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domingo, 7 de febrero de 2010

La lectura y sus circunstancias (II): el sosiego

De nuevo Carmen Martín Gaite nos proporciona la excusa para comentar otra de las circunstancias que condicionan el disfrute y aprovechamiento de la lectura. En un artículo publicado, en esta ocasión, en 1987, afirma:

"Para crear una relación personal y profunda entre el lector y el libro, se requiere una actitud de concentración y sosiego que el mundo actual no solamente no favorece sino que intenta desprestigiar como poco rentable."

Y un poquito más adelante:

"Se lee.... de milagro, porque milagro es que puedan producirse aún situaciones en que una persona se abrace gustosamente a su soledad, de espaldas a cualquier interferencia."

No entraré a valorar si el mundo actual favorece o desprestigia el sosiego, pero no me cabe duda que esa tranquilidad, esa concentración, esa soledad abrazada, es un factor determinante para el disfrute de una lectura, para el aprovechamiento, para la captación de matices, para la casi inefable fusión entre nuestro entendimiento, nuestra imaginación y nuestra alma con la historia narrada o con el verso cantado que se produce cuando a una buena lectura la rodean las adecuadas circunstancias de comodidad, de concentración, de sosiego exterior e interior.

Quien haya vivido al menos en una ocasión esa resonancia íntima con un libro, esa fusión que sólo se puede producir en una situación de sosiego profundo, buscará repetir la experiencia, una y otra vez.

domingo, 10 de enero de 2010

La lectura y sus circunstancias: la edad

Hace algunas semanas leía un artículo de Carmen Martín Gaite publicado en 1979 en Diario 16 a propósito de la lectura de "El gran Meaulnes" de Alain Fournier. Y decía, entre otras cosas, lo siguiente:

"Un poema narrativo es, efectivamente, 'El gran Meaulnes' y uno de los más bellos que he leído jamás sobre la adolescencia. Precisamente por referirse a esa edad en cuyos umbrales todo parece posible y se viven los descubrimientos de otra manera, he sentido mucho que este libro no cayera en mis manos a los quince años, como Valverde tuvo la suerte de que pasara con él. Es decir, que junto al deslumbramiento que me producía ahora -ya maleada por esquemas críticos deformantes- la lectura de 'El gran Meaulnes', me invadía una especie de nostalgia retrospectiva, como siempre que disfrutamos a destiempo una sorpresa inesperada; echaba de menos esa otra actitud más ingenua de cuando libros parecidos a éste pudieron haberme abrasado.".

Varias son, creo, las circunstancias que nos influyen en el disfrute de la lectura de un libro y, probablemente, extienda el tema en otros posts. En cierto modo, el post titulado "La literatura y el estrés" ya tenía algo que ver con este asunto de las circunstancias. Pero, al hilo del comentario de Martín Gaite, la circunstancia que traigo a colación ahora es la edad del lector.

En efecto, creo que la edad (la física y la psicológica) influye en el aprovechamiento y sobre todo en el placer que ciertas lecturas nos producen. Ya no me refiero únicamente al fenómeno obvio de la literatura infantil y juvenil, sino al hecho de que ciertas lecturas son más adecuadas para unas edades.

Creo que hay obras que difícilmente estaremos en disposición de apreciar en nuestra juventud y, por el contrario, hay libros que parece que su pleno disfrute se obtiene, precisamente, en una lectura de juventud. Tal parece ser el caso de 'El gran Meaulnes' si seguimos lo que nos indica Carmen Martín Gaite.

Entre el acervo de mis lecturas, me viene a la mente el caso de 'Edad Prohibida' de Torcuato Luca de Tena, una novela de las que más me ha impactado en toda mi vida lectora. Una novela que leí siendo un adolescente...justo en el momento en que creo que había que leerla. Cuando pienso en esta novela y en lo que recuerdo de ella (que es bastante) creo que una lectura en mi edad y circunstancias actuales no tendría el mismo impacto (salvo quizá por la menlancolía de recordar lo que significó en su momento). No es sólo que las circunstancias sociales de España hayan cambiado tanto desde entonces que, probablemente, la novela haya envejecido mál en ese sentido sino que, y sobre todo, es una historia entendible desde esa sensibilidad exaltada y descubridora de la adolescencia. Creo que, al contrario que Martín Gaite con 'El gran Meaulnes' yo la leí en el momento adecuado...y la disfruté enormemente.

