Mostrando entradas con la etiqueta Altos vuelos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Altos vuelos. Mostrar todas las entradas

miércoles, 11 de diciembre de 2019

¿Qué es ser persona?


Casi nada, la pregunta...

Pero esa pregunta es la que nos hemos planteado un grupo de personas inquietas que constituimos el grupo que hemos dado en llamar de 'Humanistas DIgitales' y que tenemos en común, por un lado esa inquietud ecléctica tanto por lo tecnológico como por lo humanístico y, por otro, que hemos sido todos alumnos o profesores del Programa Ejecutivo en "Humanismo y Revolución Digital" que tuvo lugar en la Escuela de Organización Industrial en el paso curso académico 2018-2019.

Cuando este post se publique (lo he dejado así programado) estaremos reunidos los miembros de ese grupo debatiendo este tema: "¿Que es ser persona?"

Como ejercicio, nos propusimos, antes de que el ponente, profesor del Programa Ejecutivo, nos hablase de qué dice la filosofía y el humanismo al respecto. intentar proponer una respuesta individual.

Este post, en el fondo, no es más que mi respuesta tentativa.

Antes de exponer esa respuesta, quisiera, por quien pueda leer esto, hacer una especie de pliego de descargo preventivo: no tengo una especial formación filosófica (más allá de la que me proporcionó el bachillerato y alguna lectura esporádica posterior) y tampoco le he dedicado un tiempo extraordinario. Calificar esta propuesta de 'bote pronto' a lo mejor es también exagerar un poco, pero, en cualquier caso, es una respuesta relativamente improvisada, más cercana a ese bote pronto que a una reflexión profunda y documentada.

Hechas esas aclaraciones, vamos a por la propuesta. No puedo, ni quiero, evitar ser ingeniero, así que he estructurado mi visión en la siguiente figura:


He dividido el espacio de análisis en tres dimensiones (que en la figura se muestran en vertical):
  • Dimensión físico-zoológica: donde se recogen elementos de naturaleza claramente física.

  • Dimensión intelectual: donde recojo aspectos mentales racionales.

  • Dimensión espiritual: donde entran los aspectos mentales más elevados y menos racionales.
Debo reconocer que no sé definir de una forma del todo rigurosa dónde está la frontera entre lo intelectual y lo espiritual pero siento que esa diferenciación existe, es relevante y que, además, también será reconocida y entendida por terceros, así que la mantengo

En horizontal distingo unos niveles que, aunque algo borrosos en su definición y fronteras, creo que, de nuevo, orientan y más o menos se entienden con independencia de la dificultad para definirlos nítidamente:
  • Caracterización es lo que, de alguna manera, define a la especie humana como tal desde un punto de vista muy frío y racional

  • Habilidades Son las habilidades o capacidades especiales de la especie humana, fundamentalmente de naturaleza mental.

  • Aspiración quizá el nivel que más me cuesta definir pero que, de alguna forma, recoge todo aquello que impulsa al ser humano a elevarse, a ir más allá de su propia naturaleza.

Las características que definen a la persona humana, las he recuadrado con un rectángulo de bordes redondeados etiquetado con 'Persona'. He querido que aparezcan de forma explícita y fuera de ese rectángulo, algunas características que no considero que definan lo que es ser persona pero que vale la pena mencionar y debatir.

Realizada toda esta introducción, vayamos a la explicación propiamente dicha.

En primer lugar, entiendo que, desde un punto de vista biológico o zoológico, estamos definidos como especie, de la misma forma que se define a cualquier otra especie. En ese sentido aparecen dos elementos: las características zoológicas, que recogerían las características morfológicas, reproductivas etc que nos definen como especie, a un nivel, digamos, macroscópico y, por otro lado, las características genéticas que operan en el mismo sentido pero a nivel de ADN. Es más que probable que si esta propuesta la revisase un biólogo nos hiciese ver que esa diferenciación es irrelevante, que hoy día una especie se caracteriza por ambos elementos (o puede que sólo por el genético). En cualquier caso, prefiero pecar por exceso que por defecto y mantener la separación. Un apunte: entiendo que las especies evolucionan, y también la humana, así que estas características, que podrían parecer completamente definitorias, puede que no lo sean tanto con una visión a siglos vista.

En la dimensión intelectual y en el nivel de caracterización incluyo la conciencia individual, esa característica tan inasible que nos hace ser conscientes de que somos un individuo diferente del resto. Una conciencia individual que entiendo muy ligada a la propia memoria individual. No sabemos cómo funciona esto en los animales, pero creo que, al menos en los animales más complejos (mamíferos, aves,...) existe en alguna medida esta conciencia y esta memoria por lo que, lo que quiero decir no es que los animales (al menos algunos) no posean esta característica sino que nuestra propia individualidad y memoria nos confiere identidad como nosotros mismos y como personas. 

A esto uno, la conciencia de grupo o especie la conciencia de pertenecer a la raza humana que se apoya, también, en una suerte de memoria que en este caso es una memoria de especie y que constituye un legado que nos llega, fundamentalmente, como historia y, sobre todo, como cultura. 

La memoria. la individual y la de especie, juega un papel importante porque muchas características, físicas y mentales del ser humano (como en otras especies) evoluciona con el tiempo. La memoria confiere unidad e identidad al algo que es en realidad dinámico.

En el nivel de habilidades, recojo las que considero más distintivas del ser humano. Es importante destacar aquí que no creo que ninguna de esas características las posea únicamente el ser humano, por lo que estaríamos hablando, en realidad, solo de un grado de presencia, siendo mucho más fuertes en el ser humano que en ningún otras especie, al menos hasta donde podemos juzgar. Ahí identifico el lenguaje, muy especialmente el lenguaje hablado y escrito articulado (ya que lenguajes de signos o sonidos no articulados, están claramente presentes en muchos animales). También las matemáticas y la lógica. Probablemente, podríamos hablar de todo el pensamiento abstracto. 

Aunque con alguna reserva, he incluido también la capacidad de imaginación/proyección, es decir, de idear o prever situaciones futuras que aún no han ocurrido y que puede que, incluso, no hayan ocurrido nunca hasta ese momento.

Sin embargo, y aunque también con bastantes dudas, he dejado fuera de la caracterización del ser humanos a la tecnología (cosa que me duele :) ). La verdad es que, de nuevo, hablamos de grado. Lo cierto es que, en general, la tecnología humana es muy superior a la de cualquier animal. Sin embargo, si contemplamos las obras de hormigas, abejas o castores parece que sí disponen de tecnología de cierto nivel.Tal vez, convenga, eso sí, decir que la tecnología humana avanza y mucho, mientras que la de los animales, avanza muy despacio o no avanza en absoluto. Así que ahí queda la duda de si considerar o no a la tecnología como característica netamente humana. Prefiero considerar que sí...aunque en la figura la haya dejado fuera.

