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domingo, 22 de abril de 2012

Sobre el poder del lenguaje ...de nuevo

Hace años que reflexiono y alguna vez he escrito sobre el poder del lenguaje, su capacidad de influencia para el bien y para el mal, para destruir y para curar, y las implicaciones éticas que ello conlleva para todo aquel que domine el lenguaje, ya sea vía la oratoria o la escritura, literaria o periodística.

Sobre la responsabilidad que este poder implica, escribí en 2007 un breve ensayo titulado 'Palabra: poder y responsabilidad' y que guardo en mi página personal. Y sobre la capacidad terapéutica de la literatura publiqué una serie de artículos en este mismo blog, comenzando por el titulado 'Bisturí', siguiendo por 'Renuncia' y cerrando con 'Más terapia literaria'.

En cierto sentido, y a pesar de su relevancia e interés personal, lo consideraba casi un tema agotado, un asunto sobre el que ya no sabía qué más añadir.

Sin embargo, leyendo 'Piezas en fuga' de la canadiense Anne Michaels, me encuentro este bello fragmento:

"Yo ya conocía el poder que tiene el lenguaje para destruir, para omitir, para borrar. Pero la poesía, el poder que el lenguaje tiene para restaurar: esto era lo que tanto Athos como Kostas estaban intentando enseñarme."

No es tanto que el texto aporte una idea nueva. Es sólo la satisfacción y el placer que produce ver las propias ideas plasmadas en palabras de un tercero, perpetuadas en papel impreso, conformadas por una tan bella expresión.

Y es la renovación de una idea ya casi olvidada.

El lenguajes es poderoso. Poderoso para dañar y destruir. Poderoso para consolar y curar. Y poderoso para estimular y para recordar.

domingo, 9 de octubre de 2011

Bases neurocientíficas del poder terapéutico del arte

Hace ya algo más de dos años publiqué en este blog algunos artículos que tenían como elemento común el papel terapéutico de la literatura.

El primero de ellos, 'El bisturí', nacía de una frase de Juan José Millás mientras que otro, titulado explícitamente 'Más terapia literaria', se recreaba en un poema de Carlos Marzal. Y no fueron los únicos artículos que atacaban ese tema. Otros, como los titulados 'Renuncia' o  'Lo sombrío' rozaban la misma problemática.

En todos ellos, el factor común, el hilo conductor, era esa capacidad de sanación, de abrir y cerrar heridas, de cauterizarlas, que posee la literatura.

Ese papel terapéutico de la literatura, que perciben escritor y lector, pudiera tener una base científica y, en concreto, neurológica.

En la fase final del libro 'Y el cerebro creó al hombre', Antonio Damasio explora la forma en que pudo nacer la conciencia en el ser humano y, en su parte final, el autor llega al momento del nacimiento de las artes y su motivación.

Al igual que con otros elementos de la conciencia, Damasio percibe una función homeostática, es decir, de regulación y conservación de la propia vida. Dado que para el científico portugués la conciencia está íntimamente ligada al cuerpo que habita y que le da soporte físico, dado que las emociones tienen su origen y correlato en lo físico, y dado que la recreación de emociones se transmite a esa sensación física, una actividad como son las artes, productoras de placer, podrían tener un efecto beneficioso para la propia vida y, en palabras del propio Damasio "ayudaron a la comunicación y a compensar los desequilibrios emocionales que el miedo, la ira, el deseo y el pesar podían causar".

Damasio resume así ese carácter terapéutico:

"No es que las artes fuesen una compensación completa o adecuada para el sufrimiento humano, para la felicidad inalcanzada, para la inocencia perdida; pero aún así fueron y son una cierta compensación, un contrapeso para las calamidades humanas. Las artes son uno de los extraordinarios dones que la conciencia ha concedido a los seres humanos."

Quizá, el identificar una posible báse científica y neurológica al poder terapéutico de las artes y la literatura pueda parecer que le reste al fenómeno algo de encanto y misterio... aunque cierto es que nada de su poder.

