sábado, 24 de octubre de 2009

El balcón

Otro acertado comentario de Carmen Martín Gaite allá por 1978:

"El deseo de asomarnos a vidas ajenas es uno de los gérmenes más importantes de la narración"

¿ No es, en efecto, esa posibilidad de vivir otras vidas, de observarlas desde la distancia, uno de los atractivos de la lectura ? ¿ No es lo que la convierte en una inocua fuente de experiencia y conocimiento ?

¿ No es, incluso, un aliciente para la escritura esa potencialidad de recrear vidas posibles, o mundos posibles como dicen los teóricos ? ¿ No es una forma de ensayar, sin daño, posibilidades, cursos de acción, comportamientos ?

La narrativa puede ser un balcón: nos permite asomarnos a otras vidas...pero protegidos por la distancia e impunidad que nos confiere el conocer que se trata de una ficción o, en el peor de los casos, la seguridad de no tener que interaccionar realmente con los personajes y la historia.

2 comentarios:

Adri Phaustho dijo...

Vaya... Nunca lo había visto así, pero la verdad es que tal cual sucede.

De todas formas, la curiosidad que proviene de la lectura es, en mi opinión, una curiosidad sana, que nada tiene que ver con abominaciones como la prensa rosa.

Bonita metáfora la del balcón, sin duda.

igrgavilan dijo...

Si, Adrián, yo también creo que es una curiosidad sana. Al fin y al cabo no juegas con personas reales (por más que puedan representar a tipos muy reales). Es esa inocuidad de la observación parte de la gracia.