Pasamos, finalmente, a la dimensión espiritual. En esa dimensión hay dos características que he considerado fuera de la definición de persona porque creo que están presentes de forma relevante en los animales superiores. Hablo por una parte del libre albedrío (aunque quizá con un criterio limitado, los animales parecen tan libres como el ser humano de decidir sus acciones) y las emociones porque, aunque en el caso de animales inferiores o plantas puede ser menos claro, animales como los perros nos demuestran claramente el poseer emociones hasta un punto tal que me hace parecer injusto considerarla una característica sólo humana.

Sí pienso que podemos considerar el arte como una manifestación humana aunque, quizá, a niveles bastante primitivos algunos animales exhiban un cierto gusto, por ejemplo, por los colores y por adornar o coleccionar objetos llamativos. 

Incluyo también la ética con el apellido de racional o electiva. Lo que quiero decir es que, la ética entendida como una cierta regulación del comportamiento, parece observarse en animales sociales como abejas u hormigas. Sin embargo, el que esa ética se elija y con criterios racionales me parece exclusivamente humano.  

Finalmente, incluyo como humana la trascendencia, que entiendo en sentido amplio. Incluye, claro, la visión religiosa, la creencia en un más allá y la aspiración a una vida después de esta. Pero también incluyo dentro de trascendencia, la aspiración a 'dejar huella' a hacer algo superior a nosotros mismos, E incluso, podría incluir aquí la propia filosofía o la aspiración al conocimiento como bien en sí mismo. No tenemos forma de saber si los animales experimentan algo en esta línea, pero no parece que sea así, por lo que lo considero una característica humana. Y al hablar de trascendencia conviene aprovechar para aclarar que en este análisis he excluido completamente la fe religiosa. Quiero decir que, por ejemplo, según la fe cristiana somos hijos de Dios, hechos a su imagen y semejanza y eso, por sí mismo, definiría completamente la naturaleza humana. Sin embargo, prefiero dejar mi análisis en un plano digamos filosófico y agnóstico porque si metemos en el análisis aspectos de fe sería imposible el debate con personas que no compartiesen la misma fe.

Tras exponer los diferentes elementos, cabe decir que no identifico, en ninguna de estas características, un valor absoluto. No creo que ninguna de ellas por si sola defina lo que es una persona, por varias situaciones:

  • Porque muchas de las características identificadas son dinámicas, es decir, están en evolución por lo que no parecen definir una visión ontológica estática de lo que es el ser humano

  • Porque muchas de ellas las exhiben otros seres vivos, especialmente los animales superiores, en mayor o menor medida, por lo que, por sí mismas, son insuficientes para definir lo que es ser persona. Es decir, parecen no ser condiciones suficientes.

  • Porque incluso las más elevadas, las que encontramos en el nivel Aspiración de la dimensión espiritual, pueden no encontrarse en algunas personas (por personalidad o por trastornos físicos o psicológicos) y, sin embargo, seguimos considerándoles seres humanos. Es decir, parecen no ser condiciones necesarias.

Así que, parece que lo que es ser persona, no es una cuestión de respuesta clara, sino, más bien, de grado y de confluencia de muchos factores, entre los que también tiene su peso los meramente históricos.

Esta es mi reflexión previa al debate que, cuando ésto se publique, estará teniendo lugar. A ver si ese debate me confirma o hace cambiar esta posición previa o si, mejor aún, la enriquece de alguna forma.

domingo, 8 de abril de 2012

Borges, la memoria y el talento

¿Existe una relación entre la memoria y el talento?

Expresada así a bocajarro la pregunta, me resultaría difícil saber qué contestar, pero confieso que tendería a sospechar una correlación positiva. Al fin y al cabo, la memoria es una capacidad cognitiva e intelectual que siempre parece sumar, en mayor o menor medida. Parece que la capacidad de recordar hechos, cifras, imágenes, sentimientos, puede ser una valiosa ayuda para otras capacidades cognitivas como la imaginación o la creatividad que asociaríamos al talento.

Sin embargo, Jorge Luis Borges, nada más y nada menos que Jorge Luis Borges, no parece compartir esa idea. O al menos no en casos de memoria extrema, una memoria probablemente hipótética más que real, pero que puede servir de referente teórico.

Esa es la idea que, al menos, nos transmite Roberto Álvarez del Blanco en su libro 'Neuromarketing'. Ya deducirá el visitante de este blog que el libro referido no es precisamente un libro de crítica o análisis literarios. Se trata, en realidad, de un ensayo, casi un libro de texto, a propósito de esta curiosa y fascinante disciplina, el neuromarketing, que intenta relacionar el análisis científico del comportamiento del cerebro, especialmente a nivel neuronal, con su posible aplicación al marketing.

Parezca lo que pueda parecer la disciplina, lo cierto es que el análisis científico del cerebro, la neurociencia, es apasionante y se adentra en la resolución de uno de los misterios más insondables que nos es dado contemplar: el funcionamiento de nuestro propio cerebro.

En concreto, cuando se habla de la memoria, constata Roberto Álvarez del Blanco que la mente humana no retiene todo aquello que experimenta, que la memoria es finita. Además, nos informa de que el cerebro humano, al desarrollarse, disminuye de tamaño en lugar de aumentar y, sin embargo, nos hacemos más inteligentes en ese proceso.

Deduce el autor, de una forma que considero no del todo explicada que, paradójicamente, esa disminución del tamaño, viene a ser una demostración de la adquisición de talento. Que la inteligencia y el talento nacen de las conexiones sinápticas entre neuronas que se producen debido al aprendizaje y que, si retuviésemos absolutamente todo lo percibido, no se producirían dichas conexiones y, por tanto, no se generaría el talento.

Considero que la explicación aportada, no ya sólo el resumen que realizo en las líneas anteriores, sino la propia explicación del autor en el libro no es del todo completa...pero aún así resulta plausible e interesante.

Lo llamativo es que, al parecer, Jorge Luis Borges ya intuyó algo en esta línea de pensamiento.  Es en este contexto, en efecto, que Roberto Álvarez del Blanco cita al genial literato argentino y nos dice:

"El escritor argentino Jorge Luos Borges imaginó cómo podía ser esta persona describiéndola como 'poseída de memoria infinita'. Nada se le escapaba. Toda su experiencia sensorial, pasada y actual, persistía en su mente, estancado en lo particular, imposibilitado de olvidar todo lo que había visto, no podía formar ideas generales y, por tanto, estaba imposibilitado para pensar. Una persona como esta no puede sentir, construir relaciones, o tomar decisiones de ningún tipo. Estará vacía de personalidad, preferencias, juicio y pasión."

