domingo, 15 de septiembre de 2013

300... libros

Ayer Sábado 14 de Septiembre publicaba en Mundo Azul (www.ignaciogavilan.com), mi página personal, la reseña de 'Sobre los ángeles' de Rafael Alberti.

No se trata de un libro realmente especial para mi, no se trata de un libro que haya disfrutado especialmente o que recomendaría, sino más bien todo lo contrario,...pero se trata del libro que hace el número 300 en la sección de literatura de dicha página, que viene a querer decir el número 300 de los libros de ficción leídos desde que, en Diciembre de 2005, lancé mi página personal en Internet, y momento en que comencé a publicar reseñas de todos, absolutamente todos, los libros que he leído desde ese momento.

Estos 300 libros de ficción (narrativa, poesía, teatro) se suman a los 31 libros sobre temas de tecnología, 82 sobre temas variados de empresa (estrategia, marketing, operaciones, liderazgo, etc) y 40 en el área de humanidades (psicología, sociología, teoría literaria, etc).

300 libros de ficción, 453 libros en total, leídos en poco menos de 8 años, en 93 meses, en unas 380 semanas (este último dato es sólo aproximado, no lo he comprobado).

Teniendo en cuenta que el periodo transcurrido desde el lanzamiento, esto supone que, desde entonces, he leído a ritmo de algo más de tres (3,23) libros de ficción al mes, poco menos de un libro a la semana, pero casi cinco (4,87) libros leídos al mes si incluyo todos aquellos de no ficción lo que completa la cifra, ahora sí, de algo más de un libro semanal.

¿Es mucho? ¿Es poco?

¡Quien sabe!

Seguro que se trata de una cifra muy, muy por encima de la media nacional...pero probablemente apreciablemente por debajo de las marcas que pueden conseguir los 'auténticos' devoradores de libros.

Lo que no me cabe duda es del enriquecimiento que esta experiencia de lectura supone, de las perspectivas que me abren tantas y tan variadas obras, del aprendizaje implícito o explícito que supone, de las muchas horas de disfrute y desarrollo personales.

300 libros que, como los míticos 300, protegen una Esparta de intelectualidad y reflexión, de conocimiento y sensibilidad.  300 que, a a diferencia de los heroicos espartanos, no terminan en estas Termópilas sino que tendrán continuidad, espero, durante muchos años y muchas nuevas horas de ocio, estudio y disfrute.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Lanier y los libros (II) - El libro como culminación y síntesis

La lectura de un libro consume en general un puñado de horas que se suelen distribuir a lo largo de varios días. Un puñado de horas y varios días constituyen una dedicación no despreciable pero, en cualquier caso, ligera, desproporcionadamente ligera con respecto al trabajo y dedicación del escritor. quien puede haber empleado probablemente meses, quizá años, en preparar y escribir ese libro.

Además, un libro recoge y expresa una intención, un pensamiento, una posición intelectual o vital que ha precisado de una maduración previa, la cual, a su vez, también ha necesitado un tiempo de reflexión y decantamiento.

Ese concepto de culminación de un pensamiento es por el que aboga Jaron Lanier al final de su libro 'Who owns the future?'

A book is not just a read, it is also a summit, a codification of a point of view.

Más aún, si el escritor ha puesto realmente su pensamiento y su corazón en lo que ha escrito, si realmente se ha volcado a sí mismo en su obra, el libro va mucho más allá de la concreción de una idea para pasar a convertirse en la síntesis de la personalidad del escritor, su misma esencia, su alma.

Citando de nuevo a Lanier:

A book isn't an artifact, but a sinthesis of a fully realizad individual personhood with human continuity.

Quizá este proceso maduración intelectual y emocional que un buen libro requiere, y esta entrega del alma en la obra es lo que hace a los grandes libros tan atractivos para los lectores... pero también tan exigentes para sus autores.

domingo, 1 de septiembre de 2013

Lanier y los libros (I) -El lector como héroe

No es Jaron Lanier un escritor en el sentido literario del término... aunque escribe libros. Pero su foco es la tecnología y la influencia en la sociedad, no la ficción, no la novela, el teatro o la poesía..

No obstante, tanto en la apertura como en el cierre de su última obra, 'Who owns the future?' hace dos comentarios que creo son aplicables al ámbito de la literatura.

