domingo, 4 de septiembre de 2011

El argumento como camino

Aprecio una aparente contradicción, o un diferente punto de vista en cuanto a estrategia de escritura, entre lo que es la planificación de las novelas, la definición detallada del referente, de los personajes y los hechos, frente a la opción del descubrimiento, la concepción de que los personajes, a partir de un cierto momento, cobran vida propia y dirigen su propia historia, una concepción donde el escritor ejerce, casi, de mero expectador y notario.

Lo primero parece más profesional, más trabajado, más técnico, más intelectual. La segunda opción añade elementos más vívidos, más vocacionales, más sentimentales, más humanos, si se quiere.

Supongo que ambos enfoques conviven con diferente peso según el escritor concreto, según su personalidad y entendimiento de la literatura.

Paul Theroux es un escritor estadounidense famoso por sus libros de viajes y novelas. Por vía indirecta descubro la siguiente cita de su autoría que ilumina la disquisición anterior. Nos dice:

"Es nefasto saber demasiado antes de partir: el aburrimiento invade con la misma rapidez al viajero que conoce la ruta que al novelista que está demasiado seguro de cuál será el argumento."

Está claro que Theroux apuesta, quizá por su filiación hacia los libros de viajes,  por la concepción del argumento como camino, por el descubrimiento de la historia según ésta avanza.

Es un enfoque, sin duda, más atractivo, más divertido como el propio Theroux viene a decir. Lo que no estoy seguro es de si se trata del más acertado... o si, siquiera, existe un enfoque acertado y otro que no lo es.

domingo, 21 de agosto de 2011

Pensar y escribir (III): una ratificación

"No hay mejor forma de aprender sobre cualquier cosa que escribir un libro sobre ello."

Martin Gardner

Una cita, en este caso a cargo de un filósofo de la ciencia, el estadounidense Martin Gardner, viene a ratificar lo que ya he recogido en dos artículos anteriores (I y II): la estrecha conexión entre la escritura y el pensamiento.

Una afirmación sencilla y contundente que anima a escribir como forma de profundizar en el conocimiento sobre cualquier asunto.

Sin ninguna duda si hablamos de ciencia o de filosofía. Pero ¿y si hablamos de la vida, de la naturaleza humana, de los sentimientos, de los conflictos?

Tal vez ese sea, precisamente, el campo natural de la literatura.

domingo, 14 de agosto de 2011

Sabor antiguo


Camilo José Cela caminante 
 Hace unos días finalicé la lectura de 'Viaje a la Alcarria' de Camilo José Cela, una obra que me trae vagos recuerdos de lectura infantil, de retazos de literatura que, a modo de ejercicio y cebo cultural, nos ofrecían los libros de lectura de la educación básica.

Familiar me resultaba, debido a la bebida en esa fuente educativa, y a pesar de no haber nunca completado la lectura de esta obra, la repetida pregunta 'al viajero' acerca de su eventual destino a Zaragoza. Se trata esta lectura de una deuda que con ese pasado mantenía, uno de aquellos libros cuya lectura repetidamente uno se promete pero que, sin un motivo concreto, también repetidamente se posterga.

Tampoco falto a mi cita veraniega de los últimos años con Pío Baroja y, en esta ocasión, me encuentro finalizando su 'Zalacaín el aventurero', una nueva muestra de la prosa ágil y rica en tipos literarios del autor vasco.

Y no finalizará aquí, Dios mediante, mi recorrido por algunos de esos clásicos españoles puesto que tengo en mi zurrón de lectura veraniega a Miguel Delibes con su 'La sombra del ciprés es alargada',

Me resulta especialmente atractiva la lectura de autores españoles de ese pasado en cierto modo cercano, en cierto modo remoto. Singularmente me atre el periodo de posguerra, los años cuarenta y cincuenta aunque sin despreciar el principio del siglo XX o final del XIX.

Encuentro en esos autores y lecturas algo así como un recuerdo ancestral de nuestro pasado cercano, una herencia que conecta, bien que algo 'in extremis', con borrosos recuerdos de la España de mi infancia, aún heredera de ese pasado del cual, poco a poco, empezaba a distanciarse pero que aún era plenamente reconocible.

La España que estos autores nos reflejan es un España pobre, rural, atrasada, ignorante y con una cierta amargura y tristeza soterradas aunque asumidas con frecuencia por los personajes con una serena resignación, a veces con humor e ironía, y en otras con una profunda sabiduría, no de aquella que se aprende en las escuelas, sino la que la vida esforzada y la tradición proporcionan.

Se trata, cierto es, de una época dura y gris, pero en esa grisura aparcen brillantes perlas literarias y unos personajes y ambientes produnda y trágicamente interesantes.