Curiosamente, el razonamiento lo entendemos mejor ahora. Al parecer, las conexiones sinápticas, el talento y el conocimiento que codifican, nacen como una generalización... que siempre es una simplificación. Y esa generalización / simplificación se produce ante la pérdida de parte de los datos, ante la imposibilidad de almacenar todo en la memoria. El cerebro, ante esa imposibilidad de almacenarlo todo, construye conexiones sinápticas que codifican la esencia de los hechos, lo fundamental de la experiencia, y le permiten aplicar soluciones en el futuro basadas en esa esencia. Una memoria infinita no simplifica, dispone de todos los datos pero, paradójicamente, esa abundancia impide el aprendizaje y el talento.

No estoy en posición de juzgar la verdad de esta proposición, aunque al menos parece verosímil. Lo llamativo es cómo Jorge Luis Borges ya pudo intuir lo que las neurociencias comienzan a entrever  años después.

Y es que, probablemente, muchas veces la intuición guía a la ciencia.

domingo, 6 de noviembre de 2011

El lenguaje visto como sistema complejo (II): el valor de la sinonimia y la polisemia

¿Tiene sentido la existencia de palabras polisémicas? ¿Y la de los sinónimos? ¿Cuál es la utilidad de dos o más vocablos diferentes para expresar el mismo concepto o de que una misma palabra designe ideas diferentes?

Pudiéramos pensar que, a pesar de su posible utilidad estética desde un punto de vista literario (al fin y al cabo, proporciona variedad y evita repetir palabras ypermite jugar con ambiguedades), si lo enfocamos desde un punto de vista de eficiencia del lenguaje, de su precisión y capacidad comunicativa, la polisemia y la sinonimia parecen defectos, anomalías, un tributo al origen evolutivo e informal del lenguaje.

Sin embargo, tal vez no sea así. Tal vez la sinonimia y la polisemia no constituyan una ineficiencia del lenguaje sino todo lo contrario. Al menos a esa conclusión llega Ricard Solé en su excelente libro 'Redes Complejas' en que estudia los denominados sistemas complejos, incluyendo la ecología, la epidemiología, las redes sociales, Internet, el cerebro y el lenguaje.

Necesario es, para entender el razonamiento, dar un paso atrás y recordar un par de conceptos sobre sstemas complejos, redes y mundos pequeños.

Acudiendo a la Wikipedia, obtenemos la definición de un sistema complejo como un sistema compuesto por varias partes interconectadas o entrelazadas cuyos vínculos crean información adicional no visible antes por el observador. Como resultado de las interacciones entre elementos, surgen propiedades nuevas que no pueden explicarse a partir de las propiedades de los elementos aislados. Dichas propiedades se denominan propiedades emergentes.

Una de las herramientas de estudio de los sistemas complejos son las redes y los grafos, es decir, conjuntos de objetos llamados vértices o nodos unidos por enlaces llamados aristas o arcos, que permiten representar relaciones binarias entre elementos de un conjunto.

Un tercer y relevante concepto: los mundos pequeños. Los mundos pequeños son un tipo de sistemas, un tipo de grafo para el que la mayoría de los nodos no son vecinos entre sí, pero sin embargo la mayoría de los nodos pueden ser alcanzados desde cualquier nodo origen a través de un número relativamente corto de saltos entre ellos. Y acierta el lector, y de paso obtiene una visión mucho más intuitiva de lo que un mundo pequeño significa, si asocia el concepto de mundo pequeño con la habitual expresión popular ¡Caramba, qué pequeño es el mundo!. Porque, en efecto, las redes de mundo pequeño explican esa conectividad social que conduce a estar relacionados cercanamente y de formas inimaginables con personas que creíamos muy lejanas o desconocidas.


Si se representa gráficamente un mundo pequeño, vemos nodos unidos fuerte y más o menos ordenadamente  con los nodos adyacentes. Pero, además, y esto es esencial, observamos algunos, pocos, enlaces entre nodos lejanos. Esos enlaces entre nodos lejanos, a pesar de su escaso número comparativamente hablando, son los que explican que se pueda llegar de un nodo a otro cualquiera en un número de saltos muy limitado (en redes sociales se habla de los llamados seis grados de separación). Es decir, esos pocos enlaces son los que convierten un conjunto de nodos interconectados, realmente, en un mundo pequeño. ¿Quiere el lector una visión intuitiva de lo que esto significa? Si se piensa en redes sociales, ámbito en que surgieron este tipo de investigaciones, los nodos son las personas, los enlaces son las relaciones sociales entre personas, los nodos adyacentes son las personas del mismo lugar de residencia, capa social e intereses, y los enlaces entre nodos lejanos son esas relacionas poco convencionales con personas en otro país, o de otra raza, o de otra capa social, de otro entorno profesional...en fin, fuera de las relaciones habituales.

¿Y qué tiene todo esto que ver con el lenguaje, la sinonimia y la polisemia?

Ricard Solé nos cuenta diferentes estudios llevados a cabo por linguistas y científicos de sistemas complejos, muy especialmente Mariano Sigman y Guillermo Cecchi, en que se analizaban las relaciones entre palabras, es decir, pensaban en redes o grafos en que los nodos eran las palabras y los enlaces las relaciones semánticas entre ellas. Generaron una red con más de 60.000 palabras que introdujeron en un modelo de simulación por ordenador.

Cuando estudiaron las propiedades de la red generada descubrieron que se trataba...si, de un mundo pequeño, uno en el que en muy pocos saltos se podía llegar de una palabra a otra.

Posteriormente, hicieron el experimento de eliminar las palabras polisémicas y ¿qué ocurrió?. Pues que el mundo pequeño dejó de ser tan pequeño, que la distancia media, medida en número de saltos entre palabras, ahora era mucho más alta, que las palabras, de alguna forma, estaban mucho más desconectadas unas de otras.

Aunque, sin duda, una profunda comprensión del estudio, de sus supuestos y aplicabilidad de conclusiones, precisaría de muchas más explicaciones, parece conlegirse que las palabras polisémicas añaden una notable eficiencia al lenguaje al poner en contacto unas palabras con otras, actuando como esos enlaces entre nodos lejanos que convierten una red compleja en lo que se denomina un mundo pequeño. Así concluye Ricard Solé:

"Paradójicamente, pues, la ambiguedad introducida por la polisemia resulta ser una propiedad enormemente útil: en lugar de introducir ineficiencia, hace de hecho la asociación semántica mucho más fácil y fluida. Ésta puede ser la razón de la presencia universal de esta clase de palabras en todos los lenguajes del mundo".

¿Quién nos iba a decir que las redes sociales iban a acabar ayudándonos a explicar la utilidad de las palabras polisémicas?

Desde luego ¡qué pequeño es el mundo!

domingo, 30 de octubre de 2011

El lenguaje visto como sistema complejo (I): una explosión combinatoria

¿Ha tenido el lector alguna vez la tentación de preguntarse cuántas palabras son posibles en nuestro idioma o cuántas frases diferentes se pueden generar o, quizá, cuántas novelas o poemas se pueden construir?