El concepto que me llamo la atención en la apertura de su libro, y que ocupa este primer post de una serie de dos, es el de considerar al lector como un héroe. Ésta es la frase en concreto:

The very action of reading makes you the hero of the story I am telling.

Debo advertir que el sentido que probablemente le da Lanier es algo distinto al que un aficionado a la literatura, sin contexto, pueda interpretar. El libro de Lanier en que esta frase se enmarca analiza en muchos sentidos el impacto de lo digital en la sociedad, y uno de esos impactos es que las personas se acostumbran a obtener lo digital, muy especialmente los bienes culturales como pueden ser la música o los libros, de forma gratuita, en algunos casos mediante descargas o copias ilegales. Lanier propondrá un esquema de micropagos para los autores que no vaya en contra de un bajo precio para los consumidores finales. En ese sentido, el hecho de que un lector haya pagado, lo convierte en protagonista, en héroe, del modelo que Lanier propone.

No obstante, creo que se puede ir más allá y extender más allá lo heroico del lector, abarcar otros aspectos, quizá ser algo más romántico. 

¿No debe el escritor agradecer al lector que dedique su tiempo a leer la historia que el escritor ha producido? ¿No es un reconocimiento al escritor y su valía o, al menos, una oportunidad que el lector concede al escritor? ¿No es una suerte de regalo? Y, si además, el lector ha pagado, quizá no poco, por la obra que tiene en las manos... ¡Cuánto debe entonces el escritor al lector!

Tampoco nos confundamos. Existe un intercambio. El escritor ofrece su talento, sus ideas, su esfuerzo, su tiempo...

Pero a los escritores ya los admiramos.

¿Deben los escritores admirar a los lectores?

domingo, 18 de agosto de 2013

Multiplicando los mundos posibles

"En el mundo real las cosas suceden solo de una manera. En la ficción hay más margen: está lo que ocurre, lo que pudo ocurrir, lo que sospechamos que ocurrirá, incluso lo que deseamos que ocurra aunque parezca improbable."

Marian Izaguirre
'La vida cuando era nuestra'

Así se expresa uno de los personajes principales de la novela 'La vida cuando la vida era nuestra' de Marian Izaguirre. Se trata de Rose, una mujer madura y culta, amante de los libros y que también se ha atrevido con la escritura de unas memorias.

La afirmación de Rose recoge una cualidad maravillosa de la literatura de ficción, la apertura de posibilidades, las que explicita o insinúa el escritor...y las que puede añadir de su cosecha, y ya en su mente o en su corazón, el lector... o los miles o millones de lectores.

El escritor crea y propone un mundo posible... y los lectores los enriquecen con base en sus experiencias, su imaginación o sus sentimientos.

Es como una ramificación eterna de ecos y posibilidades, un multiplicar de ondas en las aguas de la ficción y la imaginación a partir de una piedra lanzada por el escritor.

¿No es potente?

¿No es maravilloso?

domingo, 30 de diciembre de 2012

Mi literatura en 2012

Como llevo haciendo desde hace unos años, cuando se acerca el cierre del año resumo en este blog mis lecturas del año e intento hacer un somero análisis así como una selección de la mejor o mejores libros de lo que he leído en los últimos doce meses.

2012 ha seguido y acentuado, por desgracia, una tendencia iniciada en 2011 y que cristaliza en una importante reducción de las obras leídas, debido en parte a la dedicación de mi tiempo de ocio a otras actividades y, por otro lado, en un relativo cambio de foco del tiempo lector hacia contenidos no específicamente literarios.

Aún así, y a la espera de tiempos mejores para la lírica... y la narrativa, procedo al resumen anual.

NARRATIVA
Aunque relativamente reducida, en mi lectura de narrativa aparecen algunos títulos clásicos y alguna experimentación de cierto interés. 

Estas son mis lecturas del año en el género de narrativa:

Se mezclan, creo, lectura de clásicos como 'Dublineses', 'Infancia' o 'El mundo es ansí', con la búsqueda de nuevos autores o nuevos estilos como en el caso de 'Enciclopedia de la nieve' o 'El hijo'. No he encontrado este año ninguna obra que me haya realmente deslumbrado y que aconsejaría a ciegas a cualquier lector. Sin embargo, y quizá porque fue la que más tiempo me ocupó de lectura (es una obra muy extensa), elegiría 'La vida entera' de David Grossman como mi libro del año, aunque también quisiera mencionar como relevantes 'Sabado' de Ian McEwan y 'Piezas en fuga' (de Anne Michaels).

