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domingo, 8 de septiembre de 2013

Lanier y los libros (II) - El libro como culminación y síntesis

La lectura de un libro consume en general un puñado de horas que se suelen distribuir a lo largo de varios días. Un puñado de horas y varios días constituyen una dedicación no despreciable pero, en cualquier caso, ligera, desproporcionadamente ligera con respecto al trabajo y dedicación del escritor. quien puede haber empleado probablemente meses, quizá años, en preparar y escribir ese libro.

Además, un libro recoge y expresa una intención, un pensamiento, una posición intelectual o vital que ha precisado de una maduración previa, la cual, a su vez, también ha necesitado un tiempo de reflexión y decantamiento.

Ese concepto de culminación de un pensamiento es por el que aboga Jaron Lanier al final de su libro 'Who owns the future?'

A book is not just a read, it is also a summit, a codification of a point of view.

Más aún, si el escritor ha puesto realmente su pensamiento y su corazón en lo que ha escrito, si realmente se ha volcado a sí mismo en su obra, el libro va mucho más allá de la concreción de una idea para pasar a convertirse en la síntesis de la personalidad del escritor, su misma esencia, su alma.

Citando de nuevo a Lanier:

A book isn't an artifact, but a sinthesis of a fully realizad individual personhood with human continuity.

Quizá este proceso maduración intelectual y emocional que un buen libro requiere, y esta entrega del alma en la obra es lo que hace a los grandes libros tan atractivos para los lectores... pero también tan exigentes para sus autores.

domingo, 23 de septiembre de 2012

La intimidad del escritor

Julio Cortázar en su despacho
¿Hasta qué punto reflejan los libros los más profundos sentimientos de sus autores? ¿Existe alguna línea roja que la intimidad del escritor no traspasa, que provoca que su obra permanezca en secreto, fuera del alcance del público?

Con independencia de la satisfacción que el escritor pueda sentir al volcar sus ideas y sentimientos en el papel, con independencia de que la elección de sus contenidos pueda (seguro que no siempre sucede) estar guiada únicamente por su proyecto artístico, sentimental o editorial, parece que siempre hay un público al final del camino, que el producto de los desvelos del escritor será leído, consumido, analizado, disfrutado o despreciado por el público.

Y si el escritor está volcando en las palabras acontecimientos o sentimientos muy propios, muy íntimos, está arriesgando esa intimidad desde el momento mismo en que decide escribirla o, más bien, desde el momento en que decide publicarla.

Es su apuesta y es su decisión.

Lo que ocurre es que pensamos en la escritura como un acto público, como una acción que, si bien teñida del calificativo de arte, forma parte también de un mercado editorial, de una publicación más o menos masiva.

Pero no siempre es así.

Existen los escritores aficionados, las escrituras íntimas, los círculos reducidos.

Anna Frank, autora del, quizá, diario más famoso
¿Qué decir de los en vías de desaparición diarios personales? ¿Y de las habitualmente torpes pero apasionadas poesías de amor adolescente? ¿Y los ensayos abandonados, los intentos rotos, aquello que fue escrito en la intimidad y nunca fue publicado?

En esos casos el escritor, eventualmente aficionado, puede decidir, y seguramente decide, qué publicidad da a sus intimidades. Y el previsible pudor que sigue a un escrito muy íntimo puede resultar en la condena al ostracismo del texto.

Así le ocurre a Ora, el personaje de la novela 'La vida entera' de David Grossman, quien decide escribir sus recuerdos e impresiones, en un principio sin grandes pretensiones y sin que le resulte problemático pensar que sus seres más cercanos lean lo que ha escrito. Pero a medida que avanza, a medida que vuelca en el papel más y más confesiones, más y más sentimientos ocultos en su interior, no puede por menos que arrepentirse de esa publicidad y sentir lo siguiente:

"Cada vez tiene más claro que con cada frase que añade está renunciando a otro lector potencial."

Tal vez sea ésta una reacción propia de un escritor aficionado. Tal vez los grandes escritores, 'los de verdad', no sientan esos pudores, o los hayan superado.

O puede que no sean tan sinceros y tan íntimos en sus novelas y poesías como los escritores aficionados. O puede, también, que incluso los más grandes escritores, se guarden para sí mismos, o para sus seres más cercanos, sus obras más íntimas, más delicadas.

¿Cómo podemos saberlo?

Al fin y al cabo, lo no publicado forma parte de la intimidad del escritor.

domingo, 24 de enero de 2010

Taleb y la literatura (I): ¿para quién escribimos?

"los aficionados escriben para sí mismos, los profesionales lo hacen para los demás"

Nassim Nicholas Taleb
'El cisne negro'

Está un poco sacada de contexto, pero me parece interesante esta afirmación. Nassim Nicholas Taleb, un pensador atípico, pero popular, situado en algún lugar impreciso entre la economía, la filosofía y la sociología, la pone en boca de unas genéricos 'editores' que aconsejan a una, a su vez, ficticia Yevguenia Nikoláyevna Krasnova, neurocientífica que escribe una extraña novela en que explica sus investigaciones.

Con independencia de si la afirmación refleja o no el verdadero pensamiento de Taleb, o si se trata de un artificio útil para la explicación del fenómeno del cisne negro, plantea un problema recurrente en literatura y cuya respuesta, probablemente individual, refleja la tensión existente entre el arte y el negocio, entre la introspección y la comunicación.

¿Podemos asumir que los meros aficionados escriben por la pura satisfacción de escribir, de plasmar sus ideas, sentimientos o ficciones en un texto? ¿Tal vez como terapia? ¿No desean los aficionados comunicar a los demás? ¿Desprecian el mercado y la popularidad?

¿Y los profesionales? ¿sólo escriben en busca de lectores y popularidad? ¿Son su motor las listas de ventas? ¿Han olvidado lo que seguramente les impulsó a escribir por primera vez?

No creo que exista una respuesta universal. Las motivaciones e intereses del escritor son suyas, individuales, personales e, incluso, pueden variar con el tiempo.

Pero esas dualidades, introspección/comunicación, arte/negocio, indivivdualidad/sociedad, soledad/popularidad están ahí...y tensionan al escritor y al que aspira a serlo. Quizá cada escritor deba buscar su propia respuesta y ser consciente de ella y consecuente con ella.