La respuesta es sencilla: infinitas...siempre que no se ponga una limitación a la extensión de las palabras, frases o novelas. Sin embargo, esa respuesta no satisface nuestra curiosidad, ni nos proporciona una idea medianamente concreta de lo que estamos hablando.

Recientemente he finalizado la lectura de un libro apasionante, 'Redes complejas' de Ricard Solé, que estudia diversos sistemas complejos enfocándolos como redes. Entre esos sistemas complejos se encuentran Internet, la ecología o el genoma humano.... Y también el lenguaje.

Y es en el ámbito de ese estudio del lenguaje como sistema complejo en el que el autor nos proporciona algunos datos, algunas aproximaciones, que pueden calmar nuestra curiosidad.

Primero, hace una valoración del número de sílabas que se pueden constuir:

"imaginemos que combinamos esas letras en forma de sílabas. El conjunto de posibles pares o tríos de letras que podemos generar es ya considerable: si partimos de unas 25 letras tendremos 25 x 25 = 625 posibles pares y 25 x 25 x 25 = 15.625 posibles tríos."

El autor razona con lógica y sabe que algunas de esas combinaciones, pares o tríos, no son viables por problemas, por ejemplo, fonéticos, pero ya se ve que en algo tan sencillo como una sílaba las combinaciones teóricamente posibles son abundantes.

Luego, se detiene a estimar el número de palabras. Aunque sería posible intentar hacer una aproximación de tipo combinatorio, el autor prefiere para este caso un enfoque más práctico y heurístico, a saber, ver cuántas palabras contiene un diccionario de prestigio. Así, nos aporta el dato de que el Oxford English Dictionary define unas 300.000 palabras distintas y el autor entiende que en otras lenguas el resultado sería del mismo orden de magnitud.

Luego, se atreve ya con frases ... y aquí es donde la explosión combinatoria se nos va fuera de toda escala. Así lo razona:

"Podemos obtener una estimación aproximada si suponemos que las frases tienen una longitud media de, digamos, unas seis palabras.Teniendo en cuenta que en la mayoría de lenguajes, sus hablantes emplean unas cinco mil palabras básicas, si las palabras pudieran combinarse entre sí de todas las formas posibles, el número de frases posibles sería del orden de seis elevado a cinco mil, que nos daría unos

1.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000


de frases, más de las que desde luego nunca han sido o serán pronunciadas por todos los seres humanos que han vivido y muerto en nuestro planeta."

Y, para rematar la faena, un breve comentario sobre ya libros completos:

"Las combinaciones posibles han estallado y ni el universo entero es suficiente para almacenar nuestros datos. Y nada puede ya detenernos: ¿Cuántos libros podrían escribirse?"

Las formas de cálculo son estimativas, no responden a una teoría firme aunque sí a aproximaciones razonables y rigurosas, pero ya nos alumbran con claridad el hecho de la enorme complejidad y brillantez de este artefacto que es el lenguaje, de su incomparable potencia construida a partir de poco más de una veintena de componentes básicos como son las letras.

Aparte de entusiasmarnos con la potencia del lenguaje, o de sentirnos abrumados con su complejidad, hay un par de consecuencias adicionales que quizá podríamos extraer.

La primera es que no existe excusa para el plagio. Con tantos millones y millones de posibilidades diferentes incluso para simples frases, no hay justificación posible para copiar la obra de un tercero.

La segunda, es que tampoco existe excusa para la falta de creatividad e innovación. Existen trillones y trillones de novelas aún no escritas, de poemas aún por recitar, de relatos por contar, de formas e historias por explorar.

Los números cantan: la originalidad y la innovación en formas y contenidos son matemáticamente posibles.

domingo, 9 de octubre de 2011

Bases neurocientíficas del poder terapéutico del arte

Hace ya algo más de dos años publiqué en este blog algunos artículos que tenían como elemento común el papel terapéutico de la literatura.

El primero de ellos, 'El bisturí', nacía de una frase de Juan José Millás mientras que otro, titulado explícitamente 'Más terapia literaria', se recreaba en un poema de Carlos Marzal. Y no fueron los únicos artículos que atacaban ese tema. Otros, como los titulados 'Renuncia' o  'Lo sombrío' rozaban la misma problemática.

En todos ellos, el factor común, el hilo conductor, era esa capacidad de sanación, de abrir y cerrar heridas, de cauterizarlas, que posee la literatura.

Ese papel terapéutico de la literatura, que perciben escritor y lector, pudiera tener una base científica y, en concreto, neurológica.

En la fase final del libro 'Y el cerebro creó al hombre', Antonio Damasio explora la forma en que pudo nacer la conciencia en el ser humano y, en su parte final, el autor llega al momento del nacimiento de las artes y su motivación.

Al igual que con otros elementos de la conciencia, Damasio percibe una función homeostática, es decir, de regulación y conservación de la propia vida. Dado que para el científico portugués la conciencia está íntimamente ligada al cuerpo que habita y que le da soporte físico, dado que las emociones tienen su origen y correlato en lo físico, y dado que la recreación de emociones se transmite a esa sensación física, una actividad como son las artes, productoras de placer, podrían tener un efecto beneficioso para la propia vida y, en palabras del propio Damasio "ayudaron a la comunicación y a compensar los desequilibrios emocionales que el miedo, la ira, el deseo y el pesar podían causar".

Damasio resume así ese carácter terapéutico:

"No es que las artes fuesen una compensación completa o adecuada para el sufrimiento humano, para la felicidad inalcanzada, para la inocencia perdida; pero aún así fueron y son una cierta compensación, un contrapeso para las calamidades humanas. Las artes son uno de los extraordinarios dones que la conciencia ha concedido a los seres humanos."

Quizá, el identificar una posible báse científica y neurológica al poder terapéutico de las artes y la literatura pueda parecer que le reste al fenómeno algo de encanto y misterio... aunque cierto es que nada de su poder.

Pero quizá, en cierto sentido, incluso puede resultar tranquilizador. Al fin y al cabo, si Damasio está en lo cierto, esa capacidad terapéutica de las artes y la literatura no es una ilusión, una fantasía, sino una realidad, una afortunada y fascinante realidad.

domingo, 17 de julio de 2011

Pensar y escribir (II): el papel de las servilletas

Hace tres meses publicaba en este blog una reflexión titulada 'Pensar y escribir' en que, inspirado por un texto de Murakami en su 'De qué hablo cuando hablo de correr' recogía mi propia necesidad de escribir para pensar, algo que el autor japonés también decía sentir.

Y concluía que, en mi opinión, esa conexión entre escritura y pensamiento estaba relacionada con la necesidad de volcar en un soporte externo, mediante la escritura, nuestras ideas para, de esa forma, liberar recursos cognitivos que dedicar a seguir generando ideas y elaborar las anteriores.

