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domingo, 17 de julio de 2011

Pensar y escribir (II): el papel de las servilletas

Hace tres meses publicaba en este blog una reflexión titulada 'Pensar y escribir' en que, inspirado por un texto de Murakami en su 'De qué hablo cuando hablo de correr' recogía mi propia necesidad de escribir para pensar, algo que el autor japonés también decía sentir.

Y concluía que, en mi opinión, esa conexión entre escritura y pensamiento estaba relacionada con la necesidad de volcar en un soporte externo, mediante la escritura, nuestras ideas para, de esa forma, liberar recursos cognitivos que dedicar a seguir generando ideas y elaborar las anteriores.

En una fuente no literaria, sino en un tratado de productividad personal, el famoso 'Organízate con eficacia' de David Allen, encuentro una similar explicación:

"Muy pocas personas son capaces de centrar la atención en un tema durante más de un par de minutos sin la ayuda de alguna estructura objetiva o alguna herramienta o incentivo. Piense en un proyecto que tenga en marcha en estos momentos y trate de centrarse sólo en él durante más de sesenta segundos. Es una tarea bastante dífícil a menos que tenga bolígrafo y papel y utilice estos 'artefactos cognitivos' para retener sus ideas. Si dispone de ellos podrá pensar en lo mismo durante horas. Esto explica por qué las mejores ideas pueden surgir mientras se está ante el ordenador, elaborando un documento sobre el proyecto, o trazando un mapa mental en una libreta o en una servilleta de papel en un restaurante..."

Parece, pues, algo así como una ley general, aplicable también al campo de la literatura y la ficción. Difícilmente podremos retener una historia en nuestra cabeza, o perfilar en detalle unos personajes, si no trasladamos a papel lo que bulle en nuestros cerebros.

Probablemente esa sea la explicación cognitiva a la frase de Picasso "que la inspiración te encuentre trabajando"... o, al menos, digo yo, con una servilleta de papel cerca...

sábado, 24 de octubre de 2009

El balcón

Otro acertado comentario de Carmen Martín Gaite allá por 1978:

"El deseo de asomarnos a vidas ajenas es uno de los gérmenes más importantes de la narración"

¿ No es, en efecto, esa posibilidad de vivir otras vidas, de observarlas desde la distancia, uno de los atractivos de la lectura ? ¿ No es lo que la convierte en una inocua fuente de experiencia y conocimiento ?

¿ No es, incluso, un aliciente para la escritura esa potencialidad de recrear vidas posibles, o mundos posibles como dicen los teóricos ? ¿ No es una forma de ensayar, sin daño, posibilidades, cursos de acción, comportamientos ?

La narrativa puede ser un balcón: nos permite asomarnos a otras vidas...pero protegidos por la distancia e impunidad que nos confiere el conocer que se trata de una ficción o, en el peor de los casos, la seguridad de no tener que interaccionar realmente con los personajes y la historia.

sábado, 15 de agosto de 2009

La realidad como fuente de inspiración

Decía el insigne Stefan Zweig a propósito de Lev Tolstoi:

"Aquel que ve claramente, no necesita inventar; el que contempla poéticamente, novelescamente, no necesita fantasear. Tolstoi ha mirado con sus sentidos durante toda la vida y luego ha plasmado lo que ha visto. No conoce el ensueño, sino la realidad".

(tomado de la introducción de Josefina Pérez Sacristán a la novela 'Anna Karénina' en la edición de 2008 de Cátedra - Letras Universales)

Una de las cualidades del escritor debe ser, creo, la capacidad de observación de su entorno, con una mirada profunda, incisiva, reveladora. Ese mirar poético y novelesco, como dice Zweig, permite descubrir historias, relatos, poesías, novelas, en el propio entorno, en la propia realidad que nos rodea. No hace falta ir más lejos...

domingo, 3 de mayo de 2009

El papel en blanco como porvenir

"Héteme aquí ante estas blancas páginas - blancas como el negro porvenir: ¡ terrible blancura!- buscando retener el tiempo que pasa, fijar el huidero hoy, eternizarme o inmortalizarme en fin, bien que eternidad e inmortalidad no sean una sola y misma cosa. Héteme aquí ante estas páginas blancas, mi porvenir, tratando de derramar mi vida a fin de continuar viviendo, de darme la vida, de arrancarme a la muerte de cada instante."