No sé si se trata de una receta para todos los paladares pero para mi particular apetito literario, ese sabor antiguo, constituye uno de los mayores manjares.

domingo, 17 de julio de 2011

Pensar y escribir (II): el papel de las servilletas

Hace tres meses publicaba en este blog una reflexión titulada 'Pensar y escribir' en que, inspirado por un texto de Murakami en su 'De qué hablo cuando hablo de correr' recogía mi propia necesidad de escribir para pensar, algo que el autor japonés también decía sentir.

Y concluía que, en mi opinión, esa conexión entre escritura y pensamiento estaba relacionada con la necesidad de volcar en un soporte externo, mediante la escritura, nuestras ideas para, de esa forma, liberar recursos cognitivos que dedicar a seguir generando ideas y elaborar las anteriores.

En una fuente no literaria, sino en un tratado de productividad personal, el famoso 'Organízate con eficacia' de David Allen, encuentro una similar explicación:

"Muy pocas personas son capaces de centrar la atención en un tema durante más de un par de minutos sin la ayuda de alguna estructura objetiva o alguna herramienta o incentivo. Piense en un proyecto que tenga en marcha en estos momentos y trate de centrarse sólo en él durante más de sesenta segundos. Es una tarea bastante dífícil a menos que tenga bolígrafo y papel y utilice estos 'artefactos cognitivos' para retener sus ideas. Si dispone de ellos podrá pensar en lo mismo durante horas. Esto explica por qué las mejores ideas pueden surgir mientras se está ante el ordenador, elaborando un documento sobre el proyecto, o trazando un mapa mental en una libreta o en una servilleta de papel en un restaurante..."

Parece, pues, algo así como una ley general, aplicable también al campo de la literatura y la ficción. Difícilmente podremos retener una historia en nuestra cabeza, o perfilar en detalle unos personajes, si no trasladamos a papel lo que bulle en nuestros cerebros.

Probablemente esa sea la explicación cognitiva a la frase de Picasso "que la inspiración te encuentre trabajando"... o, al menos, digo yo, con una servilleta de papel cerca...

domingo, 19 de junio de 2011

La escritura es como una caja de bombones

"La vida es como una caja de bombones. Nunca sabes lo que te va a tocar."

Así rezaba la famosísima frase de la película Forrest Gump. Y algo parecido sucede con la escritura, nunca sabes exactamente lo que va a salir.

Normalmente, antes de escribir un documento, de ficción o no, existe una idea en la mente. En algún caso esa idea se traduce incluso en palabras, en alguna frase que ronda la imaginación.

Sin embargo, no importa cuánto se haya reflexionado sobre un texto, la verdadera concreción se produce en el momento se sentarse ante un papel o ante un ordenador, en el momento de llevar a palabras concretas, a frases concretas, esa idea primigenia.

A veces el resultado es mucho mejor de lo imaginado y nos sorprendemos a nosotros mismos con un texto genial. En otras ocasiones, por el contrario, es apenas un pálido reflejo de lo que pensábamos era una gran reflexión o una magnífica historia.

Quizá una gran idea se pierda porque en el momento de plasmarla no acertamos a hacerlo de manera afortunada. O, quizá, una idea sencilla sea elevada a altas cotas gracias al uso inspirado de las palabras.

Siempre existe un puntito de magia y de improvisación, una ocasión para la sorpresa.

Quizá por eso sea un arte. Quizá por eso nos guste tanto.

domingo, 12 de junio de 2011

Nuevas tecnologías y nuevas narrativas

Desde siempre, uno de los valores que se ha atribuido a los grandes artistas en general, y los grandes escritores en particular, una de las características que podía convertir al artista en una figura a recordar y estudiar, era su capacidad de introducir innovaciones, nuevas técnicas, nuevas formas de expresar y narrar.

Los diferentes movimientos que en la historia del arte han existido, siempre criticaban algunos aspectos del movimiento dominante en ese momento y proponían nuevas formas de expresión.

Hoy día, con independencia de otros cambios de orden más cultural o social, nos vemos inmersos en la penetración de las nuevas tecnologías en todo el mundo de la comunicación tanto artística como no artística. Por su influencia en lo que rodea al campo de la literatura, destacaría Internet y los medios sociales, y los nuevos dispositivos: eBooks/eReaders y tablets.

Algunos de los cambios que esta nuevas tecnologías introducen afectan sólo a la superficie pero no a la esencia de lo que es una obra literaria. El que leamos un libro en un eReader en lugar de hacerlo en un ejemplar en papel no afecta realmente a la esencia de la obra literaria, aunque pueda afectar superficialmente a la experiencia del lector.