En una fuente no literaria, sino en un tratado de productividad personal, el famoso 'Organízate con eficacia' de David Allen, encuentro una similar explicación:

"Muy pocas personas son capaces de centrar la atención en un tema durante más de un par de minutos sin la ayuda de alguna estructura objetiva o alguna herramienta o incentivo. Piense en un proyecto que tenga en marcha en estos momentos y trate de centrarse sólo en él durante más de sesenta segundos. Es una tarea bastante dífícil a menos que tenga bolígrafo y papel y utilice estos 'artefactos cognitivos' para retener sus ideas. Si dispone de ellos podrá pensar en lo mismo durante horas. Esto explica por qué las mejores ideas pueden surgir mientras se está ante el ordenador, elaborando un documento sobre el proyecto, o trazando un mapa mental en una libreta o en una servilleta de papel en un restaurante..."

Parece, pues, algo así como una ley general, aplicable también al campo de la literatura y la ficción. Difícilmente podremos retener una historia en nuestra cabeza, o perfilar en detalle unos personajes, si no trasladamos a papel lo que bulle en nuestros cerebros.

Probablemente esa sea la explicación cognitiva a la frase de Picasso "que la inspiración te encuentre trabajando"... o, al menos, digo yo, con una servilleta de papel cerca...

domingo, 12 de junio de 2011

Nuevas tecnologías y nuevas narrativas

Desde siempre, uno de los valores que se ha atribuido a los grandes artistas en general, y los grandes escritores en particular, una de las características que podía convertir al artista en una figura a recordar y estudiar, era su capacidad de introducir innovaciones, nuevas técnicas, nuevas formas de expresar y narrar.

Los diferentes movimientos que en la historia del arte han existido, siempre criticaban algunos aspectos del movimiento dominante en ese momento y proponían nuevas formas de expresión.

Hoy día, con independencia de otros cambios de orden más cultural o social, nos vemos inmersos en la penetración de las nuevas tecnologías en todo el mundo de la comunicación tanto artística como no artística. Por su influencia en lo que rodea al campo de la literatura, destacaría Internet y los medios sociales, y los nuevos dispositivos: eBooks/eReaders y tablets.

Algunos de los cambios que esta nuevas tecnologías introducen afectan sólo a la superficie pero no a la esencia de lo que es una obra literaria. El que leamos un libro en un eReader en lugar de hacerlo en un ejemplar en papel no afecta realmente a la esencia de la obra literaria, aunque pueda afectar superficialmente a la experiencia del lector.

Sin embargo, lo que en este artículo se plantea es si las nuevas tecnologías también pueden afectar al arte en su profundidad, si, en concreto, puede conducir a nuevas formas de narrar o, incluso, si pueden generar nuevas ramas del arte.

Me inspira la frase leída recientemente en el libro de Nick Bilton titulado 'Vivo en el futuro... y esto es lo que veo'.

"El papel impreso es estático y, por ende, también lo es su narrativa"

Nick Bilton no es un literato. Es un periodista que se dedica al campo de las nuevas tecnologías y la innovación, especialmente en ese campo periodístico. Para él, la esencia de lo que el periodismo y otras formas de comunicación son es el 'contar historias' y, aunque de forma simplificada y desnatada, podríamos admitir que ese es el objeto también de la literatura.

Lo que la frase de Bilton nos sugiere, es que el soporte, el medio, afecta a la narración en si misma. Para Bilton, las historias contadas en papel, ya sean historias periodísticas o ficciones literarias, se ven obligadas, dado el medio que las soporta, a ser unas historias estáticas, inmutables.

Contrasta esa percepción estática del periodismo o libro tradicional con la visión conversacional que introducen la Web 2.0 y los medios sociales y, sobre todo, con un concepto emergente de libro en que se ofrece al lector información dinámica, contextual y multimedia, adaptada al usuario y la historia. Si el libro menciona un pais, se puede acceder a información sobre ese pais: sus datos demográficos, fotos de los lugares más interesantes, música típica o... en fin, la imaginación es el límite. Sobre el libro se puede acceder igualmente a las opiniones de otros lectores, o quizá podamos incluso elegir entre finales alternativos, según nuestra elección. O, más innovador aún, 'el libro' puede elegir el final según lo que sabe de nosotros, de forma similar a como páginas web del estilo de Amazon conocen nuestros gustos y nos hacen ofertas adaptadas a nuestro comportamiento anterior de navegación o compra. Quizá, yendo más lejos, se pueda construir la historia según lo que los colectivos interesados deseen, haciendo uso de los medios sociales. Todo ello es tecnológicamente posible y algunas de estas opciones se están ejerciendo ya hoy día.

Las nuevas tecnologías permiten todo esto sin más que trasladar los conceptos ya utilizados en Internet e, incluso, me atrevería a decir que en los videojuegos, al concepto de libro. Y todo ello habilitado por estos nuevos dispositivos, tablets y eReaders, por toda la conectividad que Internet y la banda ancha nos ofrecen, por todas las técnicas analíticas y de data mining surgidas al amparo, por ejemplo, del CRM,  y por la nueva cultura de la comunicación, colaboración y compartición entre iguales, por el traslado al mundo del arte y la narración del concepto de 'prosumer'.

La búsqueda de nuevas narrativas es muy anterior a la llegada de las nuevas tecnologías. Hace ya mucho tiempo que los escritores han buscado, por ejemplo, nuevas perspectivas temporales huyendo de la secuencialidad temporal. Hace ya mucho que se escriben novelas que  entremezclan pasado presente y futuro o se realizan flashback, quizá incentivados por la influencia cinematográfica.

Hace ya tiempo que los autores introducen otros elementos innovadores y sorprendentes. Sin ir más lejos, acabo de leer la novela 'La delicadeza' donde el autor, David Foenkinos, entre capítulo y capítulo realmente narrativo, introduce breves capítulos que constituyen puros datos más o menos relacionados con lo que acaba de contar en el capítulo anterior. Como un simple ejemplo casi al azar, en un capítulo se menciona de forma absolutamente colateral la disputa por la secretaría general del partido socialista francés entre Martine Aubry y Ségolène Royal. Justo a continuación, el autor introduce un escueto capítulo que reza como sigue:

"Palabras pronunciadas por Ségolène Royal cuando su rival la supera por 42 votos:

'Eres insaciable, Martine, no quieres reconocer mi victoria'
"

Estos breves capítulos que aportan datos o curiosidades son una constante a lo largo de la novela y, diría, pudieran estar inspirados o, al menos, realizar similares funciones a las que corresponderían a un enlace de hipertexto o a una información contextual.

En cuanto a las historias que pueden ser construidas por el lector, cabe mencionar la clásica 'Rayuela' de Julio Cortázar donde, según su autor nos indica, podemos empezar a leer por donde queramos y, siguiendo la guía de capítulos que se ofrece a modo de anexo o guía de lectura, construir historias alternativas.

