Este fin de semana he visto, no sin cierto esperanzado asombro, cómo mi hija dejaba de lado otras diversones como la televisión o la consola, para enfrascarse en la lectura de 'Crepúsculo', la primera entrega de la saga de moda entre adolescentes y preadolescentes. Me cuenta que algunas compañeras de clase, en el recreo, en lugar de jugar o charlar, se dedican a leer los libros de esta colección.Y pienso en lo bueno que es esto, que existan esos libros que enciendan la chispa, que animen a los jóvenes a una actividad, la lectura, que seguramente hasta entonces, hasta el descubrimiento de estos libros iniciáticos, les parecía una actividad aburrida o, incluso, intimidatoria.
No creo que a estas alturas importe demasiado si estos libros ofrecen buena o no tan buena literatura. Lo importante, me parece, es esa primera chispa, ese descubrimiento, el entender la riqueza de eso que los especialistas han dado en llamar los mundos posibles que se esconden tras las páginas de los libros.Casi todas las generaciones han disfrutado de sus 'libros chispa'. Todavía no se han apagado los ecos de la reciente saga de Harry Potter que ha impulsado a tantos niños y jóvenes de todo el mundo a la lectura. En mi generación, a muchos la chispa nos la encendieron los libros de la inolvidable Enid Blyton.
No importa mucho cuáles sean. Lo importante es que existan, que enciendan la chispa. Luego veremos cómo alimentar el fuego...