Sin embargo, lo que en este artículo se plantea es si las nuevas tecnologías también pueden afectar al arte en su profundidad, si, en concreto, puede conducir a nuevas formas de narrar o, incluso, si pueden generar nuevas ramas del arte.

Me inspira la frase leída recientemente en el libro de Nick Bilton titulado 'Vivo en el futuro... y esto es lo que veo'.

"El papel impreso es estático y, por ende, también lo es su narrativa"

Nick Bilton no es un literato. Es un periodista que se dedica al campo de las nuevas tecnologías y la innovación, especialmente en ese campo periodístico. Para él, la esencia de lo que el periodismo y otras formas de comunicación son es el 'contar historias' y, aunque de forma simplificada y desnatada, podríamos admitir que ese es el objeto también de la literatura.

Lo que la frase de Bilton nos sugiere, es que el soporte, el medio, afecta a la narración en si misma. Para Bilton, las historias contadas en papel, ya sean historias periodísticas o ficciones literarias, se ven obligadas, dado el medio que las soporta, a ser unas historias estáticas, inmutables.

Contrasta esa percepción estática del periodismo o libro tradicional con la visión conversacional que introducen la Web 2.0 y los medios sociales y, sobre todo, con un concepto emergente de libro en que se ofrece al lector información dinámica, contextual y multimedia, adaptada al usuario y la historia. Si el libro menciona un pais, se puede acceder a información sobre ese pais: sus datos demográficos, fotos de los lugares más interesantes, música típica o... en fin, la imaginación es el límite. Sobre el libro se puede acceder igualmente a las opiniones de otros lectores, o quizá podamos incluso elegir entre finales alternativos, según nuestra elección. O, más innovador aún, 'el libro' puede elegir el final según lo que sabe de nosotros, de forma similar a como páginas web del estilo de Amazon conocen nuestros gustos y nos hacen ofertas adaptadas a nuestro comportamiento anterior de navegación o compra. Quizá, yendo más lejos, se pueda construir la historia según lo que los colectivos interesados deseen, haciendo uso de los medios sociales. Todo ello es tecnológicamente posible y algunas de estas opciones se están ejerciendo ya hoy día.

Las nuevas tecnologías permiten todo esto sin más que trasladar los conceptos ya utilizados en Internet e, incluso, me atrevería a decir que en los videojuegos, al concepto de libro. Y todo ello habilitado por estos nuevos dispositivos, tablets y eReaders, por toda la conectividad que Internet y la banda ancha nos ofrecen, por todas las técnicas analíticas y de data mining surgidas al amparo, por ejemplo, del CRM,  y por la nueva cultura de la comunicación, colaboración y compartición entre iguales, por el traslado al mundo del arte y la narración del concepto de 'prosumer'.

La búsqueda de nuevas narrativas es muy anterior a la llegada de las nuevas tecnologías. Hace ya mucho tiempo que los escritores han buscado, por ejemplo, nuevas perspectivas temporales huyendo de la secuencialidad temporal. Hace ya mucho que se escriben novelas que  entremezclan pasado presente y futuro o se realizan flashback, quizá incentivados por la influencia cinematográfica.

Hace ya tiempo que los autores introducen otros elementos innovadores y sorprendentes. Sin ir más lejos, acabo de leer la novela 'La delicadeza' donde el autor, David Foenkinos, entre capítulo y capítulo realmente narrativo, introduce breves capítulos que constituyen puros datos más o menos relacionados con lo que acaba de contar en el capítulo anterior. Como un simple ejemplo casi al azar, en un capítulo se menciona de forma absolutamente colateral la disputa por la secretaría general del partido socialista francés entre Martine Aubry y Ségolène Royal. Justo a continuación, el autor introduce un escueto capítulo que reza como sigue:

"Palabras pronunciadas por Ségolène Royal cuando su rival la supera por 42 votos:

'Eres insaciable, Martine, no quieres reconocer mi victoria'
"

Estos breves capítulos que aportan datos o curiosidades son una constante a lo largo de la novela y, diría, pudieran estar inspirados o, al menos, realizar similares funciones a las que corresponderían a un enlace de hipertexto o a una información contextual.

En cuanto a las historias que pueden ser construidas por el lector, cabe mencionar la clásica 'Rayuela' de Julio Cortázar donde, según su autor nos indica, podemos empezar a leer por donde queramos y, siguiendo la guía de capítulos que se ofrece a modo de anexo o guía de lectura, construir historias alternativas.