POESÍA
La dedicación a la poesía se ha reducido a la lectura de un solo poemario, por lo que no parece oportuna una valoración de ámbito general sino sólo consignar la obra objeto de mi atención:
  • El ojo de la aguja (Carlos Bousoño)
Dado la escasez, no me parece adecuado, tampoco, la selección del libro del año en este género.

ENSAYO
A diferencia del género de ficción, en lo relativo a ensayo sí que he tenido una bastante intensa actividad lectora. Sin embargo, dado que todo el ensayo que he leído se sitúa en la esfera de la sociedad digital, el negocio digital y la tecnología, temáticas que abordo en otro de mis blogs, 'Blue Chip', emplazo al lector a que acuda al post con mis lecturas en ese ámbito en 2012 en Blue Chip.

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Y con esto cierro mi año literario, no sin desear una más fecunda cosecha lectora para el año que entra y deseando un muy feliz y literario año 2013 para todos lo seguidores de este blog.

domingo, 30 de septiembre de 2012

Mis experiencias con e-books

Tenía tanto libro en papel esperando ser leído, y la inercia de seguir comprando por impulso en las librerías tradicionales aquellos libros que me llamaban la atención era tan fuerte que, a pesar de disponer ya desde hace tiempo de un e-reader (un modesto pero apañado Kindle, en la parte más baja de su gama), y a pesar de que, por otros motivos, tenía un gran interés en experimentar de primera mano cómo es eso del libro electrónico, la lectura de e-books ha sido una experiencia que se había ido retrasando.

Ahora que ya he leído algunos libros en este nuevo medio, ahora que, incluso, ya empiezo a tener una lista de libros electrónicos esperando a ser leídos, quisiera hacer una anotación de sensaciones, una suerte de comparativa, personal y nada científica, acerca de las diferencias, los pros y los contras, que encuentro en una y otra experiencia lectora.

Conviene anotar que, todavía, los libros electrónicos que he leído caerían dentro de la categoría de no ficción (libros sobre management, habilidades y gestión de la tecnología), pero aún no me he lanzado a leer novelas, y mucho menos poesía, por este medio. Calculo que la lectura propiamente literaria en libro electrónico me podría ofrecer facetas nuevas a valorar.

Advertido esto ¿qué diferencias observo?

LO BUENO

Una característica muy propia del libro electrónico, y que he valorado muy positivamente, es su carácter de hipertexto, de libro extendido, la posibilidad de acceder desde el propio libro a otras informaciones. En el caso de mi modesto Kindle, y a pesar de que ni siquiera le funciona adecuadamente la conectividad WiFi, lo que más me ha ayudado, y dado que he leído libros en Inglés, es la integración con un diccionario de forma que, con sólo situar el cursor al lado de una palabra, me proporciona inmediatamente su entrada en el diccionario.

Bastante ligado a lo anterior está la posibilidad de interacción, compartición y colaboración con otros. Así, y aunque yo no he podido utilizarlo por los problemas de conectividad ya mencionados, podría eventualmente compartir de forma inmediata citas en Twitter. Yo no le he utilizado, insisto, pero si he detectado a personas que sigo en Twitter que sí han utilizado esta capacidad.... y creo que tiene su gracia y su interés.

Otras capacidades típicamente electrónicas, como buscar una palabra o una frase dentro todo un libro, son algunas de las grandes ventajas del libro electrónico.

... y el espacio... o la no necesidad de espacio. Ahora que tengo mi hogar repleto de libros, que cada nuevo libro físico que adquiero constituye un problema a la hora de encontrarle acomodo en alguna estantería, el comenzar la andadura por los libros electrónicos es un evidente alivio y una promesa de 'escalabilidad'.

LO NO TAN BUENO

Pero existen algunos aspectos en los que creo que, sinceramente, el papel gana a lo electrónico.