Miguel de Unamuno
'Cómo se hace una novela'

Más de una reflexión se ha hecho sobre ese vértigo o ese miedo que puede producir el papel en blanco: un desafío, una incógnita...pero quizá también un mundo de oportunidades ofrecidas...

Para Unamuno el papel en blanco es el porvenir, porque para él la novela es vida y la vida es novela y, en esa identificación, un papel en blanco, una novela por escribir, no es más que un futuro abierto, un porvenir para ser vivido y escrito.

sábado, 11 de abril de 2009

Ovíparos versus vivíparos o la visión de Unamuno del plan frente a la inspiración

Como la mayoría, supongo, de los aficionados a la literatura, me he preguntado con frecuencia acerca de la forma en que trabajan los escritores, sobre el peso que tiene la inspiración en su quehacer o si, más bien, se trata de un trabajo concienzudo y metódico de planificación, estructuración y planificación; si se implican personalmente o simplemente actúan como profesionales; si, como reza el popular dicho, hay más de inspiración o de transpiración.

Y el debate debe de ser antiguo porque leyendo hoy la introducción a la obra de Unamuno titulada "Cómo se hace una novela", descubro que Don Miguel distinguía dos tipos de escritores, a los que denominaba ovíparos y vivíparos.

Esto decía de los ovíparos:

"Cuando se propone publicar una obra de alguna importancia o un ensayo de doctrina, toma notas, apuntuaciones y citas, y va asentando en cuartillas cuanto se le va ocurriendo a su propósito, para irlo ordenando de cuando en cuando. Hace un esquema, plano o minuta de su obra, y trabaja luego sobre él; es decir, pone un huevo y lo empolla".

Y esto de los vivíparos:

"No se sirven de notas ni de apuntes sino que lo llevan todo en la cabeza. Cuando conciben el propósito de escribir una novela, pongo por caso, empiezan a darle vueltas en la cabeza al argumento, lo piensan y repiensan, dormidos, y despiertos, esto es, gestan. Y cuando sienten verdaderos dolores de parto, la necesidad apremiante de echar fuera lo que durante tanto tiempo les ha venido obsesionando, se sientan, toman la pluma y paren. Es decir, que empiezan por la primera línea, y, sin volver atrás ni rehacer lo ya hecho, lo escriben todo en definitiva hasta la última línea.".

Y, aparentemente, Unamuno sentía preferencia por los vivíparos dado que "la escritura vivípara es la que ofrece una mayor posibilidad para que el yo íntimo del autor se desnude y dé a conocer en el texto". Y parece lógica la preferencia porque esa lucha del yo íntimo por entenderse y manifestarse es muy propia del escritor bilbaíno y, por tanto, todo apunta a que la escritura vivípara es la que mejor encaja con su propósito literario y vital.

Sin embargo, y aunque el "viviparismo" sea indudablemente más atractivo y romántico, parece que, como en tantas cosas, la solución se encuentra en el equilibrio entre los extremos, en dosificar adecuadamente cada ingrediente y, en este caso, diría que hasta puede estar condicionado no sólo por el propósito del escritor en un momento dado sino, incluso, por su propia capacidad para crear algo valioso sin una trabajo de planificación previa, sin un periodo de empollamiento de la obra literaria.

La naturaleza es sabia, y por algo hay dos formas de crear nueva vida...literaria.

domingo, 8 de marzo de 2009

El dolor como inspiración

"...según parece, topo con energías creadores en el dolor, y da igual a qué precio, y me es del todo indiferente si en la energía creadora se plasma simplemente la vulgar compensación, el hecho es que se plasma y que gracias al dolor vivo en una suerte de verdad..."

Imre Kertész
'Kaddish por el hijo no nacido'

Siempre he pensado, aunque nunca he sabido razonar por qué, que la miseria y el dolor son mucho mas literarios que la felicidad y el éxito. Imre Kertész parece opinar lo mismo.