Probablemente, pues, podríamos concluir que los narradores desde siempre han buscado alternativas y nuevas formas de expresión. La tecnología, que tradicionalmente fue el papel impreso, actúa como habilitador. Y no parece que sea diferente con las nuevas tecnologías.

Lo que sí creo que ocurre es que las tecnologías de la información y las comunicaciones, y las capacidades de los nuevos dispositivos son tan enormes, tan espectaculares, que sí pueden convertir en posibles nuevas formas de expresión y narración, impensables hasta hace poco e, incluso, cabe apostar que, con casi total seguridad, apenas avistamos ahora mismo lo que puede deparar el futuro, que es muy posible que la auténtica revolución de la comunicación artística, como todas las grandes revoluciones, ni siquiera seamos capaces de imaginarla en estos momentos.

domingo, 5 de junio de 2011

El mutismo de Romeo y Julieta o el valor de la propia vida como referente

Hace muchos años, creo que en un manual escolar sobre literatura o en una clase sobre el tema, leí o escuché que la literatura, en especial las novelas, presentaban vidas o hechos posibles, pero con mucho más vigor (creo que era vigor la palabra que utilizaban) que la vida real. Y de alguna forma se entendía que ese mayor "vigor", supongo que la mayor acumulación de hechos y hechos, sobre todo, mucho más interesantes y emocionantes, era lo que confería interes al relato.

Hace también algún tiempo, leyendo algo de teoría literaria, entré en contacto con el concepto de "referente". Si lo entendí bien, el referente funciona como sigue: el escritor se imagina una historia, una vida, unos hechos. Esa historia imaginaria, ese mundo posible, pero sin más adornos, es el referente. A partir de ese referente, el escritor establece cómo nos cuenta la historia, cómo utiliza los materiales que ese referente ofrece. No se trata sólo, por supuesto, de qué palabras utiliza, sino del orden en que se cuenta, ya sea de forma lineal, o intercalando diferentes momentos temporales o, más importante, lo que cuenta, el material que se explicita en la historia, lo que sólo se insinúa y lo se oculta o vela. Es decir, a partir de un material ficcional o no, pero de alguna forma neutro, el referente, el escritor construye su narración. Y gran parte del interés y el mérito literario se encontrará, no tanto en la historia en si, en el referente, sino en la forma en que el escritor utiliza ese material primigenio para construir su obra y transmitir su mensaje.

Si caemos en la tentacióin, casi diría en el error, de comparar nuestras vidas reales con las vidas imaginarias de la literatura, con esos mundos posibles, con esas historias plenas de 'vigor', podemos erróneamente infravalorar nuestra propia existencia, nuestra propia vida. Puede parecer carente de interés.Pero es un error.

No comprendemos que, actuando así, olvidamos que nuestra propia vida es sólo un referente, un material neutro. ¿Podemos imaginar todos los momentos de los grandes personajes que sus autores han omitido en aras del 'vigor'? ¿Podemos imaginar todas las pequeñas tareas y acciones del día a día que, necesariamente, cualquier personaje, por muy princesa, héroe o villano que sea, debe forzosamente ejecutar? ¿Podemos imaginarlos comiendo un bocadillo, o roncando, o tropezando en un escalón? ¿Somos capaces de imaginarlos despeinados y con legañas nada más salir de la cama?

Markus, uno de los personajes de la novela 'La delicadeza' de David Foenkinos, reflexiona en esa línea cuando, a la mañana siguiente de una satisfactoria cita romántica, es incapaz de cruzar una palabra en un pasillo con su amada Nathalie. Y hace la reflexión pensando en los amantes por excelencia, Romeo y Julieta:

"La vida son sobre todo momentos de borrrador, tachones y espacios en blanco. Shakespeare sólo invoca los momentos fuertes de sus personajes. Pero, por supuesto que Romeo y Julieta, en un pasillo, al día siguiente de una bonita velada, no tienen nada que decirse."

Quizá, lo más importante no sea tanto la reflexión propiamente literaria acerca de cómo el escritor escoge el material del referente para construir su obra. Quizá, más interesante sea la reflexión para nuestra propia vida y nuestra propia autoestima.

No despreciemos nuestra propia vida porque existan, como dice Markus, momentos de borrador, tachones y espacios en blanco. Es lo normal. Pero es que nuestra vida es sólo el referente. Nuestra historia puede tener todo el 'vigor' de las grandes novelas. Sólo hace falta que elijamos convenientemente el material de nuestro propio referente, de nuestra vida, con el queramos quedarnos, con el que queramos narrarnos.

Nuestra vida es valiosa. Hagamos de ella una obra de arte. Contemos a los demás, contémonos a nosotros mismos, una buena historia.