la otra...pero son diferentes. Y aunque no constituyen el foco de la actividad lectora, contribuyen a la experiencia lectora como un todo.

Epílogo

El tiempo pasa y la sociedad y las tecnologías evolucionan. Creo que al final el libro electrónico, probablemente un libro electrónico diferente al que hoy conocemos, acabará desplazando al libro en papel, aunque también creo que eso sucederá lentamente y habrá un largo periodo de convivencia entre el papel y lo electrónico, periodo que ya estamos en realidad iniciando.

En esa evolución, inevitablemente, perderemos algo, algo que para aquellas generaciones que amaron el libro en papel constituirá una pérdida dolorosa e irreparable, pero una pérdida que las nuevas generaciones, nativos digitales que apenas hayan conocido la lectura de libros impresos, ni siquiera advertirán. A cambio, habrá nuevas posibilidades, nuevas capacidades y experiencias que enriquecerán la experiencia lectora de las nuevas generaciones.

Al final, siempre nos quedarán las palabras, su mensaje y su belleza, y también, y con ellas como vehículo, el conocimiento, la conciencia y el espíritu de quien las escribió.

Y eso es lo que verdaderamente importa ¿no?

domingo, 9 de septiembre de 2012

La dificultad de clasificar el pensamiento

Nuestras necesidades cognitivas en ocasiones, pero en otras la simple necesidad de orden, nos lleva con frecuencia asignar etiquetas a cosas y fenómenos y a clasificarlos en categorías más o menos cerradas.

Esa práctica ayuda a poner orden, ayuda a entender y ayuda a recuperar posteriormente la información... pero no es más que una metodología, un intento, a medias exitoso, a medias fallido, de poner un orden donde, en ocasiones, ese orden realmente no existe.

Y traigo todo esto a colación a raíz de algo bastante banal. En mi página personal consigno breves reseñas de todos los libros que leo. Y, como el resto de las temáticas de la página están agrupadas en grandes temas...pues los libros también.

En ocasiones, la mayoría de las ocasiones realmente, esa labor de clasificación es muy sencilla, casi trivial. Pero existen casos, y hoy ha sido uno de ellos, en que realmente me ha costado mucho encontrar la clasificación adecuada. Tenía el susodicho volumen a clasificar un bastante de sociología, otro tanto de psicología, un poco de tecnología e, incluso, si se quiere, ligeros toques de política y economía.

¿Cómo clasificar algo así? 

En el caso al que me refiero he optado por conceder el máximo peso a la parte sociológica...pero no deja de ser, lo reconozco, una aproximación burda.

El pensamiento, el conocimiento, se resisten a ser clasificados. Es práctico y razonable el intentarlo, pero sabiendo que no estamos consiguiendo más que meras aproximaciones.

En realidad, debo confesar que, además, me atren particularmente los libros y temáticas multidisciplinares, de fronteras difusas. Probablemente ahí encuentre las visiones más ricas, más abarcadoras, más satisfactorias, más inspiradoras.

Así que, probablemente, no deba extrañarme, y no tenga derecho a quejarme, si luego me resulta complejo clasificarlo.

domingo, 26 de diciembre de 2010

50.000 pensamientos

50.000 pensamientos diarios.

Esa es la cifra que leo en un libro sobre gestión del tiempo y productividad personal y que refleja, de alguna forma, nuestro ritmo de actividad intelectual.

He echado unas cuentas rápidas y, si descontamos las supuestas ocho horas que pasamos durmiendo, eso significa, aproximadamente, un pensamiento cada segundo.

Ignoro la fiabilidad de la cifra, ignoro el método empleado para obtenerla e ignoro qué se considera pensamiento en el ámbito del estudio que haya concluido con este valor.

En cualquier caso, y a poco que le concedamos validez, es toda una esperanza, toda una demostración de potencialidad, todo un tesoro por explotar de creatividad y reflexión.

50.000 pensamientos diarios.

Está en nuestras manos, o en nuestros cerebros, aprovecharlos.

lunes, 31 de mayo de 2010

Un poema... porque sí.

Traigo hoy a este blog un poema de Miguel Hernández, un poema incluído en su poemario 'El rayo que no cesa' y denominado con un simple número, el nueve.

Desde hace semanas lo tenía señalado, lo tenía marcado para retornar a él, no con una pluma ni un pétalo de rosa, sino con un simple y mundano billete de metro.

Es un soneto, y dice así:

"Fuera menos penado si no fuera
nardo tu tez para mi vista, nardo,
cardo tu piel para mi tacto, cardo,
tuera tu voz para mi oído, tuera.