Algo muy personal que siento he perdido con el libro electrónico (o no he sabido traducirlo al nuevo medio) es lo que yo llamaría la exploración. Me refiero a esa visualización rápida de un libro (la portada, la contraportada, las solapas, el índice, la propia longitud del libro, y, sobre todo, la exploración mediante ojeo rápido del contenido). Una exploración que utilizo antes de adquirir un libro pero también a veces, al inicio de su lectura o, incluso, en algún momento intermedio.

Otra pérdida, que enlaza con la de la exploración a mitad de la lectura, es el contexto. Me explico. Especialmente cuando se trata no de ficción, sino de tratados más o menos complejos, me suele resultar conveniente de vez en cuando echar la vista atrás, recordar la estructura del discurso (que me suele proporcionar un vistazo al índice) y el repaso un poco de lo tratado hasta el momento (que recupero mediante un ojeo más o menos rápido). Ese repaso de contexto lo considero muy importante para cierto tipo de lecturas y sé como hacerlo de forma rápida y cómoda en un libro en papel...pero no he encontrado cómo hacerlo en mi Kindle.

De nuevo, muy relacionado con el ojeo rápido, he echado en falta la búsqueda de recuerdos a medias. Me explico de nuevo. A veces recuerdo vagamente una frase o una explicación y quiero volver a localizarla. En el libro en papel la memoria fotográfica me ayuda. Más o menos recuerdo por dónde estaba, si lo vi en página par o impar y si estaba hacia la parte superior o inferior de la página. Con eso, suelo encontrar con relativa facilidad esa frase, explicación o cita que solo recuerdo vagamente. Pero no sé cómo traducir eso a un libro electrónico. Las capacidades de búsqueda concreta, de una palabra o una frase concretas, son mucho mayores en el libro electrónico que en el papel...pero en lo que a la búsqueda vaga se refiere... es diferente. Ahí no veo que el libro electrónico tenga mucho que ofrecerme, al menos en lo que yo conozco y he experimentado.

SENSUALIDAD Y EXPERIENCIA DE LECTURA

Creo que alrededor de la experiencia de lectura, en torno a lo que es la centralidad de la actividad lectora, la captación del mensaje, información, historia o sentimiento y, eventualmente, la belleza, calidad o eficacia de la expresión, existen elementos anejos, no estrictamente literarios, que conforman la experiencia del amante de la lectura.

Se inicia en la propia búsqueda y compra. Puede resultar muy agradable el perderse en librerías, el curiosear entre los volúmenes, el sorprenderse con hallazgos, el explorar libros o el recibir el consejo de los cada vez menos frecuentes libreros eruditos, amantes y conocedores de la literatura...experiencias todas ellas muy ligadas al libro impreso. Frente a esta experiencia, tenemos la eficacia, la rapidez, la sencillez de la adquisición de un libro electrónico. Sin que se entienda como propaganda, debo decir que la sencillez de comprar un libro electrónico para Kindle en Amazon es sencillamente espectacular. Probablemente está pendiente aún de fuerte evolución y redefinición el papel de las librerías frente al libro electrónico, evolución que puede ir desde su total desaparición hasta su conversión en sitios 'de experiencia', lugares donde más que adquirir el libro electrónico (que evidentemente será posible) se puedan recibir consejos de lectores expertos, charlas con otros lectores, tomar un café o tener acceso a otras experiencias multimedia (vídeo, música, noticias...)

Existe otra experiencia más ligada a la propia lectura que tiene un algo de sensual: el tacto del libro en las manos, su peso, las diferentes texturas que ofrecen las hojas... Debo confesar que al menos en mi caso hay un placer en el propio hecho de tener un libro en las manos, especialmente en libros con edición cuidada y acertada. El libro electrónico pierde este tipo de sensualidad...pero tiene la suya propia. Los e-readers, en mi caso un Kindle, son aparatos atractivos, muy cuidados en cuanto a interfaz, en cuanto a peso, en cuanto a aspecto. Debo confesar que, al igual que hace años cuando tuve mi primer PC estaba cautivado hasta casi el enamoramiento de su aspecto y del tacto y repiquetear de su teclado, ahora con mi Kindle siento de nuevo el placer sensual de tener tan mimado y bien diseñado equipo en mis manos, sentir su volumen y su peso, notar la suavidad con que se pasan las páginas pulsando sus teclitas laterales...