Pero quizá, en cierto sentido, incluso puede resultar tranquilizador. Al fin y al cabo, si Damasio está en lo cierto, esa capacidad terapéutica de las artes y la literatura no es una ilusión, una fantasía, sino una realidad, una afortunada y fascinante realidad.

lunes, 12 de octubre de 2009

Lo sombrío

Repaso mentalmente el contenido de mis últimas lecturas, hago censo de títulos y me encuentro cosas como 'Desgracia', 'Los espectros' o 'La música del hambre'. Existe un predominio acusado de lo sombrío, de lo desgraciado, de lo terrible. Ni es mi carácter ni siempre la temática es la misma, pero es cierto que en mis lecturas, puede que en la literatura en general, abunda ese tratamiento de los lados oscuros de la existencia: la soledad, la muerte, la miseria, la locura.

Siempre me ha llamado la atención el hecho de que parezca más literario el lado triste y sombrío de la humanidad que su lado alegre, optimista y enérgico.

¿ Por qué ? No lo sé. Quizá porque toda historia necesita un conflicto que resolver y los conflictos suelen surgir de entre lo sombrío, o quizá porque, como nos sugería Juan José Millás este verano, la literatura actúa a modo de bisturí, abriendo y cauterizando heridas. Tal vez, siguiendo el símil médico, la lectura sombría actúa a modo de mecanismo preventivo, ayudando a reconocer los síntomas y a evitarlos, vacunando contra la devastación.

A lo mejor es todo más sencillo y, simplemente, y mientras se limite a las páginas de un libro, la sombra sea bella...

domingo, 9 de agosto de 2009

Más terapia literaria

Parece como si últimamente me persiguiese, en los textos que leo, el papel terapéutico de la literatura.

Lo observé en la novela 'El mundo' de Juan José Millás y lo traje a este blog en el artículo El bisturí.

Lo creí percibir, no obvio, pero sí como una motivación entre líneas, en los versos de Idea Vilariño y lo propuse como una explicación en el artículo Renuncia.

Y ahora, se me aparece de nuevo, muy explícito, en un poema de Carlos Marzal. El título ya no deja lugar a dudas. Se titula 'Sanación'. Este es el poema:

"Me curo de vivir en lo que escribo
y en lo que vivo sano de escribir.
Son dos fervores
y una misma dolencia.
Me prescribo palabras
                                      mi narcótico:
sin ellas, mi no-mismo
                                      está enfermo de mí.

La alegría, si no escribo alegría, no es perfecta,
y cuando ya lo he escrito, se me brinda
la realidad, alegre, para el brindis.
Parece, por tan pura,
pura superstición pero yo expío
no sé bien nunca qué,
                                      pago una deuda
que contraje en mis sueños.
                                      Soy dichoso,
con la dicha infantil del absoluto,
si el ángel de un poema se me anuncia.

Cuando llegan las nubes me repito:
no han llegado las nubes. Y no llegan.
Cuando busco la lluvia, me aconsejo:
la luvia ya está aquí, y aunque no llueve
me mojo con la lluvia.
                                      Me persuado
de que cumplo en mi vida, con la vida,
si advienen las palabras.

Se vive de ilusión.

Curo con tal que escriba que me curo.

Mi no-mismo y mi yo son mis ilusos.
"

domingo, 2 de agosto de 2009

El bisturí

"Cuando escribo a mano..., creo que me parezco un poco a mi padre en el acto de probar el bisturí eléctrico, pues la escritura abre y cauteriza a un tiempo las heridas"

Juan José Millás
'El mundo'

Así lo expresa Juan José Millás al principio de su novela 'El mundo'. Una idea que me llamó la atención nada más leerla. Finalizada la novela, veo que estuve certero a la hora de identificarla como clave, pues el propio Millás vuelve a ella repetidamente como uno de los leit-motiv de esa novela y, por ende, de su planteamiento literario.

Y es que, en efecto, uno de las funciones de la literatura es explorar problemas, conflictos...heridas...y en muchos casos servir como un mecanismo para procesarlas, asumirlas...cauterizarlas.

Y si esa función se puede cumplir para un lector... ¡ qué no puede significar para un escritor que hable desde su corazón, desde sus ideas, desde sus sentimientos ! ¿ Cuántas heridas no se encontrarán en las páginas de los libros y cuántas de ellas no habrán sido, al menos parcialmente, cauterizadas, por el mero hecho de hacerse palabra escrita ?