Probablemente, pues, podríamos concluir que los narradores desde siempre han buscado alternativas y nuevas formas de expresión. La tecnología, que tradicionalmente fue el papel impreso, actúa como habilitador. Y no parece que sea diferente con las nuevas tecnologías.

Lo que sí creo que ocurre es que las tecnologías de la información y las comunicaciones, y las capacidades de los nuevos dispositivos son tan enormes, tan espectaculares, que sí pueden convertir en posibles nuevas formas de expresión y narración, impensables hasta hace poco e, incluso, cabe apostar que, con casi total seguridad, apenas avistamos ahora mismo lo que puede deparar el futuro, que es muy posible que la auténtica revolución de la comunicación artística, como todas las grandes revoluciones, ni siquiera seamos capaces de imaginarla en estos momentos.

domingo, 8 de mayo de 2011

Cuantificando excedentes de capacidad cognitiva. La oportunidad latente

En su libro, 'Cognitive surplus', Clay Shirky introduce el concepto que da título a la obra, el 'cognitive surplus' y que traduciré como 'excedente cognitivo'. Afirma Shirky que a medida que ha ido aumentando nuestro nivel de vida, a medida que hemos ido disponiendo de tiempo libre, ese tiempo libre, que en los países desarrollados se emplea mayoritariamente para, simplemente, ver la televisión, constituye un excedente de capacidad cognitiva, de capacidad de pensamiento que, adecuadamente reconducido, puede dar unos resultados extraordinarios.

Se trata de una idea sugestiva e interesante y algunos de cuyos detalles desarrollaré, probablemente, en otro de mis blogs, 'Blue chip', más centrado en los aspectos tecnológicos, económicas y sociales del nuevo mundo digital.

Sin embargo, y por lo que de pensamiento supone, sí quisiera dejar en este blog siquiera un rastro apuntando unas cifras que, más allá de la curiosidad, nos dan una idea de la capacidad cognitiva de nuestra sociedad...y del desperdicio que estamos cometiendo si no la aprovechamos adecuadamente.

Afirma Shirky, basándose en una estimación de Martin Wattenberg, un investigador de IBM autorizado en la materia, que el trabajo para construir la Wikipedia equivale a cien millones de horas de pensamiento humano. Desde luego, parece mucho, muchísimo. Sin embargo, el valor que aporta Wikipedia a la recolección y difusión del conocimiento, parece que bien justifica esa inversión de tiempo y esfuerzo. Y el mecanismo cooperativo, voluntario y social  por el que la Wikipedia ha sido creada, convierten a este medio en algo admirable, casi único.

Pero ¿es realmente tanto el esfuerzo dedicado a la Wikipedia?. Aunque es una enorme cantidad de pensamiento condensado, las cifras de Wikipedia palidecen si las comparamos con el tiempo que dedicamos a ver la televisión.

Concentrándonos sólo en EEUU, y en un único año, las horas dedicadas a ver la televisión son, nada más y nada menos, que cien billones de horas, lo que equivale a decir que, si la población norteamericana dedicase su tiempo a construir Wikipedias, en lugar de a ver la televisión, cada año podría crear ¡¡¡ dos mil wikipedias !!!

Solo en EEUU... ¡cien billones de horas de pensamiento sin utilizar! ¡la posibilidad de crear dos mil proyectos equivalentes a Wikipedia!

Se pude ver como un desperdicio o como una oportunidad, una enorme oportunidad.

Realmente, si la humanidad es capaz de utilizar ese pensamiento de manera productiva e innovadora todo ese excedente cognitivo, toda esa capacidad intelectual desperdiciada, ¿de qué no seremos capaces?

domingo, 10 de abril de 2011

Pensar y escribir

Con cierta frecuencia afirmo, ya sea para mi mismo ya sea para terceros, que 'pienso mientras escribo'. No sé, no recuerdo si, incluso, ya he comentado ese hecho en este blog o en alguno otro de los que mantengo.

Y no me refiero exclusivamente, ni siquiera especialmente, a la escritura en entendida en su vertiente literaria, sino a escritura en sentido amplio, sobre cualquier tema, muchos de ellos del ámbito profesional, y en cualquier formato: texto propiamente dicho, pero también esquemas, dibujos, hojas excel o presentaciones Powerpoint.

Creo que la esencia de esa escritura-pensamiento es descargar en un soporte externo las ideas que cruzan nuestra mente. Es como si el cerebro no tuviese suficiente capacidad como para retener ideas no suficientemente elaboradas y precisase el volcado en ese medio externo para, liberando recursos cognitivos, ser capaz de ir más allá, de construir nuevas ideas o enlazar las existentes. O quizá sea que la escritura fuerza a fijar la atención, a dedicar recursos cognitivos en la tarea realizada consiguiendo, mediante el incremento de atención, una mayor profundización en los conceptos.

Sea como fuere, es para mi un hecho indudable la enorme aportación que para el pensamiento supone el fijar las transcribir las ideas, a un papel o a cualquier otro medio físico o electrónico que sirva para plasmar y potenciar de alguna manera ese curso del pensamiento.

No debe ser, además, una particularidad mía, sino algo inherente al funcionamiento de nuestro cerebro.Por si sirve como corroboración, y para cerrar los comentarios que el libro 'De qué hablo cuando hablo de correr' de Haruki Murakami me ha sugerido, traigo aquí la colación a siguiente afirmación del autor:

"yo, como debe ocurrirle a la mayoría de los que se dedican a escribir, pienso cosas mientras escribo. No es que ponga por escrito lo que pienso, sino que pienso mientras elaboro textos. Doy forma a mis pensamientos mediante la labor de escritura. Y, al revisar textos, profundizo en mis reflexiones."

Es casi una transcripción literal de la idea que yo tenía al respecto.Sólo añadiría el matiz de que no creo que sea algo que afecte sólo a los que se dedican a escribir. Creo que es algo inherente a nuestro cerebro y configuración neurológica. Casi podríamos afirmar, parafraseando a Descartes:

"Escribo luego pienso"

domingo, 27 de marzo de 2011

La lectura profunda o cuando el lector se hace libro

No es 'Superficiales', el último ensayo de Nicholas Carr, un libro sobre teoría literaria, ni siquiera sobre teoría humana. Sin embargo, en su intención de profundizar sobre el efecto que la dinámica de Internet produce sobre nuestras mentes, son frecuentes, e interesantes, las menciones y reflexiones sobre la litaratura en general y la lectura en particular.

Ya lo anticipábamos en el reciente artículo de este mismo blog '¿Internet contra la lectura?'. Sin embargo, vale la pena retomar el discurso un poco más adelante con nuevas ideas.

