Realmente, más que el proceso de ruptura, lo que se relata es lo que viene a continuación, una época extraña en que la pareja aún no anuncia públicamente su ruptura y siguen conviviendo como una especie de extraños amigos y un periodo en el que el protagonista, que sigue enamorado de su mujer, hace intentos tímidos de recuperarla y, sobre todo, da mil vueltas a su vida en común, a qué ha pasado y a cómo puede ser el futuro.
En la parte final de la narración, un viaje a Islandia, que tenían ya reservado antes de la ruptura , antes siquiera de imaginar esa ruptura, juega una especie de papel redentor.
Comencé la lectura de la novela con mucho interés, pero debo reconocer que éste decayó rápidamente. La mayor parte de la narración son, en mi opinión, divagaciones recurrentes y sin dirección, bastante incoherentes y repetitivas, quizá reflejo de un estado espiritual real del autor, pero que no me han interesado y a las que no he visto demasiado sentido.
Sin embargo, en la parte final, la narración del viaje a Islandia me ha reconciliado un poco con la novela, y me han resultado muy originales y atractivos una especie de juegos finales con el tiempo que se producen en las últimas páginas, pero que no explicaré más para no revelar nada a un posible lector o lectora de la novela.
Reseña editorial:
(Fuente: Contraportada del libro en su edición de 2026 en Destino - Áncora y delfín)
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| Manuel Vilas |
Con su estilo de alto voltaje emocional, en el que combina la experiencia personal, el tono autobiográfico, la nostalgia, el desgarro, la lucidez y el humor, Vilas nos muestra su talento en un libro que no dejará indiferente a nadie.







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