Leí 'La cocina de la escritura', siguiendo una recomendación, sinceramente no sé de quién ni dónde, pero sin saber muy bien si se trataba de un texto más relacionado con la literatura y la escritura creativa
o se centraba más en los aspectos formales de la escritura. Y lo cierto es que va mucho más en esta segunda línea.
'La cocina de la escritura', en efecto, no está dirigido a la escritura literaria o creativa, sino a todo tipo de escritura, incluyendo, por ejemplo, un correo electrónico. Y, además, con multitud de
consejos concretos, prácticos e ilustrados con abundantes ejemplos.
A lo largo de sus páginas se nos dan indicaciones sobre, por ejemplo, el tamaño de las frases, la estructuración de párrafos, el uso de la puntuación, la selección de palabras eliminando vicios como las
muletillas, etc
Y todo ello se hace con un estilo peculiar, claro y directo y que a ratos parece serio pero en el que abundan ironías e incluso casi bromas.
Aunque se lee muy bien de corrido, la verdad es que casi podría ser algo así como un manual de referencia, un libro para consultar con frecuencia para recordar sus ideas y sugerencias.
Un libro, en fin, completo, trabajado y práctico que se lee bien y del que se pueden tomar muchas buenas ideas que llevar a nuestra escritura.
Reseña editorial:
(Fuente: Contraportada del libro en su edición de 2022 en Anagrama - Argumentos)
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| Daniel Cassany |
Escritoras, Escritores, Cocineros y aprendices todos,
Tengo el gusto de presentarles La cocina de la escritura, un manual de redacción para todos aquellos que escriben ?¡o deberían escribir!?. Si ustedes son empleados de una empresa y tienen que redactar,
si son estudiantes que se juegan el futuro en los exámenes, profesores que los corrigen o literatos en potencia, éste puede ser un libro con el que aprender a escribir, al que pueden llegar a querer
y al que seguro que terminarán aborreciendo. Si ustedes están fascinados por la escritura, si odian escribir o si se parten de risa leyendo lo que escriben los demás, este libro puede ayudarles a
experimentar con mucha más nitidez esas emociones.
La cocina recoge lo más importante de la tradición occidental en redacción. Expone las investigaciones científicas más relevantes; las estrategias para buscar, ordenar y desarrollar ideas; la estructura
del texto, o algunos trucos retóricos para encandilar al lector. Con ellas pueden aprender la técnica de la escritura... pero, desengáñense, eso no les convertirá en grandes escritores.
¡El talento no se enseña!
Tienen en sus manos una cocina sin puertas, secretos ni tapujos. ¿Han entrado alguna vez en ella? ¿Les gustaría espiar al escritor? Pues adelante. ¡Pasen! ¡Entren en mi cocina! Encontrarán en ella un
frigorífico repleto de comida: sucios borradores, fragmentos inacabados, ejemplos, ejercicios e ideas para preparar sofritos. Está equipada con los artilugios más modernos
(microondas descongelaideas, hornos para párrafos, licuaprosas y cuchillos cortafrases) sin olvidar las técnicas más populares (la inspiración al baño maría o la corrección con chino).
El cocinero fue amante y pinche de la escritura. Aprendió a escribir hace más o menos veinticinco años (en una pequeña ciudad barcelonesa, con fecunda tradición de escritores), no ha parado de garabatear
desde entonces y se gana la vida enseñando a escribir en una universidad. Tal es su obsesión por la escritura, que siempre lleva delantal y sólo consigue escribir sobre escribir o sobre cómo se enseña y
se aprende a escribir. En fin, el plato que les ofrezco hoy es suculento y variado. Lo he preparado con esmero y confío en que les agrade. ¡Buen provecho!
Gratinadamente,
El jefe de cocina.
Ficha:
TITULO: La cocina de la escritura
AUTOR: Daniel Cassany
EDITORIAL: Anagrama
AÑO PRIMERA PUBLICACIÓN: 1995
ISBN: 978-8433913920
PAGINAS: 264


Desde hace un tiempo noto que, cuando escribo un microrrelato, me gusta cada vez más dejar la historia como velada, que no sea evidente, que haya campo para la interpretación o que, al menos, el lector deba poner de su parte para entender lo que estoy contando. Noto también que, cuando leo a otros, me gusta más cuando hay ese cierto nivel de insinuación. Las historias muy directas y evidentes, la historias cargadas de datos y explicaciones, especialmente cuando tienen que ver con pensamientos o sentimientos, empiezan a parecerme un poco burdas, casi diría que poco literarias.
No puedo estar seguro, como en nada que tenga que ver con la literatura, de que esa forma de hacer las cosas sea la correcta o, sobre todo, que sea la única correcta, pero sí de que es como a mi me gusta escribir. Y pienso que, probablemente, me gusta escribirlo así, porque también me gusta que me lo cuenten así, porque me gusta leerlo así. Y puesto a improvisar hipótesis de difícil confirmación, se me ocurre que, si a los lectores, supuestamente, les gusta que les dejen la facultad de la interpretación es porque, tal vez, así lo amoldan a su gusto y es más fácil que se queden satisfechos, que la historia resuene con su modo de pensar y sentir y, sobre todo, porque, de esa forma, participando y construyendo la interpretación y la historia, los lectores son, somos, un poco protagonistas.
Hace unos días leía una recomendación para escritores, supongo que noveles, formulada por Silvia Adela Kohan, en la línea de la necesidad de corregir el texto de una novela de forma que éste fuese, de alguna manera, coherente, el material pertinente, el conjunto equilibrado.
Me dejó pensativo. No podía dejar de darle la razón claro. Pero luego pensaba en lo que eso significa en la práctica, en aplicar esa norma, ese consejo, seguramente bueno, en tu propio texto, en tu creación, en el fruto de tu esfuerzo e imaginación. Y al reflexionar en lo duro que puede resultar esa extirpación de material innecesario, la mente se me iba hacia algo que estoy escribiendo y que intuyo que va a tener que pasar por ese proceso de depuración y destilado. 