Sostiene Nicholas Carr, basándose en estudios sobre Neuroplasticidad, que la actividad intelectual que realizamos moldea nuestra forma de pensar, una influencia que no es sólo conceptual o metafórica, sino que tiene reflejo incluso anatómico en nuestro cerebro. Con esa base, analiza las formas fundamentales que la actividad intelectual ha ido adoptando y, en esa línea, afirma que tras la invención de la imprenta, la actividad intelectual ha estado dominada durante siglos por los libros, por la lectura, y que este hecho supuso un fuerte cambio frente a la tradición de la oralidad anterior...cambio que afectó a los cerebros y, por tanto, las formas de pensar. Así, nos lo dice:

"Ya los primeros lectores silenciosos reconocieron el notable cambio operado en su conciencia cuando se sumergían en las páginas de un libro."

Y profundiza más en la idea:

"Leer un libro sería un acto de meditación, pero no suponía un aclarado de la mente. Los lectores desatendían el flujo externo de estímulos para comprometerse más profundamente con el flujo interior de palabras, ideas y emociones.Ésta fue y sigue siendo la esencia del proceso mental único que implica la lectura profunda. Fue la tecnología del libro la que obró esa 'extraña anomalía' en nuestra historia psicológica. El cerebro del lector de libros era más que un cerebro para leer y escribir. Era un cerebro literario."

Asombra y estimula la definición: un cerebro literario.

Carr entiende que una parte importante del placer que se deriva de la lectura proviene de esa concentración profunda que se produce en la reposada lectura tradicional. Además, y en línea con los comentarios que a propósito de la neurociencia y su relación con la literatura vertíamos en el artículo titulado '¿Neuroliteratura?', y quizá por obra de las famosas neuronas espejo que ya mencionábamos en dicho artículo, los lectores se identifican con las tramas que leen y asumen en cierta medida como experiencias propias aquellas que encuentran en sus lecturas. Así nos lo cuenta Nicholas Carr:

"los lectores simulan mentalmente cada nueva situación que se encuentran en una narración. Los detalles de las acciones y sensaciones registrados en el texto se integran en el conocimiento personal de las experiencias pasadas."

Y si los lectores reproducen de alguna forma en sus mentes lo que leen, y si la actividad mental moldea nuestros cerebros, entonces está claro que la lectura no es una actividad pasiva, sino muy, muy activa:

"La lectura profunda ... no es un ejercicio pasivo. El lector se hace libro."

Hermosa y significativa forma de explicar lo que la lectura profunda supone: "el lector se hace libro".

Y, entonces ¿en qué nos convertimos si no leemos?

domingo, 13 de marzo de 2011

¿Internet contra la lectura?

¿Conspiran Internet y las nuevas tecnologías sociales contra la literatura? ¿Es posible que los nuevos medios digitales acaben dejando obsoletos a los libros y a toda la literatura, a toda una forma de entender la cultura, la comunicación y el propio pensamiento que ha dominado el mundo desde la invención de la imprenta hacia 1440 por Gutenberg?

Sabemos, eso sí, que los soportes están cambiando. Que hoy día está al alcance de cualquiera el publicar una poesía o un microrrelato en un blog. Sabemos que los libros se pueden transformar a formato digital y ser descargados desde la red. Conocemos también el gran auge de los libros electrónicos, los eBooks y, sobre todo, la popularización de los eReaders como mecanismo de acceso al contenido literario en formato digital, en detrimento del tradicional soporte en papel.

Conocemos esos hechos, los aceptamos y, hasta, con ciertas resistencias naturales, podemos llegar a imaginar un mundo en que el soporte en papel prácticamente haya desaparecido en favor de los soportes digitales.

Pero, ¿y si lo que se estuviera transformando fuese algo más que el soporte físico? ¿y si nuestros propios cerebros se estuviesen viendo afectados por las nuevas tecnologías? ¿Y si nuestra forma de entender la cultura se estuviese reinventando? ¿Y si lo que estuviese en juego no fuese sólamente el cambio del papel por el eReader, sino que lo que estuviese en entredicho fuese la experiencia de la lectura en si? ¿Y si estuviese en peligro el concepto de libro?

Me encuentro leyendo un libro que creo puede dar mucho que hablar. Se trata de 'Superficiales' de Nicholas Carr que, por si el título no fuese suficientemente expresivo, agrega el siguiente subtítulo '¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes?'.

Nicholas Carr, sobre el cual he tenido ocasión de hablar repetidamente en otro de mis blogs, 'Blue Chip' es uno de los analistas más populares, originales, polémicos e interesantes que conozco sobre el mundo de las tecnologías y su impacto en la economía y la sociedad. Pero, además, es autor de tres libros y titulado en Lengua y literatura inglesa y americana por Harvard, así que no es un personaje ajeno al mundo editorial y a la literatura.

Pues bien, así nos describe Nicholas Carr en este libro 'Superficiales' su experiencia personal con la lectura y cómo siente que su experiencia de lectura se está transformando, en apariencia de forma no positiva:

"Solía ser muy fácil que me introdujera en un libro o en un artículo largo. Mi mente quedaba atrapada en los recursos de la narrativa o los giros del argumento y pasaba horas surcando vastas extensiones de prosa. Eso ocurre pocas veces hoy. Ahora mi concentración empieza a disiparse después de una página o dos. Pierdo el sosiego y el hilo, empiezo a pensar qué otra cosa hacer. Me siento como si estuviese siempre arrastrando mi cerebro descentrado de vuelta al texto. La lectura profunda que solía venir naturalmente se ha convertido en un esfuerzo"

No es Nicholas Carr sospechoso de ser un detractor de Internet ni siquiera en relación con la actividad cultural y, de hecho, y por si quedara alguna duda, afirma un poco más adelante y de forma muy explícita:

"La Web ha sido un regalo del cielo para mi como escritor"

Hace mención a su utilidad para la documentación, para encontrar información, para el propio proceso de edición. ¿Y entonces?

La tesis de Carr parece ser que el constante uso de Internet, la forma en que a través de este medio nos llega la información, no sólo cambia usos, costumbres y soportes sino que, también, afecta de forma profunda a nuestro cerebro, a la forma misma en que concebimos la adquisición y procesamiento de información, al propio pensamiento. Así lo expresa:

"Los beneficios son reales pero tienen un precio... Y lo que parece estar haciendo la Web es debilitar mi capacidad de concentración y contemplación. Esté online o no, mi mente espera absorber información de la manera en que la distribuye la Web: en un flujo veloz de partículas."

Es cierto que Internet está más adaptado a la transmisión de mensajes cortos pero masivos, a saltar de información en información, de titular en titular, de enlace en enlace. Cierto es que los artículos en blogs suelen ser, deben ser, más cortos que los artículos de periódicos y revistas tradicionales. Cierto que las interacciones a través de redes sociales y correo electrónico suelen ser a través de textos breves...pero muy numerosos. ¿Y qué decir del fenómeno Twitter con sus cortísimos pero omnipresentes y frenéticos mensajes de no más de 140 caracteres?