Tuera es tu voz para mi oído, tuera,
y ardo en tu voz y en tu alrededor ardo,
y tardo a arder lo que a ofrecerte tardo
miera, mi voz para la tuya, miera.

Zarza es tu mano si la tiento, zarza,
ola tu cuerpo si lo alcanzo, ola,
cerca una vez pero un millar no cerca.

Garza es mi pena, esbelta y triste garza,
sola como un suspiro y un ay, sola
terca en su error y en su desgracia terca.
"

No sé si es de lo mejor o no del poeta; no sé si es un poema maduro o no y no quiero ni me atrevo a comentar su estructura, su significado, su rima o sus presuntos méritos.

Sólo sé que me llamó la atención su ritmo, la obsesiva repetición de palabras en rápida cadencia. Sólo sé que me llamó la atención... y me gustó.

¿Qué más se necesita?

domingo, 23 de mayo de 2010

La soledad en cifras

La soledad. Ese sentimiento tan humano... y tan literario. Hay muestras brillantes y tremendas a un tiempo en nuestra literatura describiendo la soledad. Se me vienen a la mente 'La lluvia amarilla' de Julio LLamazares o 'Blasón de muérdago' de Luis Mateo Díez.

Sin embargo, la soledad puede ser objeto no sólo de aproximaciones literarias. Aunque parezca mentira, tambien puede ser estudiada de forma científica e, incluso, matemática.

Me encuentro leyendo 'Conectados' de Nicholas A. Christakis y James H. Fowler, un libro que estudia las redes sociales...pero no las herramientas de Internet bajo ese mismo nombre, sino las redes humanas, las que se establecen entre personas por diferentes medios. En ese contexto, estudia el impacto de las redes sociales en la propagación de efectos de todo tipo, desde el amor, a la salud, pasando por las ideas políticas, la felicidad...y la soledad.

Nos dicen los autores al respecto de ésta última:

"Las personas que tienen más amigos, tienen menos probabilidades de experimentar la soledad. Cada amigo extra reduce en torno a dos el número de días en que nos sentimos solos en todo un año. . Puesto que (según nuestros datos) las personas se sienten solas una media de cuarenta y ocho días al año, tener un par de amigos extra reduce nuestra soledad en torno a un diez por ciento."

Ya sabemos cómo cuantificar la soledad o, al menos, su impacto en nuestras vidas...y una estimación numérica de cómo reducirla, de cuántos amigos necesitamos.

Lo que es terrible es ver el valor medio: cuarenta y ocho días de soledad al año, un 13,15% de los días, un 13,15% de nuestra existencia.

Cuarenta y ocho días de soledad al año.

Debo ser afortunado...

domingo, 25 de abril de 2010

Nostalgia de un Sant Jordi no vivido

Hoy he sentido una extraña, quizá absurda, nostalgia de un Sant Jordi que nunca he vivido.

El viernes, el día 23, me acerqué a una librería a echar un vistazo, pero nada de lo allí expuesto me tentó lo suficiente, ninguna nueva novela, ninguna colección de poemas, ningún ensayo.

Nada preocupante ni extraño. Aún tengo lectura pendiente y no todas las visitas a librerías dan fruto. No siempre hay joyas esperando o no siempre las sé descubrir.

Pero a lo largo del fin de semana, sin saber muy bien por qué, he sentido una inexplicable y creciente nostalgia de ese libro no comprado, de esa obra no regalada, nostalgia de algo que ya no tiene título ni razón. Nostalgia de un día del libro y de un Sant Jordi, que no han aportado un nuevo tesoro, una nueva aventura a mi biblioteca.

Creo que el año que viene no permitiré que vuelva a ocurrir, no permitiré un Sant Jordi sin libro. El año que viene le compraré a mi dama una rosa y a mi un libro...o, quizá mejor, una libro para cada uno...

domingo, 26 de octubre de 2008

Dadme tiempo

Hace pocas fechas que he llegado por aquí.

Me ha atraído a esta comunidad de bloggers, la presencia de amigos virtuales que había conocido en otros espacios, quizá mejor decir en otros ciberespacios.

Me he dado de alta, para mejor estar en contacto con ellos...pero aún no he decidido qué voy a hacer exactamente con este blog.

Sin embargo, algunos ya habéis tenido la amabilidad de invitarme a vuestra red de amistades. Aún no he contestado. No os ofendáis. Simplemente, estoy dándome algo de tiempo para decidir qué papel le voy a dar a este blog y este espacio.

(publicado en blog.com.es el 30-Marzo-2008)