No puedo decir si una experiencia es mejor que la otra...pero son diferentes. Y aunque no constituyen el foco de la actividad lectora, contribuyen a la experiencia lectora como un todo.

Epílogo

El tiempo pasa y la sociedad y las tecnologías evolucionan. Creo que al final el libro electrónico, probablemente un libro electrónico diferente al que hoy conocemos, acabará desplazando al libro en papel, aunque también creo que eso sucederá lentamente y habrá un largo periodo de convivencia entre el papel y lo electrónico, periodo que ya estamos en realidad iniciando.

En esa evolución, inevitablemente, perderemos algo, algo que para aquellas generaciones que amaron el libro en papel constituirá una pérdida dolorosa e irreparable, pero una pérdida que las nuevas generaciones, nativos digitales que apenas hayan conocido la lectura de libros impresos, ni siquiera advertirán. A cambio, habrá nuevas posibilidades, nuevas capacidades y experiencias que enriquecerán la experiencia lectora de las nuevas generaciones.

Al final, siempre nos quedarán las palabras, su mensaje y su belleza, y también, y con ellas como vehículo, el conocimiento, la conciencia y el espíritu de quien las escribió.

Y eso es lo que verdaderamente importa ¿no?

domingo, 23 de septiembre de 2012

La intimidad del escritor

Julio Cortázar en su despacho
¿Hasta qué punto reflejan los libros los más profundos sentimientos de sus autores? ¿Existe alguna línea roja que la intimidad del escritor no traspasa, que provoca que su obra permanezca en secreto, fuera del alcance del público?

Con independencia de la satisfacción que el escritor pueda sentir al volcar sus ideas y sentimientos en el papel, con independencia de que la elección de sus contenidos pueda (seguro que no siempre sucede) estar guiada únicamente por su proyecto artístico, sentimental o editorial, parece que siempre hay un público al final del camino, que el producto de los desvelos del escritor será leído, consumido, analizado, disfrutado o despreciado por el público.

Y si el escritor está volcando en las palabras acontecimientos o sentimientos muy propios, muy íntimos, está arriesgando esa intimidad desde el momento mismo en que decide escribirla o, más bien, desde el momento en que decide publicarla.

Es su apuesta y es su decisión.

Lo que ocurre es que pensamos en la escritura como un acto público, como una acción que, si bien teñida del calificativo de arte, forma parte también de un mercado editorial, de una publicación más o menos masiva.

Pero no siempre es así.

Existen los escritores aficionados, las escrituras íntimas, los círculos reducidos.

Anna Frank, autora del, quizá, diario más famoso
¿Qué decir de los en vías de desaparición diarios personales? ¿Y de las habitualmente torpes pero apasionadas poesías de amor adolescente? ¿Y los ensayos abandonados, los intentos rotos, aquello que fue escrito en la intimidad y nunca fue publicado?

En esos casos el escritor, eventualmente aficionado, puede decidir, y seguramente decide, qué publicidad da a sus intimidades. Y el previsible pudor que sigue a un escrito muy íntimo puede resultar en la condena al ostracismo del texto.

Así le ocurre a Ora, el personaje de la novela 'La vida entera' de David Grossman, quien decide escribir sus recuerdos e impresiones, en un principio sin grandes pretensiones y sin que le resulte problemático pensar que sus seres más cercanos lean lo que ha escrito. Pero a medida que avanza, a medida que vuelca en el papel más y más confesiones, más y más sentimientos ocultos en su interior, no puede por menos que arrepentirse de esa publicidad y sentir lo siguiente:

"Cada vez tiene más claro que con cada frase que añade está renunciando a otro lector potencial."

Tal vez sea ésta una reacción propia de un escritor aficionado. Tal vez los grandes escritores, 'los de verdad', no sientan esos pudores, o los hayan superado.

O puede que no sean tan sinceros y tan íntimos en sus novelas y poesías como los escritores aficionados. O puede, también, que incluso los más grandes escritores, se guarden para sí mismos, o para sus seres más cercanos, sus obras más íntimas, más delicadas.

¿Cómo podemos saberlo?

Al fin y al cabo, lo no publicado forma parte de la intimidad del escritor.