Como un ejemplo en sentido contrario, recuerdo haber leído, también siendo un adoescente, casi todavía un niño, y siguiendo una fuerte recomendación, unos relatos de Ana María Matute. A pesar de que los relatos se centraban en niños y en sus travesuras, y eran, supuestamente cómicos, a mí no me arrancaron ni una sonrisa, no me interesaron en absoluto, es más, me aburrieron soberanamente. Sin embargo, recientemente he leído, "Paraíso inhabitado" de esta misma autora, un libro que también habla de la infancia, y éste sí que lo he disfrutado mucho. Y creo que es porque, los libros mencionados de Matute, a pesar de ser libros sobre la infancia, están escritos desde una perspectiva adulta y para adultos...y se disfrutan, por tanto, con más edad. Cuando hace tantos años leí por primera vez relatos de Ana María Matute, probablemente no tenía la edad adecuada y, por el contrario, cuando ahora he leído ahora "Paraíso inhabitado", sí.

La experiencia de Carmen Martín Gaite, y la mía propia, parecen confirmar que la edad es una circunstancia que influye en la capacidad de disfrute con la lectura de un libro. Lo que no sé es cómo podemos garantizar que leemos los libros adecuados con la edad adecuada.

sábado, 24 de octubre de 2009

El balcón

Otro acertado comentario de Carmen Martín Gaite allá por 1978:

"El deseo de asomarnos a vidas ajenas es uno de los gérmenes más importantes de la narración"

¿ No es, en efecto, esa posibilidad de vivir otras vidas, de observarlas desde la distancia, uno de los atractivos de la lectura ? ¿ No es lo que la convierte en una inocua fuente de experiencia y conocimiento ?

¿ No es, incluso, un aliciente para la escritura esa potencialidad de recrear vidas posibles, o mundos posibles como dicen los teóricos ? ¿ No es una forma de ensayar, sin daño, posibilidades, cursos de acción, comportamientos ?

La narrativa puede ser un balcón: nos permite asomarnos a otras vidas...pero protegidos por la distancia e impunidad que nos confiere el conocer que se trata de una ficción o, en el peor de los casos, la seguridad de no tener que interaccionar realmente con los personajes y la historia.

domingo, 18 de octubre de 2009

El dudoso prestigio de lo abstruso

Voy leyendo, poco a poco, la obra 'Tirando del hilo' que recoge artículos de Carmen Martín Gaite y, en concreto, me encuentro un artículo publicado en Diario 16 en septiembre de 1978, en que afirmaba lo siguiente:

"El prestigio de las "élites" modernas se apoya sustancialmente en la apología de lo abstruso, es decir, en una hipervaloración de la dificultad que la obra literaria presenta para ser descifrada por aquellos a quienes presuntamente va dirigido el enrevesado mensaje".

No se queda ahí, y continua:

"lo curioso es que este prestigio del escritor ... se edifica gracias a la complicidad y papanatería del propio lector a quien olímpicamente se desprecia."

y remata afirmando, acerca del lector de "novedades" que:

"acaba sospechando que que si no entiende lo que lee debe de ser porque es muy bueno"

Han pasado más de treinta años desde este artículo y, sin embargo, probablemente podría volver a ser publicado hoy día sin apenas enmienda y continuaría siendo plenamente actual. Porque ¿ no es cierto que muchas veces concedemos el beneficio del prestigio a todo lo complejo y que no entendemos ? ¿ No es cierto que adoptamos una cierta sumisión intelectual reconociendo como bueno lo que nos resulta incomprensible ? Y, sin embargo, ¿ no es menos cierto que la literatura, en sentido amplio, pretende comunicar ? y ¿ qué comunicación existe cuando el receptor no entiende ?

Es cierto, también, que no todos los publicos son iguales. Es cierto, también, que hay niveles y niveles de cultura y preparación. Es cierto, también, que algunas obras pueden no ir dirigidas a cualquier tipo de público. Incluso es cierto, también, que, en algún caso, el escritor puede haber creado una obra para sí mismo.

Sin embargo, en ningún caso podemos afirmar que lo abstruso es bueno 'per se', que la complejidad es un valor. En ningún caso el abstrusismo es un mérito en sí mismo.

Puestos a conceder mérito, quizá, en la literatura como en el circo, el verdadero mérito esté en hacer parecer fácil lo difícil.

miércoles, 26 de agosto de 2009

Crítica literaria: ¿ estímulo o intimidación ?

Leo en la contraportada e introducción del libro "Tirando del hilo", la siguiente afirmación de Carmen Martín Gaite:

"La crítica literaria no es nada si no estimula, aficiona e invita a leer"

Aunque no estoy seguro de la total veracidad de esta afirmación, como lector espero que la crítica literaria me anime a entender las lecturas y su contexto, a descubrir nuevos tesoros...a empujarme a leer con mayor conocimiento y placer.

Entiendo, claro, también su papel de investigación, de análisis profundo, de búsqueda de teorías...

Pero en ese papel investigador, especializado y erudito, es posibe que la crítica literaria, recreada en sí misma, asuste, intimide, provoque aversión y pueda así perder un poco su norte...que no deja de ser, creo, entender a escritos y escritores, como paso previo y estímulo para una más placentera y fructífera lectura.

Quizá a eso se refería Martín Gaite.