Breves, numerosos y masivos, así parecen ser los contenidos de Internet. Y esta tipología de contenidos parece requerir menos atención u otra forma de atención. ¿Afecta esto a nuestros cerebros y nuestra capacidad de concentración?

La concentración. Debo reconocer que en ocasiones he sentido esa sensación de dificultad para fijar la atención en la lectura. Y hasta ahora lo había achacado a cansancio, a estrés o a simple falta de ganas... y de momento mantengo esas hipótesis.

Sin embargo, las reflexiones de Nicholas Carr suponen un toque de atención. Debo avanzar más en la lectura de tan interesante libro y saber a dónde nos conduce, si lo que parece desprenderse de estas primeras líneas es la verdadera conclusión, si es cierto que nuestras mentes se ven afectadas por Internet y si, en caso afirmativo, se avistan vacunas o el fenómeno es ya inevitable.

No quiero perder la lectura. Es un gran hobby, un gran placer, y una forma de aprender y conocer. Y me resisto a pensar que otro gran hobby, y otra gran forma de conocer, aprender y entender como son Internet y los medios sociales se encuentren en conflicto con la literatura.

De momento, una signo de esperanza: quien esto afirma, Nicholas Carr, lo hace, precisamente, a través de un libro... un libro que estoy leyendo de forma concentrada y placentera...

domingo, 6 de febrero de 2011

Seth Godin y el arte (III): los medios y los fines

Tendemos a identificar a un artista con el arte que desarrolla. Pensamos en Goya como pintor, en Shakespeare como autor de teatro, en Galdós como novelista, en Fidias como escultor, Beethoven como compositor o en Alfred Hitchkok como director de cine. Y es natural que así sea, puesto que es en esa faceta artística en la que les hemos conocido y donde han alcanzado la excelencia.

Sin embargo, ¿hasta qué punto está ligada la esencia artística a una disciplina concreta?

Cierto es que esa excelencia en la expresión artística precisa de un dominio técnico de disciplinas concretas: el tallado de la piedra, el uso de los colores, el dominio del pincel, el vocabulario y dominio de la escritura, etc. Pero casos como el del polifacético Leonardo da Vinci nos avisan de que es posible expresar el arte de muchas diferentes formas, incluso para una misma persona, que quizá el arte tiene una esencia, un fin, que para Seth Godin, y como vimos en un artículo anterior, tiene que ver con la transformación del receptor, pero que ese fin se puede alcanzar a través de diferentes medios, que serían las diferentes ramas, disciplinas y expresiones del arte.

Dice Godin:

"No creo que uno nazca para hacer un cierto tipo de arte, principalmente porque tus genes no tienen ni idea de qué tecnología habrá disponible"

y remacha:

"Las personas hacen arte en el medio en que lo encuentran y no al contrario"

Y no deja de ser cierto. Como el propio Godin nos sugiere, nuestros antepasados de las cavernas no podrían haberse expresado a través de la escritura pero lograron hacerlo a través de una pintura tosca que sí tenían a su alcance. Se pregunta el autor, en esa misma línea, si en el caso de vivir William Shakespeare en la actualidad no mantendría un blog. Es bastante probable que sí lo hiciese, creo yo.

Al final, el arte parece habitar en nuestro interior. El talento, la idea y el afán por transformar, anidan en nosotros, y la técnica que utilizamos es sólo el fin para comunicar y transformar a nuestros interlocutores.

Cada artista, cada uno de nosotros, deberá buscar qué técnica, qué medio, se adapta mejor a sus capacidades e intereses para el fin comunicar y transformar.

domingo, 30 de enero de 2011

Seth Godin y el arte (II): los atributos del arte

Vuelvo a Seth Godin y su concepción del arte para resumir ahora las características que este pensador le atribuye. Preciso es recordar que la visión de Godin con respecto al arte es de amplio espectro y que abarca mucho más allá del arte tradicional y, de hecho, no es el arte tradicional su foco sino, más bien, el marketing, la creatividad y la innovación.

Aún así, y como ya apuntaba en el artículo anterior, creo que algunas de sus ideas y concepciones, son valiosas y perfectamente aplicables al arte traidcional. Veamos cuáles son los atributos del arte para Godin.

En primer lugar, y como desarrollamos en el artículo anterior, el arte es transformación. El arte debe ser capaz de alcanzar a los otros, cambiarles, transformarles. Es ésta, probablemente, la característica a que Godin otorga mayor valor y, sin embargo, la que más difícilmente encaja en la definición que sobre el arte se nos podría ocurrir.

El arte es humano. Quizá, ésta sea, por el contrario,  la característica más evidente y fácil de admitir. Para Godin, la intención es fundamental... y una máquina carece de intención.

El arte es original. Tampoco nos cuesta mucho dar por buena esta característica. El arte se separa de la técnica que lo sustenta. Se pueden hacer exccelentes réplicas de cuadros de los grandes maestros. Técnicamente serían perfectos...pero ya no serían obras artísticas. La obra de arte sería el primer cuadro, el original. Me hace gracia cómo lo ejemplifica Godin, así que transcribo el ejemplo que aporta:

"Marcel Duchamp era artista cuando fue pionero del dadaísmo e instaló un urinario en un museo. La segunda persona que instaló un urinario ya no era un artista, era un fontanero."

Para Godin, además, el arte es el producto de un esfuerzo emocional. Godin es un apasionado del riesgo, de asumir responsabilidades, de tomar el mando, de atreverse. No es extraño, pues, que atribuya un esfuerzo emocional al arte. Diría que, pensando, por ejemplo, en la literatura, la inversión emocional tiene otra lectura aparte de la relativa al riesgo. El autor, normalmente, se implica en su historia, vuelca sus ideas, sus sentimientos, sus experiencias en la obra artística, se implica en ella. Hay algo del artista en su obra. En ese sentido, la implicación, exige un esfuerzo emocional por parte del artista. Riesgo e implicación. A lo mejor, no son lecturas tan diferentes...

Finalmente, un atributo quizá discutible, pero tal vez el más bello que nos propone Godin: el arte es un regalo. No es fácil hacer convivir esta idea con el hecho de que los artistas reciban una remuneración por su trabajo. Sin embargo, un ejemplo que nos propone Godin puede ayudar a entenderlo. Y el ejemplo nada tiene que ver con las artes tradicionales, sino con un más que actual diseño industrial. Dice así:

"Un iPhone feo costaría lo mismo que uno bonito. La belleza es el premio gratuito que esconde, la bonificación, el regalo del artista que lo diseñó."

Y, al final, hemos acabado, con este ejemplo, mencionando la belleza, probablemente el primer atributo que se nos viene a la mente al pensar en el arte. Belleza, si, o probablemente si, pero también transformación, humanidad, originalidad, emoción y regalo.

Hermosos atributos para definir el arte.